Tarde y mal

Una vez más, el gobierno español llega tarde y mal a la revisión del cuadro macroeconómico enviado a Bruselas este 30 de abril, fecha límite para poder remitirlo.

Aún a pesar de que los principales organismos internacionales (FMI, OCDE…), servicios de estudios de los principales bancos comerciales y bancos de inversión, la AIREF, el IEE, Funcas y muchos otros han venido revisando a la baja las estimaciones de crecimiento para España y subiendo las expectativas de inflación  para este año, el gobierno se ha resistido a modificarlas apurando hasta el último día para enviar el Plan de Estabilidad 2022-2025 a Bruselas.

Ha tenido que ser con la estimación preliminar del INE para el crecimiento del PIB en este primer trimestre de 2022 con un crecimiento pírrico del 0,3% en dato mensual (6,4% interanual) cuando el gobierno ha presentado su revisión del cuadro macroeconómico. Y este dato preliminar probablemente sea todavía peor una vez que se publique el dato definitivo, ya que no recoge muchos indicadores de febrero y marzo. Todo ello aderezado con una inflación galopante en abril que sube un 8,4% y una inflación subyacente (sin energía ni alimentos elaborados) del 4,4%. Es decir, la famosa y temida estanflación (bajo crecimiento y alta inflación) que tanto se ha venido comentando en los últimos meses.

El fenómeno no es sólo nacional ya que estamos asistiendo a una rebaja de previsiones de crecimiento a nivel global y una subida de estimaciones de la inflación mundial para 2022 y 2023. La media del consenso para el crecimiento mundial se ha rebajado desde enero de 2022 desde el 4,1% al 3,3% por el impacto de la invasión de Ucrania y sus efectos en los precios de las materias primas y energía así como por la congestión en la cadena logística de distribución, provocando un auténtico caos en los principales puertos internacionales. Principalmente en China donde la última ola de Covid está provocando confinamientos  masivos y un parón del consumo y la inversión muy relevantes. 

A su vez, las estimaciones del consenso sobre la inflación global han aumentado más de dos puntos porcentuales desde enero de 2022 hasta el 6,2%. El propio Fondo Monetario Internacional ha revisado recientemente en su último informe de primavera las estimaciones de crecimiento de las economías de 143 países (incluido España por supuesto).

A esto hay que añadir el fuerte crecimiento de la deuda tanto pública como privada a nivel global derivado de los efectos en las economías por el Covid, la mayor inyección de liquidez de los bancos centrales desde la última crisis que se ha visto agravado por la invasión de Ucrania, obligando a los bancos centrales a aprobar paquetes de ayuda adicionales para colectivos vulnerables y empresas, acogida de refugiados y mayores inversiones en defensa así como una mayor factura energética por el incremento de los precios. Una inyección de liquidez en los mercados sin precedentes y que ya venía provocando una inflación preocupante antes de que se produjese la invasión de Ucrania en febrero.

Hay que recordar la fuerte dependencia de la Unión Europea del gas, petróleo y carbón rusos así como de muchas otras materias primas necesarias para la fabricación de muchos productos industriales y tecnológicos. No olvidemos también la alta dependencia que padecemos de Ucrania en determinados productos agrícolas necesarios para la elaboración de productos básicos y de primera necesidad.

El caso más preocupante es el de Alemania debido a su alta dependencia del gas y el petróleo rusos. Uno de los países más afectados por el alto componente industrial de su PIB, un consumo intensivo de energía y una economía muy dependiente de las exportaciones. Una renuncia a las importaciones de gas y petróleo rusos por parte de Alemania, provocaría un shock en su economía que algunos analistas estiman en más de 6 puntos porcentuales en 2022 y 2023, y su impacto derivado directo en la economía de la Eurozona. Para 2022, los analistas  ya han reducido a la mitad la expectativa de crecimiento de la economía alemana a la vez que se han triplicado las previsiones de inflación.

El riesgo está encima de la mesa después de ver como la empresa estatal rusa Gazprom ha paralizado los suministros de gas a Polonia y Bulgaria, como represalia a las sanciones impuestas a Rusia por la invasión de Ucrania. Si extendiese ese corte de suministro a toda la Eurozona, el impacto en la economía europea sería muy relevante  teniendo en cuenta que el crecimiento en el primer trimestre de 2022 de la economía europea ha sido del 0,2% con una inflación del 7,5%.

Este repunte mundial de la inflación ya ha provocado la reacción de los principales bancos centrales empezando a subir los tipos de intervención y el anuncio de las retiradas de los estímulos y compras de activos llevadas a cabo durante estos años para paliar los efectos de la crisis del Covid y ahora por los efectos de la invasión de Ucrania.

Reino Unido ya ha subido los tipos tres veces (un total de 75 puntos básicos), EEUU los subió 25 pbs en la última reunión, Australia también los ha subido 25 pbs y así la gran mayoría de los principales bancos centrales exceptuando el Banco Central Europeo (BCE) que todavía no se ha decidido a mover pieza.

Las estimaciones apuntan a que las subidas de tipos de interés seguirán siendo intensas en los próximos meses, sobre todo en EEUU con una inflación general y subyacente descontrolada y un mercado laboral muy tensionado. El mercado espera que la Reserva Federal (FED) americana lleve a cabo varias subidas de tipos en 2022 y 2023 hasta niveles superiores al 2%. Banco de Inglaterra también se espera una subida adicional de 25 pbs hasta el 1% (la mayor tasa en trece años) mientras que el mercado empieza ya a descontar también subidas por parte del BCE que incluso podrían ocurrir en la próxima reunión de julio.

