¡Más madera, es la guerra!

Cuando Pedro Sánchez nos habla mirándonos a la cara y agita sus brazos de dentro hacia afuera mostrando las palmas de sus manos como gesto de humildad, lo que realmente pretende es que creamos que se nos ofrece voluntariosamente para resolver los problemas que padecemos todos.

Han visto a Franco otra vez en la cola del pan

Por el camino del cambio de la chaqueta de pana a las “chupas” Barbour que se está experimentando, gracias a Dios y al progreso natural de la sociedad, otra vez en Andalucía, los que más progresan adecuadamente ejerciendo la venta mayorista a nivel nacional del progreso ficticio, claman al cielo para que los “sufridores de Don Francisco» –si es que todavía queda alguno vivo–, les vote (o les haya votado si el 19J ya pasó cuando usted lea esto), para acceder a la dirección del reparto de la mamandurria en el cortijo andaluz. 

La batalla por los liderazgos 

En general las últimas encuestas demoscópicas dicen que ahora mismo el PP y VOX sumarían para gobernar en coalición. Tal será la consideración ante esta posibilidad como algo ciertamente consistente que hasta los medios más progubernamentales lo dan por  hecho, aún haciendo encaje de bolillos con los liderazgos de los cuatro principales actores en liza.

El efecto Putin en la batalla por el relato

La invasión de Ucrania, ha generado un efecto efervescente en la corriente intelectual defensora del pensamiento conocido como “la batalla de las ideas”. Sin embargo y desgraciadamente la dichosa batalla cultural o del pensamiento no se está desarrollando contra la izquierda como sería recomendable, partiendo de razonamientos socialmente aceptados y desde luego bien recomendables para el devenir de España, sino en ambos lados de las corrientes ideológicas habituales de izquierda o derecha para mayor descrédito de ambas.

¿Choriburguer o grillos?

De chaval la vida me propinó una lección magistral; de hecho, se produjo un giro dramático de los acontecimientos y me tocó responsabilizarme de una tortuga que mis padres compraron a mi hermano pequeño por hacer una gracia. Este, que de tonto nunca tuvo un pelo, al poco tiempo declinó la obligación y se puso de perfil. No siendo mío “el bicho”, reconozco que llegué a sentir algo por él -además de asco-, y así, mi joven y atolondrado corazón dictó sentencia y me hice cargo del “animalito” con gran esmero.