Nick Drake. La eternidad en una hora

Plantilla Julio Murillo

«Poder ver un mundo en un grano de arena, y el cielo en una flor silvestre; sostener el infinito en la palma de tu mano, y la eternidad en una hora». William Blake. «Auguries of Innocence»

A últimas horas del 30 de octubre de 1971 el cantante y compositor Nick Drake entró en los estudios de grabación Sound Techniques de Londres. En unas pocas horas, repartidas entre esa noche y la siguiente, completó, sirviéndose únicamente de su voz aterciopelada, una guitarra acústica y un piano utilizado en el tema principal que daría título al disco, los once temas de su tercer y último álbum. Exactamente veintiocho minutos de música exquisita, bella y triste –”una de las declaraciones más sombrías de la historia del rock”, según el periodista Richie Unternberg–; canciones de soledad serena, desgranadas nota a nota, ante la atenta mirada del ingeniero y productor John Wood desde la mesa de mezclas. Veintiocho minutos inenarrables que serían el testamento vital de un artista alternativo, irrepetible, incapaz de encajar en un mundo del que sentía no formar parte.

Cuenta la leyenda que concluídas esas dos sesiones, con el máster de “Pink Moon” bajo el brazo, Nick se presentó en la recepción de Island Records, su discográfica, y que sin mediar palabra dejó la cinta en el mostrador de recepción y se marchó. Añaden algunos que adjuntó una nota –posiblemente a Chris Blackwell, fundador y propietario de la discográfica– en la que afirmaba no tener nada más que decir, que esa era su última baza, su último intento por revertir el maleficio que le negaba sistemáticamente el reconocimiento y el éxito.

“Pink Moon” fue editado el 25 de febrero de 1972, hace ahora exactamente cincuenta años. Al igual que sucedió con sus álbumes anteriores –”Five Leaves Left” (1969) y “Bryter Layter” (1970)– apenas se vendió. Recibió, eso sí, algunas críticas elogiosas que nadie leyó. Y constatado el nuevo fracaso, Nick volvió a sumirse en su sempiterna depresión. Nadie en Island entendía la reticencia del artista a la hora de tocar en directo, en el circuito de clubes y pequeños teatros que cimentan la popularidad, ni su nula disposición a conceder entrevistas y promocionar su trabajo. Blackwell consideraba que el disco poseía un potencial inmenso, y lo mismo creía Joe Boyd, productor estadounidense asentado en Inglaterra, responsable del éxito de grandes artistas del folk británico como Fairport Convention, John Martyn o The Incredible String Band, que tutelaba a Drake desde el principio. Pero Nick, un joven tímido y frágil, aborrecía el paripé y la servidumbre social que alfombra el camino al éxito. Odiaba tener que interpretar su música, delicada, llena de luces y sombras, en medio de la vocinglera de una taberna. Y tampoco llevaba bien la distancia corta que se establece en las entrevistas.

Desilusionado, Drake tiró la toalla y buscó refugio en Far Leys, la casa familiar de sus padres en Tanworth-in-Arden, en plena campiña inglesa, y en la relectura de John Keats, William Blake, Arthur Rimbaud y otros clásicos que habían llenado su vida hasta el día en que, nueve meses antes de graduarse en Cambridge en Literatura Inglesa, decidió abandonar sus estudios para dedicarse plenamente a la música. Apenas salía o visitaba a algún amigo; ni siquiera a su hermana Gabrielle Drake en Londres, en el piso que la actriz de teatro y televisión, especializada en Shakespeare, poseía en el barrio de Kensington, donde en más de una ocasión se había instalado el cantante. Dormía durante el día y vivía de noche, fumando marihuana, rodeado de libros, música y antidepresivos. Los dos años que siguieron al fracaso comercial de “Pink Moon” fueron un tiempo de altibajos anímicos para Nick, que sólo contaba para sus gastos con las veinte libras semanales que le pagaba el Island. A pesar de su porte, siempre distinguido y elegante, se enfundaba en un abrigo raído, calzaba zapatos desgastados y un tenue halo de tristeza le envolvía de forma permanente. 

La mañana del 25 de noviembre de 1974, a mediodía, su madre entró en su habitación a fin de despertarle y lo halló muerto. En el tocadiscos reposaba uno de Los Conciertos de Brandenburgo de Bach y sobre la mesilla, entreabierto, El Mito de Sísifo de Albert Camus. La investigación que se abrió y el dictamen del juez apuntaron a que Nick había fallecido debido a una sobredosis de antidepresivos. Suicidio. Pero nunca ha quedado claro si esa ingesta de pastillas fue accidental, un mal cálculo, otra zancadilla del destino, o un acto volitivo.

A Nick le enterraron en el cementerio de Tanworth-in-Arden, al pie de un recio árbol rodeado de macetas despobladas. En la lápida cincelaron a modo de epitafio un verso de una de sus canciones: «Ahora nos alzamos, y estamos en todas partes». Gabrielle Drake ha explicado, en más de una ocasión, en numerosos documentales y entrevistas, que el día del entierro de su hermano acudieron muchos de sus amigos. Es falso que Nick no los tuviera. Una parte de él era social. Cuando la depresión no le sacudía, hablaba con la gente, sonreía y se mostraba afable y tierno. Lo más significativo de aquel día, porque en cierto modo habla mucho del hollar evanescente y reservado del artista, es el hecho de que todas esas amistades, viejas, de muchos años, no se conocían entre sí. Se vieron por primera y última vez en sus vidas en esa ceremonia. Aunque tenían noticia unos de otros, Nick no les había reunido ni presentado nunca.

