¿Whatever it takes?

Estas tres palabras que pronunció el anterior Presidente del BCE Mario Draghi, en plena crisis financiera de 2012, en la “Global Investment Conference” de la capital inglesa con David Camerón de Primer Ministro del país, marcaron un antes y un después en los mercados financieros. Hoy Mario Draghi es el Presidente del Consejo de Ministros de Italia desde 2021. Esa declaración abría un escenario donde el BCE (y el resto de Bancos Centrales) se ponía al servicio de la economía europea y empezaba una serie de programas de compras de activos y deuda, con el objetivo de inyectar liquidez al sistema financiero y evitar un colapso bancario y económico sin precedentes…

… Ello iba  unido a una bajada de tipo de interés histórica (incluso negativos) que todavía hoy se mantiene ante la aparición de la pandemia del Covid 19.

Estos últimos dos años, la actual Presidenta del BCE, Christine Lagarde, ha venido manteniendo la misma política económica dadas las consecuencias que la Covid 19 ha provocado en las economías europeas. El deterioro  ha sido de tal magnitud que era necesario mantener un sistema de estímulos que permitiese a las economías manejar sus balanzas fiscales con laxitud y emitir la deuda necesaria para poder evitar una segunda crisis bancaria y financiera de posiblemente mayores consecuencias que la anterior. Aunque en este caso las razones de fondo de la crisis han sido diferentes, los daños han sido todavía más severos dadas las restricciones impuestas en los países y el bloqueo internacional al que se ha visto sometida la economía. Efectos que todavía persisten y que han provocado una serie de desequilibrios que tardarán años en solucionarse. Alta inflación, bloqueo en las cadenas de suministro de materiales, alto endeudamiento y déficit público así como altas tasas de desempleo.

El BCE ha estado inyectando liquidez sin descanso en las economías europeas durante esta crisis como si los fondos fueran infinitos. Para que nos hagamos una idea el volumen de deuda del BCE ha aumentado hasta el 81,6% del PIB de la Eurozona comparado con el 38% de la FED americana, el 42% del Banco de Inglaterra y el 133% del Banco de Japón.

En el caso de España, el BCE ha comprado títulos de deuda pública española desde el principio de la pandemia por valor de más de 212.000 millones de euros (toda la emisión neta). Si incluimos todas las compras de bonos el importe supera los 400.000 millones de euros desde febrero de 2020.

Pero la apertura de las economías ante una pandemia relativamente más controlada y la recuperación de algunas de ellas, incluso a niveles previos a la crisis, está forzando a los Bancos Centrales a ir reduciendo el volumen de estímulos inyectados al sistema en 2022 y ya han empezado a subir los tipos, como ha sido el caso del Banco de Inglaterra, que se ha anticipado a la Reserva Federal americana y al propio BCE. La aparición de una inflación menos “transitoria” de lo esperado ha empezado a levantar las alarmas en los gabinetes económicos de los principales Bancos Centrales, acompañada de una recuperación más lenta dada la aparición de la variante Omicron, que ha vuelto a poner encima de la mesa la aplicación de nuevas restricciones en fronteras y en el interior de algunos países europeos a los que se ha sumado alguna región en China.

En el caso español la situación se complica todavía más. Lejos de haber recuperado en forma de “V” después de la drástica caída de nuestro PIB en 2020, nuestra economía ha mostrado un estancamiento a lo largo de 2021 claramente preocupante y no parece que según los indicadores que vamos conociendo, la situación vaya a mejorar en el nuevo año 2022 que empieza. Aún a pesar de las constantes mentiras y mensajes de optimismo de todo el gobierno español, la realidad es otra muy diferente a la que nos quieren vender.

España sigue liderando por la cola los diferentes rankings de cifras económicas tanto en la UE como en la OCDE. No hay más que coger el compendio de revisiones a la baja que se han ido haciendo de los diferentes indicadores económicos por los principales organismos internacionales y de los servicios de estudios españoles más relevantes. El último aviso ha venido de la mano de The Economist donde España aparece en la cola de un informe que incluye un análisis de 23 países evaluando la gestión acometida en la pandemia. Y aún así, el gobierno español mantiene su propuesta de cuadro macroeconómico presentado a Bruselas y en los Presupuestos de 2022 que ya nace absolutamente obsoleto y basado en unas proyecciones de ingresos absolutamente irreales, pero con un volumen de gastos absolutamente alejado de  la situación real de la economía española (y esos gastos sí se van a producir). Todo vale para comprar votos y voluntades para este gobierno.

España cierra el 2021 con la mayor tasa de paro de la UE, el mayor déficit público y una deuda pública sobre PIB superior al 120%. Todo ello unido a una de las tasas de inflación más altas de toda la UE y que cierra en el 6,7% y una inflación media del 3% (ocho décimas más que la prevista en septiembre 2021). Hay que recordar que los niveles de inflación que considera aceptables el BCE se sitúan en el objetivo asimétrico del 2%. Si a eso le sumamos un 4% de media para 2022, el acumulado nos da un pérdida de poder adquisitivo del 11% en dos años con un impacto inmediato en los ahorros de los españoles y en las cuentas públicas incluidas las pensiones vinculadas al IPC desde 2022. 

