Grandes conflictos bélicos

Captura de pantalla 2019-02-26 a las 11.08.47cabecera ciencia y divulgación

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Los conflictos bélicos siempre han formado parte de la cultura de los pueblos y siempre ha sido este un tema que ha interesado a los individuos desde la más remota antigüedad, pues ya fueran sacerdotes, reyes, emperadores o gobernantes de tribus, países o estados, se ocupaban de mantener siempre encendida la llama de la guerra por medio de fiestas, bailes, desfiles, ofrendas religiosas o mítines. El caso era, y es todavía en la actualidad, enardecer al pueblo y/o masas. En la época contemporánea en que las principales potencias mundiales disponen de un ejército profesional entrenado para matar —aunque afirmen que es para defenderse—, los mandos militares y en especial los oficiales y suboficiales, se ocupan de mantener alta la moral de la tropa y una disciplina parecida a la que tenían los ejércitos espartanos que han sido un modelo a seguir por las tropas de elite. Serán los políticos los que se ocupen de preparar y enardecer a los ciudadanos apelando al patriotismo. Los periódicos, la radio y la televisión principalmente, se dedicarán a mantener vivo ese sentimiento y nos prepararán, sin apenas darnos cuenta, a soportar anímicamente el gran derroche de medios humanos y económicos que el conflicto producirá. Todos recordamos nuestra niñez, cuando se publicaban tebeos y películas de relatos de “batallas bélicas”. En mi caso, no es que disfrutara leyendo o viendo la crueldad de las acciones, pero lo que siempre me apasionó era la aventura y la fantasía que me ofrecían dichos relatos, donde siempre había dos bandos bien diferenciados: los buenos y los malos, sobre todo y preferentemente en las películas de acción en las que subyacían intenciones de todo tipo, la mayoría de veces había una segunda intención preocupada más por el adoctrinamiento y manipulación de la opinión pública que apelaba a sentimientos de todo tipo como el patriotismo, el fervor religioso o el oportunismo político o económico.

Sea como fuere, los relatos y las batallas bélicas apasionaban a muchas personas y, porque no decirlo, también nos servían de entretenimiento a muchos niños y jóvenes, tanto en los aspectos de simple relato, en los que se enfrentaban dos o varias formas de ver y entender la vida por medio de los personajes, que actuaban a pecho descubierto delante de nuestras miradas. Éramos los espectadores privilegiados de unos relatos o epopeyas donde los sentimientos de patriotismo, ira, venganza, amor o simplemente disciplina y obediencia, se entremezclaban en un loco baile que solía terminar cuando alguno de nuestros héroes moría, momento en que, por lo menos a mí, me invadía un sentimiento de tristeza y me hacía reflexionar sobre aspectos más espirituales que probablemente muchos contendientes experimentaron antes de su muerte: ¡Qué será de mis seres queridos… Qué será de mí… Tengo miedo… No quiero morir…! ¿Por qué me ha tenido qué suceder a mí? Era una devastadora sensación de tristeza que embargaba el último hálito de su existencia. Y la respuesta que siempre estaba presente en mis reflexiones era la siguiente… ¿Por qué existen las guerras?, ¿Por qué se matan los hombres inteligentes?…

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Captura de pantalla 2019-03-08 a las 14.33.43Sea como fuere, es difícil afirmar si las guerras son necesarias o no, si son positivas o no lo son para el desarrollo paulatino de las sociedades del mundo, pero de lo que no hay duda es de que desde la más remota antigüedad la humanidad se ha visto envuelta en guerras, quizá por el hecho de que desde los primeros siglos de la aparición del hombre en escena éste ha tenido que utilizar todos los medios agresivos a su alcance, ya sea para conseguir alimentos deseados por poderosos animales o para disputarlos con los individuos de su especie. Lo cierto es que desde los tiempos más remotos hasta la actualidad, la especie humana se ha enzarzado en toda clase de guerras. Como dice J. F. C. Fuller, “No existe un solo periodo de la Historia libre por completo de guerras y muy raramente ha transcurrido más de una generación sin que se produjera algún grave conflicto. Las grandes conflagraciones fluyen y refluyen en el tiempo, casi con la misma regularidad que las mareas”. Pero… ¿qué elementos o factores intervienen en los pueblos y los Estados para que eso sea así? La pregunta parece muy difícil pues son muchos los factores que han intervenido e intervienen como elementos importantes en cada uno de ellos. Por ejemplo, en la historia, desde la más remota antigüedad, aparecen algunos elementos que siempre están presente en las guerras y en las batallas antes de que empiecen, que pueden ser de necesidad, conveniencia o de codicia, pero debidas a elementos o factores económicos ya sean materias primas, comercio o simplemente el pago de tributos. Seguramente muchos de esos factores estuvieron presentes en las colonizaciones griegas, a través del mar Mediterráneo, en busca de tierras fértiles y metales que precisaba la metrópolis, o el caso de las invasiones persas contra los griegos; las bárbaras en la Europa civilizada; las campañas de César contra los galos o las más recientes de Napoleón contra el resto de potencias europeas, o la Hitler contra el Mundo en las que aparecen además factores egocéntricos de esos personajes: incluso algunos habían llegado al poder desde revueltas o movimientos populistas. No obstante, bajo nuestra opinión, todo rey, emperador, dictador, presidente de pueblo o nación, necesita a la hora de emprender una lucha armada contra cualquier enemigo tener la seguridad o la máxima probabilidad de que sus acciones van a ser victoriosas. Por ello, desde la más remota antigüedad los sumos sacerdotes, los faraones o los reyes, buscaron la amistad de los dioses a base de ofrecerles sacrificios de animales e incluso humanos. Buscando la forma de interpretar signos externos, que los dioses supuestamente enviaban a través de fenómenos o elementos de la naturaleza, como podría ser una fuerte tormenta, un eclipse de sol, un seísmo, el vuelo de un águila o unas entrañas de un animal sacrificado, con un cierto color o características que solo los sacerdotes o hechiceros eran capaces de interpretar.

