La fiesta se acaba

Los Bancos Centrales (BBCC) empiezan a replegar velas del ya famoso “Quantitative Easing” (QE) y sus inyecciones de liquidez a través de los diferentes programas aprobados desde la anterior crisis  y la pandemia. Se acaba la barra libre de liquidez gratis y empieza el endurecimiento en la política monetaria.

Los Bancos Centrales (BBCC) empiezan a replegar velas del ya famoso “Quantitative Easing” (QE) y sus inyecciones de liquidez a través de los diferentes programas aprobados desde la anterior crisis  y la pandemia. Algunos, como el Banco de Inglaterra ya ha subido los tipos 25 puntos básicos (al 0,75%) este año a niveles prepandemia, la Reserva Federal americana en 25 puntos básicos en su última reunión (se esperan unas 6/10 subidas más en 2022 y 2023) y el Banco Central Europeo se estima que pueda empezar a hacerlo en septiembre de este año. Se acaba la barra libre de liquidez gratis y empieza el endurecimiento en la política monetaria.

La principal razón de fondo para todo ello se llama “inflación descontrolada” que se sitúa ya my  muy lejos de los objetivos fijados por los BBCC en torno al 2%. Las posturas “hawkish” (halcones o agresivos) se están ya imponiendo en los diferentes comités de decisión.

Cuando ya parecía que las economías se recuperaban del desastroso impacto dejado por la pandemia (excepto la española), la invasión de Ucrania por Rusia ha venido a añadir un factor adicional de incertidumbre, inflación e impacto en la recuperación económica que ya venía arrastrando desde hace años.

¿Querían inflación los BBCC? Pues ya está aquí y absolutamente desbocada por el efecto del incremento de los costes energéticos y materias primas, los cuellos de botella en los suministros comerciales a nivel global y el efecto arrastre en el resto de productos básicos como consecuencia colateral. Se traduce en menor crecimiento y mayor inflación, lo que llaman los expertos económicos como “estanflación”. La Comisión Europea, a la que le da alergia ese “palabro” ha decidido inventarse uno nuevo y crear la “slowflation”, es decir crecimiento a menor ritmo con inflación. No me negarán que son originales poniendo nombres. Deber ser el alto sueldo que reciben que les hace más “sagaces”.

La cantidad masiva de liquidez inyectada en el sistema a través de los diferentes programas de compra de activos por los BBCC y todo ello aderezado por el conflicto en Ucrania, ha creado una situación insostenible, que de no actuar con rapidez y eficacia, se puede llevar la economía global por delante y con ello la prosperidad y bienestar conseguidos durante estos últimos años.

Las grandes cantidades de deuda acumuladas estos años por los diferentes países y una política de tipos de interés cero o negativos, han creado una burbuja de deuda que empieza a llegar a su fin. Si bien no todos los países están en la misma situación. EEUU parte con cierta ventaja, no solo por una recuperación más robusta y fiable, además de verse menos afectado por el conflicto ucraniano, ya que su deuda en el balance de la FED no supera el 40% de su PIB mientras que en la UE llega ya llega al 83% de su PIB. Como todos ustedes ya conocen, en el caso español, la deuda está en máximos históricos con un 120% del PIB y en valores absolutos de 1,42 billones de euros.

En definitiva, los BBCC se enfrentan a un reto complicado como es controlar la inflación y reducirla a los objetivos centrales del 2% sin perjudicar la recuperación y el crecimiento económico. Tendrán que medir con mucho tacto sus decisiones ya que se enfrentan a una situación llena de factores exógenos como es el conflicto ucraniano, muy difíciles de estimar en su duración y por tanto de su impacto global.

Y por si éramos pocos y no teníamos bastantes obstáculos en el camino, el gigante chino se vuelve a enfrentar a otra ola de Covid desenfrenada con el impacto económico que ello conlleva en el comercio global y con drásticos confinamientos en las principales ciudades del país.

Y como no podíamos ser menos, en España tenemos el peor gobierno en el peor momento de los últimos 100 años.

Aún a pesar de los esfuerzos de los miembros del gobierno de vendernos una película de “recuperación y crecimiento robusto” (Calviño dixit) y todo el despliegue del apoyo mediático de los medios afines (que son casi todos) y echarle ahora la culpa de todo a “la guerra de Putin”, me temo que ya no cuela entre los que tienen cierta sensatez y viven el día a día y se dan cuenta del empobrecimiento, pérdida de poder adquisitivo y de competitividad, incertidumbre e inestabilidad en muchos frentes y del deterioro de imagen y credibilidad  a nivel internacional de nuestro país.

