El libro sobre Japón que hay que leer

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cabecera ricardo ruizThe Soul of Kyoto || Japan

La editorial barcelonesa Alpha Decay les ha metido un gol a todas las demás con los libros de Alex Kerr, coleccionista de arte, niponólogo y escritor delicadísimo y de una profundidad pareja a la amenidad de sus textos. Alpha Decay ya nos dio una alegría en 2017 al traducir “Japón perdido”, un precioso ensayo que aúna el libro de viajes, las memorias —Kerr llegó a Japón en 1977— y el compendio de historia y arte. Ahora vuelve a llenar de alborozo nuestra biblioteca con “El otro Kioto”, escrito a cuatro manos con la periodista Kathy Arlyn Sokol y centrado en la ciudad que fue capital imperial durante más de mil años.

Como sucede a menudo en el arte japonés, la aparente sencillez es una máscara que esconde secretos. El índice del libro propone capítulos sobre las puertas, los muros, los suelos, el tatami, los biombos y otras partes de la casa y de la ciudad. El lector debe permanecer alerta. El título es sólo la entrada a un universo de ritos, ceremonias, explicaciones, anécdotas y significados que los autores van desplegando ante nosotros con la lentitud que exigen las cosas cuidadas.

 

«El taoísmo nos enseña que no hay mayor energía que la necesaria para “no hacer nada” y este libro lo hace bueno.»

Afortunadamente, en un tiempo en que se confunde la acción con el ajetreo, este libro se toma su tiempo. El taoísmo nos enseña que no hay mayor energía que la necesaria para “no hacer nada” y este libro lo hace bueno. Por supuesto, en él se cuentan muchas cosas —descubrimos el significado de las puertas de la casa tradicional japonesa, aprendemos a leer los jardines y a descifrar los muros y sus remates— pero todas ellas pasan por el filtro de la lentitud, la cotidianeidad y el silencio. Si la ceremonia del té fuese un libro, algunas de sus páginas serían como las de esta preciosidad de Kerr y Arlyn Sokol.

 

«Como el yoga, el kung fu y la caligrafía, sólo se puede profundizar imponiendo al cuerpo y a la mente la disciplina de centrarse en lo inmediato  en lugar de vagar en busca de “lo exótico”.»

Ahora bien, ¿por qué deberíamos leerlo? En realidad, uno puede no interesarse por las cosas de Japón (¡error!), ni tener previsto viajar al imperio del Sol Naciente (¡lástima!) ni buscar otra cosa que entretenimiento (¡ay!). A esta objeción uno tendría que responder con las palabras legendarias de George Leigh Mallory cuando le preguntaron por qué quería escalar el Everest: «porque está ahí». También está ahí Kioto con sus más de diez siglos de historia imperial, con sus almendros y sus arreglos florales, con sus biombos y sus místicos budistas, con sus pabellones rojos y sus pinturas, en las que el vacío se integra en la obra. A medida que uno va paseando por las estancias silenciosas en que se pinta o se medita, la pregunta inicial se va transformando: ¿cómo es que no he leído yo este libro antes?

Síguenos en TwitterEn efecto, desde Homero hasta Robert Byron, sabemos que todo viaje es interior por muchos kilómetros que recorramos. Las comparaciones y diálogos con el arte occidental que los autores entablan enriquecen una mirada que sólo penetra cuando se detiene. Como el yoga, el kung fu y la caligrafía, sólo se puede profundizar imponiendo al cuerpo y a la mente la disciplina de centrarse en lo inmediato —el alero de un tejado, un resquicio en un muro, el diseño de un tatami— en lugar de vagar en busca de “lo exótico”.

Síguenos en FacebookLas ilustraciones que acompañan al libro aportan claridad sin abrumar la lectura. Algunas de ellas —por ejemplo, el retrato del santo místico Kuya de la página 222— piden a gritos convertirse en tatuaje o en exlibris. El lector hará bien en dispensarles la atención que se merecen para descubrir, por ejemplo, que hay puertas sin puertas. Quede aquí el enigma para que lo desentrañe la lectura.

Si quieren viajar este verano sin salir de su casa, prueben a hacer silencio, apaguen la televisión y el teléfono móvil y concédanse un paseo por la ciudad imperial de Kioto de la mano de Alex Kerr y Kathy Arlyn Sokol.

Que la lectura les sea propicia.

Ricardo Ruiz de la Serna-FirmaTiene perfiles en Twitter, en Facebook y en Instagram.

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Ricardo Ruiz de la Serna, entre otras cosas, escribe crítica de cine y libros. Le gustan el blues, el klezmer y el flamenco. Lee con devoción a Joseph Roth, a Bashevis Singer y a Anna Ajmatova. Es taurino, viajero y coleccionista. Ama el mar, el desierto y la montaña. Toma el café como los árabes, el té como los marroquíes y el arroz como los chinos. 

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