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Con el correr de los tiempos y en la medida que la civilización avanzaba los máximos dirigentes y generales, antes de emprender una importante acción de guerra, consultaban con los máximos representantes de sus asuntos religiosos o del más allá, como era el caso de sacerdotes, hechiceros, pitonisas u obispos, haciendo sacrificios a sus dioses o en el último caso a un solo Dios, al que ofrecían misas o ceremonias religiosas que tenían como objetivo poner a Dios de su parte para que les diera la victoria contra los infieles o pueblos de menor categoría. Recordemos las consultas que los generales griegos hacían a la pitonisa de Delfos o las misas que los papas hacían en la catedral de San Pedro de Roma cuando las huestes de los caballeros cruzados emprendían el viaje para la conquista de Jerusalén en nombre de la cristiandad.

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Sin embargo, justo es reconocer que, en los conflictos armados, casi siempre subyacían factores económicos o patrimoniales, que tenían como objeto asegurar o mejorar la alimentación del pueblo, conseguir nuevas tierras o por el contrario defenderse de otros pueblos que buscaban lo mismo; llegando a ser, a lo largo de la historia, los factores fundamentales que los historiadores utilizaban a la hora de explicar las causas de muchas de esas guerras, pero no las únicas, pues existían otros elementos aparentemente poco o nada relevantes —posiblemente tengan tanta o más importancia que las razones materiales comentadas anteriormente— que entrarían en el capítulo de factores psicológicos como puede ser el caso del odio a una raza. Concretamente la raza judía en el caso de Hitler, que representó uno de los detonantes de la II Guerra Mundial.

De una u otra manera, muchas guerras se produjeron, a lo largo de la Historia, por la ambición o ansias de poder de los reyes o generales que dirigían los ejércitos, que buscaban sus propios objetivos, además de los militares, sin tener demasiado en cuenta el número de bajas de sus ejércitos. El caso era conseguir victorias que les iban a dar gloria y fama, en su deseo de tocar el cielo con los dedos. Esa gloria y fama que los reyes y generales necesitaban imperiosamente es lo que a nuestro juicio constituye uno de los factores esenciales que deberíamos tener en cuenta a la hora de estudiar la historia de las grandes batallas. Por lo cual voy a ocuparme esencialmente de esos factores a la hora de desarrollar el presente trabajo que sirva para demostrar la tesis sobre tales hechos, a la vez que se pueda ofrecer una síntesis de dichos hechos, que hagan entender las claves de dichos conflictos y el desarrollo histórico de lo acaecido en un contexto histórico real.

También, realizar una síntesis histórica de los hechos sociales o históricos previos a la conflagración, que pudieran tener importancia en su estallido.

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Para dar idea de como comenzaron dichos conflictos, acabando en guerras, he tenido en cuenta dos guerras mundiales -quizás las únicas- que se han producido a lo Síguenos en Twitterlargo de la existencia humana. Me estoy refiriendo a la Batalla de Salamina entre el Imperio Persa y la coalición de las principales ciudades-estado griegas, entre las que destacaban Esparta y Atenas, como verdadero modelo de “Guerra Mundial” de la antigüedad, al aglutinar a las dos superpotencias del momento: Imperio Persa y la mayor coalición de poderosos estados griegos, incluidas islas del Mediterráneo y península italiana. La importancia de esta gran guerra viene también determinada por las fuerzas y material de ambos bandos, con cientos de miles de combatientes y más de 1700 naves entre ambos, por más que deberíamos considerar que el ejército griego era, aproximadamente, 3 veces menor, pero con mayor preparación y mejores naves.

Síguenos en FacebookEn cuanto a la mayor y más importante guerra de la época contemporánea, la II Guerra Mundial, tanto por Estados implicados, número de combatientes, material y armamento, no hay ninguna duda: Todo el mundo, menos España, Suecia, Portugal y Suiza se vio involucrado; los combatientes se cuentan por decenas de millones, y el material y armamento por decenas de miles. Tristemente, también fueron decenas los millones de muertos, entre soldados y población civil. Alrededor de 60 millones.

Pues bien, teniendo en cuenta la importancia estratégica de la batalla, el número de combatientes, entre alemanes y rusos, así como la duración y número de bajas entre soldados de uno y otro bando, más población civil, creemos que la Batalla de Stalingrado, pudo ser la más importante batalla de la II Guerra Mundial y de todos los tiempos, marcando un antes y un después en la contienda y en la historia de los grandes conflictos. Veremos y analizaremos todo eso en los siguientes capítulos.

Alberto Vázquez-FirmaPuedes seguir a Alberto Vázquez Bragado en Twitter como @BragVazquez

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