Valga el ejemplo de la decisión unilateral tomada por nuestro presidente “Antonio” en referencia al Sahara y a Marruecos, en donde hemos visto la humillación a la que hemos sido sometidos (nos afecta a todos) en su reciente visita el rey Mohamed VI, para volverse de forma precipitada y sin ningún objetivo ni logros conseguidos en nuestras reivindicaciones a Marruecos. Para ese viaje no hacían falta estas alforjas. Sólo recordar la imagen de nuestra bandera colocada del revés y la situación prepotente y altiva del rey marroquí en la citada reunión (su silla por encima de las del resto).

Estamos asistiendo a una cascada de revisiones a la baja de los indicadores económicos de España por parte de numerosos organismos como el Banco de España, la Airef, el servicio de estudios del BBVA, Fedea y muchos bancos de inversión internacionales y agencias de rating. Todos han revisado a la baja el crecimiento del PIB español en 2022 a niveles del 4% de media y han subido la previsión de inflación a un rango del 6-7%. Así como las de la economía europea y global. El gobierno español no modificará su absurdo e irreal cuadro macroeconómico hasta finales de abril cuando tenga que enviarlo a Bruselas.

Recordemos que la inflación en España alcanzo niveles del 9,8% en marzo, el 7,5% en la zona Euro y el 7,9% en EEUU (en febrero). Esto ha hecho saltar todas las alarmas ya que se espera que dicha inflación pueda superar esos niveles en los próximos meses por el alto precio de las materias primas, sobre todo del gas y electricidad, así como productos básicos por el bloqueo en los suministros y la escasez en algunos casos por paradas de producción. Europa lo tiene mucho más complicado por su elevada dependencia del gas ruso en torno a un 60% y del petróleo ruso en un 30% comparado con EEUU que tiene soberanía energética y está aprovechando para suministrar a Europa gas licuado a través de «metaneros» a un precio muy superior al canalizado por oleoducto, con el sobre coste que ello conlleva para la economía europea.

Todo ello implica que los BBCC seguirán subiendo los tipos de interés para parar la inflación y reducirán sus inyecciones de liquidez y compras de activos del sistema.

Ante esta situación, España y algunos otros países del Sur de Europa se enfrentan a un serio problema. Recordemos que el BCE ha venido comprando el 100% de las emisiones de deuda emitidas por España en estos últimos casi tres años y a tipos muy generosos. A partir de abril las compras del BCE se reducirán de forma significativa y empezarán las subidas de tipos seguramente en septiembre o diciembre. Ya en enero de este año, el BCE adquirió 2.000 millones de euros de deuda española comparada con una media de 6.000 millones de euros por mes del año anterior. El BCE tiene a fecha de febrero un total de 389.000 millones de euros  de deuda española o el 33,8% del total.

Hasta ahora España no tenía que acudir a los mercados para financiarse, pero en breve espacio de tiempo lo tendrá que hacer. Ello conllevará un coste muy superior al que en estos últimos años ha incurrido al exigir los inversores una rentabilidad superior que la exigida por el BCE. Vuelve a aparecer en escena la ya por desgracia conocida por los españoles “prima de riesgo”. Y el problema es que nos pilla con los deberes sin hacer en materia de desequilibrios fiscales y presupuestarios. Nuestro déficit público estructural es superior al 5% y nuestra deuda pública sobre PIB supera el 120% del PIB español. Y eso que la inflación mejora y favorece estos ratios por el efecto del incremento del PIB nominal.

Ahora hay que añadir al gasto extra que supuso el Covid, el gasto derivado que vendrá de la invasión de Ucrania en materia de acogida de refugiados, mayor gasto en defensa (del 1,2% al 2% del PIB) y la aceleración en los procesos de inversión de la transición energética renovable para reducir el consumo de gas y petróleo. En vez de desarrollar las capacidades energéticas que poseemos en España en gas, petróleo, litio, uranio y demás materias necesarias para la independencia energética, seguiremos anclados a esa Agenda 2030 que tanto dinero nos ha costado ya y que parece que nos lo va a seguir costando. No aprenderemos de nuestros vecinos franceses ni tampoco de los que dada la situación energética actual y su dependencia de regímenes como el de Rusia han girado su política nuclear hacia una extensión de la vida de las centrales actuales y la construcción de nuevos reactores como Alemania, Bélgica, Francia, Reino Unido, Dinamarca y China por mencionar algunos.