Nick Drake ni reinó ni cabalgó tras su muerte. La década de los setenta transcurrió prácticamente sin que la obra del artista recibiera reconocimiento alguno por parte del gran público. Siguió siendo un músico de culto, venerado sólo por una minoría de melómanos afortunados. Pero las cosas cambiaron poco a poco. En 1979 se editó Fruit Tree, una caja conteniendo sus tres álbumes de estudio más un cuarto disco que reunía temas sueltos y rarezas. Vendió poco y fue descatalogada. Se reeditó en 1986. En la recta final de los noventa comenzaron a emitirse documentales sobre su vida –”A Stranger Among Us. In Search of Nick Drake” de la BBC y “A Skin Too Few: The Days of Nick Drake”–; Rolling Stone incluyó los tres LP’s del compositor en su lista de “500 Greatest Albums of All Time”; muchos artistas comenzaron a grabar versiones de sus temas clásicos y su música empezó a ser utilizada en bandas sonoras de películas. Pero paradójicamente sería un spot publicitario de Volkswagen para el mercado estadounidense, en el año 2000, en el que se utilizaba la canción “Pink Moon”, el que lanzaría a Nick Drake al estrellato convirtiendo su tercer LP en un éxito de ventas en la plataforma Amazon. 

Súbitamente, a destiempo, el mundo descubrió la existencia de un músico poeta de inmenso talento que llevaba veintiséis años bajo tierra. Sus discos empezaron a venderse. Artistas y grupos como Blur, The Cure, R.E.M, Kate Bush, Tom Verlaine, The Black Crowes, John Martyn, Norah Jones o Paul Weller reconocieron estar en deuda con su música. Elton John, que antes de saltar a la fama había grabado una demo con varios de sus temas, llegó a afirmar que Drake era uno de los mejores músicos que hayan existido jamás.

Hoy, 50 años después de la edición de Pink Moon, 48 años después de su pérdida, miles de personas peregrinan cada año hasta el cementerio de Tanworth-in-Arden y depositan en homenaje un librito de papel de fumar sobre su tumba, en recuerdo del título de su primer disco “Five Leaves” Left (Quedan cinco hojas). Nick odiaba quedarse sin papel de liar. Fumar hierba le relajaba y le ayudaba a dormir; padeció insomnio durante casi toda su vida.

Medio siglo después de abandonar en silencio una industria discográfica en la que nunca se sintió realmente cómodo, Nick Drake ya es un mito irrepetible en la historia de la música británica y mundial. Ese joven aniñado, de belleza casi andrógina y maneras suaves, poseedor de una voz bañada por el dulce veneno de una melancolía otoñal, sabía cómo articular historias íntimas y sencillas; delicados relatos de amor desnudo; historias de soledad asumida, búsqueda errante y reencuentro en habitaciones vacías… siempre con la naturaleza como telón de fondo, metáfora e inagotable fuente de inspiración.Nick Drake se marchó, parafraseando a Scott Fitzgerald, sin saber con exactitud cuánto espacio llegaría a ocupar en el futuro en la vida de millones de personas. Pero antes de irse, en un último esfuerzo, empujó hasta lo más alto del cielo, como Sísifo, una oronda y bellísima luna rosa.

JULIO MURILLO

Sigue a Julio Murillo en Twitter 

A MagazineFranja Patrocinio Patreon & Paypal

1

Patrocina Ataraxia Magazine en PATREON desde 5$ (4,50€) al mes

https://www.patreon.com/ataraxiamagazine

Captura de pantalla 2020-05-12 a las 15.11.03

2

Patrocina Ataraxia Magazine mediante una donación por PayPal

Puedo donar 5 euros

No es necesario tener cuenta abierta en PayPal para utilizar PayPal como plataforma o vía de donación • Si quisieras donar 10 o 15 euros puedes especificar (en la casilla junto al botón) que la cantidad que donas es 2 o 3 veces 5 euros…

5,00 €

Puedo donar 10 euros

No es necesario tener cuenta abierta en PayPal para utilizar PayPal como plataforma o vía de donación • Si quisieras donar 20 o 30 euros puedes especificar (en la casilla junto al botón) que la cantidad que donas es 2 o 3 veces 10 euros…

10,00 €

Puedo donar 20 euros

No es necesario tener cuenta abierta en PayPal para utilizar PayPal como plataforma o vía de donación • Si quisieras donar 40 o 60 euros puedes especificar (en la casilla junto al botón) que la cantidad que donas es 2 o 3 veces 20 euros…

20,00 €

Puedo donar 50 euros

No es necesario tener cuenta abierta en PayPal para utilizar PayPal como plataforma o vía de donación • Si quisieras donar 100 o 150 euros puedes especificar (en la casilla junto al botón) que la cantidad que donas es 2 o 3 veces 50 euros…

50,00 €

3

Patrocina Ataraxia Magazine con 2€ por lectura mensual

Aportaré por la lectura de cada número 2 euros mensuales

Aportaré 2 euros mensuales por leer Ataraxia Magazine, mediante un micropago utilizando PAYPAL (no es necesario tener cuenta en PayPal para efectuar el pago).

2,00 €

A Magazine

email de contacto: ataraxiamagazine@gmail.com

Patrocina AtaraxiaMagazine: https://www.patreon.com/ataraxiamagazine 

Síguenos en Twitter: https://twitter.com/ataraxiamag

Síguenos en Facebook:

Imagen de cierre de artículos

Autor- Julio Murillo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s