La encrucijada a la que se enfrentan en cualquier caso los bancos centrales, especialmente el BCE en este momento, es una posible pasada de frenada. Ante unas expectativas de inflación cada vez mayores y unas previsiones de crecimiento  cada vez menores, con lo que ello implica en los beneficios de las empresas y el poder adquisitivo de los ciudadanos. Son momentos que aconsejan medidas decisivas pero con la cautela de no erosionar a futuro el crecimiento económico global.

En el caso de España el problema es que nos pilla con los deberes sin hacer y además con un gobierno que en tiempos de guerra está aplicando una política de gasto público expansivo y sin ningún control del déficit y la deuda pública. Todo lo están apostando a subidas de impuestos, al impacto multiplicador de los fondos europeos NGEU y a la recuperación del turismo durante el año 2022. La realidad es que España ha entrado en esta segunda fase de la crisis sin haber recuperado los niveles de PIB de 2019, con la mayor tasa de paro de la zona euro en un 13,5% y el mayor paro juvenil en un 29,6%,  con un déficit estructural superior al 5% y una ratio de deuda pública sobre PIB en torno al 121%. Una situación insostenible aún a pesar de estar obteniendo una recaudación impositiva en máximos históricos. Somos el único país de la UE y la OCDE que ha subido los impuestos y ha creado algunos nuevos durante estos años de pandemia y de invasión de Ucrania. En este primer trimestre de 2022 la Agencia Tributaria ha recaudado un 20,2% más que en el mismo periodo de 2021, con 54.749 millones de euros recaudados por impuestos directos e indirectos. Los impuestos por el IVA aumentan un 21,3% y los de IRPF un 10,2%. En impuestos sobre hidrocarburos se está recaudando un 19,2% más hasta los 2.855 millones de euros. Un despropósito absoluto teniendo en cuenta la situación que están padeciendo las empresas y las familias españolas.

Y mientras tanto nuestro insaciable y expoliador gobierno sigue anunciando nuevos impuestos a futuro apoyados  en la famosa y costosa transición verde, aún a pesar de que la UE ha declarado verdes la energía nuclear y el gas (en España hemos prohibido por ley su extracción por fracking). Ni un solo recorte de estructura ni de gasto ineficiente se ha planteado en ningún momento, cuando es la única solución a futuro de los desequilibrios estructurales de nuestra economía. El IEE (Instituto de Estudios Económicos) ha estimado el gasto ineficiente por encima de los 60.000 millones de euros. Y nos pasará factura a futuro cuando el BCE deje de comprar nuestra deuda y suban los tipos de interés (ya está ocurriendo en las últimas subastas del Tesoro español), y España tenga que salir a los mercados para poder financiarse. El coste va a ser inasumible y los inversores exigirán unas rentabilidades muy superiores a las que ahora marca la prima de riesgo (anestesiada por el BCE) con Alemania en torno a los 105 puntos básicos (estaba en torno a 60 puntos hace pocos meses). El Euribor por ejemplo ya ha vuelto a tasas positivas durante el mes de abril con el consiguiente encarecimiento que ello conlleva para las familias con hipotecas variables que además están sufriendo unas facturas de luz y gas en máximos históricos. A lo que se añade el encarecimiento de la cesta de la compra en los productos básicos con una inflación subyacente que ya supera el 4,4%.

Para que nos hagamos una idea de cómo han evolucionado los tipos de interés en el mercado secundario ante toda esta caótica situación, el bono español a 10 años (referencia principal para la prima de riesgo) ha subido en un año desde el 0,438% de rentabilidad hasta el 2,036% actual. Y la misma referencia  para el bono alemán a 10 años, ha subido desde tasas negativas del  -0,238% hasta la actual 0,9795%. Es decir, los mercados secundarios ya descuentan una subida al menos de unos 50/75 puntos básicos por parte del BCE este año.

Un panorama seriamente preocupante. Por eso el cuadro macroeconómico presentado por el gobierno en Bruselas decimos que llega tarde y mal y no refleja las incertidumbres a futuro a las que se va a enfrentar la economía española. Siguen siendo un “wishful thinking” que no reflejan la realidad preocupante de los desequilibrios que tendremos durante los próximos meses y años. Y al final Europa nos tirará de las orejas y vendrán ajustes mucho más duros como ya se vivieron en la economía de Portugal y Grecia en la crisis pasada. Si no hacemos los ajustes necesarios, los recortes serán mucho más duros y nos pillará en una situación todavía más delicada. O se actúa ya, y ya es tarde, o vienen curvas muy peligrosas. Aviso a navegantes.

ÁLVARO SHARES

Puedes seguir a Álvaro Shares en Twitter como @AlvaroJuer

ÁLVARO SHARES es un licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por el CEU y la Universidad Autónoma de Madrid, que ha sobrevivido a 31 años de experiencia en la bolsa española, en firmas de primera fila del sector financiero como JP Morgan o BBVA, entre otras. Desde el año 86 ha visto y seguido la evolución del profundo cambio que han sufrido los mercados hasta la actualidad. Desde el crash del 87 hasta el Brexit del 2016, así como la evolución tecnológica y el desarrollo de nuevas alternativas de inversión, siempre de la mano de los principales inversores nacionales e internacionales. Mucho mundo a sus espaldas y muchos viajes con los principales directivos de las compañías españolas. Y con ganas de seguir aprendiendo.

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