El encarecimiento del coste del dinero por la subida del tipo de interés de referencia de los BBCC ya hace unos meses que se trasladó a los mercados secundarios cuando se empezó a ver que la inflación se desbocaba y que era más duradera en el tiempo que lo inicialmente previsto por la aparición del conflicto en Ucrania. Si ya venía aumentando desde principios de 2021, el conflicto ha dado un último acelerón muy preocupante.

Hasta ahora en España el coste de la deuda pública no suponía un dolor de cabeza excesivo ya que nos financiábamos cada vez más barato y se extendía la duración de la misma en torno a los 7 años de media. El importe de gastos financieros ascendía a unos 30.000 millones de euros y dada una recaudación impositiva en máximos en 2021 y que será todavía superior en 2022 gracias a nuestro querido gobierno (por no deflactar las bases de los impuestos) no era una preocupación. Sin embargo, ante el cambio de escenario de las políticas de los BBCC, a partir de ahora empezará a ser algo más que una preocupación, ya que pilla a España en una situación de gasto público desatado con una serie de gastos corrientes que ya se han convertido en estructurales y con una desaceleración del crecimiento económico, del consumo y de la inversión que se harán patentes en los próximos meses, por no hablar de unas pensiones vinculados a la inflación que se van a convertir en una pesadilla para la economía nacional.

Basta mirar la evolución de los tipos de interés en el mercado secundario para darnos cuenta de a que niveles puede subir la factura a partir de ahora. Sirva como referencia el Euribor al que se referencian las hipotecas a tipo variable que lleva años en tasas negativas y este año ya se espera que se ponga en positivo. Teniendo en cuenta que el saldo vivo de hipotecas en España supera los 500.000 millones de euros y que el 30% está en tipos variables, ya se pueden imaginar el extra coste al mes que sufrirán los ciudadanos y que se añadirá a la factura de la luz y del gas, del mayor precio de los productos básicos, de la gasolina y diesel y la pérdida de poder adquisitivo ante unos salarios que no subirán por encima de la inflación. El cóctel perfecto para seguir arruinándonos mes a mes. Solo hay que mirar los tipos de las hipotecas en EEUU que ya están cercanos al 5%, el tipo más alto desde marzo de 2020.

Si el gobierno español no empieza a adoptar una política de austeridad en el gasto público, una reducción profunda del gasto ineficiente (60.000 millones de euros según el IEE y más de 14.000 millones de euros en subvenciones descontroladas según la Airef, por ejemplo) y una fuerte apuesta por la reducción del déficit y la deuda pública e ir hacia una senda de estabilidad presupuestaria aprovechando los máximos de recaudación tributaria, o la llamada desde Bruselas estará cada día más cerca. Ya no hay dinero en la caja, el déficit y la deuda aumentarán y tendremos que enfrentarnos a una cadena de ajustes y recortes mucho más dolorosos a medida que avanza el tiempo.

El problema es que este gobierno aplica las políticas contrarias en un momento de economía de guerra como el actual. El mantenimiento en el poder y la cada vez más apestosa compra de votos cautivos nos llevará al abismo. Y Europa lo está viendo.

Feliz Semana Santa y disfruten todo cuanto puedan. Eso que se llevarán puesto. Y que les quiten lo “bailao”.

ÁLVARO SHARES

Puedes seguir a Álvaro Shares en Twitter como @AlvaroJuer

ÁLVARO SHARES es un licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por el CEU y la Universidad Autónoma de Madrid, que ha sobrevivido a 31 años de experiencia en la bolsa española, en firmas de primera fila del sector financiero como JP Morgan o BBVA, entre otras. Desde el año 86 ha visto y seguido la evolución del profundo cambio que han sufrido los mercados hasta la actualidad. Desde el crash del 87 hasta el Brexit del 2016, así como la evolución tecnológica y el desarrollo de nuevas alternativas de inversión, siempre de la mano de los principales inversores nacionales e internacionales. Mucho mundo a sus espaldas y muchos viajes con los principales directivos de las compañías españolas. Y con ganas de seguir aprendiendo.

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