Desde que gobierna el PSOE en coalición con Podemos la deuda española ha aumentado más de 262.000 millones de euros mientras el PIB ha caído más de 50.000 millones de euros. En términos “per cápita”, cada español ya lleva en su mochila más de 30.000 euros de deuda.

Pero entramos ya en la fase de descuento y los Bancos Centrales empezarán a actuar en función de cómo evolucione la nueva variante Omicron y su impacto en las economías. De momento tanto la FED americana como el BCE han anunciado el recorte de estímulos para este año. El programa extraordinario de compras PEPP del BCE (aprobado en la pandemia) termina en marzo de 2022, aunque será sustituido por el APP, lo que implica que las compras netas de bonos bajen desde el billón de euros de 2021 a 600.000 millones en 2022. Y la FED americana ya bajó sus compras de 120.000 millones de dólares a 105.000 millones en noviembre y habrá una nueva reducción en enero de 2022. Obviamente esta reducción afecta en el mismo porcentaje a las compras de deuda española por parte del BCE, aunque las amortizaciones de deuda se seguirán atendiendo. El Tesoro Público español ya se ha adelantado a esta situación y ha reducido su emisión neta de deuda en 2022 a 75.000 millones de euros. La emisión bruta prevista para 2022 asciende a 242.846 millones de euros recogida en los Presupuestos lo que implica un descenso del 9,8% respecto a 2021. De momento los tipos de financiación de esta deuda son muy atractivos y en algún caso negativos, gracias a la intervención del BCE. Pero todo puede ir poco a poco cambiando a medida que las economías recuperan, la inflación se hace más permanente y los Bancos Centrales aceleren sus políticas de reducción de estímulos y subidas de tipos de interés.

España parte de una situación complicada comparada con sus socios europeos y la ausencia del BCE al otro lado del grifo puede poner en grave riesgo las necesidades de financiación de nuestra economía a futuro. Tener que acudir a los mercados implicara con toda seguridad un mayor coste que el actual y una mayor dependencia de los fondos internacionales para conseguirla. Ello, con una alta probabilidad, implicará la subida de las primas de riesgo en aquellos países con altos desequilibrios en sus cuentas públicas, como es el caso español. Y que además apuestan por unos presupuestos extremadamente expansivos en gasto público con una economía agotada y una presión fiscal asfixiante para empresas y ciudadanos. Ese es nuestro caso. En 2022 empezamos el año con una batería de subida de impuestos, contrariamente a lo que hacen nuestros socios europeos, adicional a la que ya hemos padecido en 2021 y cuyos efectos ya se han podido ver en la baja recaudación de muchos de esos impuestos aprobados. Aún con ello, el gobierno español cerrará 2021 en máximos de recaudación fiscal. Ya lo dijo la OCDE que España era el país que más había subido su presión fiscal en 2021 en plena pandemia. Por no hablar del “esfuerzo fiscal”. El nuevo gobierno alemán ha anunciado una rebaja fiscal de 30.000 millones de euros a ciudadanos y pymes, es decir, lo contario que hace nuestro gobierno y en la línea acertada de lo que se necesita en este momento en la economía. 

La inflación es el gran aliado del gobierno en este caso al inflar las bases imponibles y conseguir una recaudación en máximos en 2021, además del importe recaudado por los altos precios de la electricidad y derechos de CO2, que superarán los 11.000 millones de euros este año. Un expolio a los contribuyentes en toda regla sin parangón en el resto de la UE. La inflación también favorece la reducción del ratio de deuda pública sobre PIB al aumentar el denominador y que será muy utilizado por el gobierno en sus soflamas habituales. El impuesto de los pobres tendrá un impacto de casi 70.000 millones de euros en los ahorros en depósitos de los españoles. 

A todo ello hay que unir la nueva (¿reforma?) laboral aprobada por el gobierno, sindicatos y patronal (no todas están representadas) y sus potenciales consecuencias en el empleo y el futuro camuflaje de las cifras reales de parados e impacto en muchos sectores con alta tasa de temporalidad tan necesaria en su actividad. Pero este tema hoy no toca y daría para múltiples artículos.

En cualquier caso si hay algo evidente es que nos ha tocado lidiar la peor crisis de los últimos 100 años con el peor equipo de gobierno posible, una oposición dividida y un pueblo rendido a la deriva totalitaria. Malos augurios para los próximos años. No lo digo yo, qué también. Lo ha dicho el Tribunal Constitucional y el Supremo con sus múltiples sentencias.

Y sin hablar de los fondos europeos que ya empezamos a recibir y que deberían marcar un antes y un después de nuestra economía y aprovecharlos para “salir más fuertes” (¿les suena?) de esta crisis. Por desgracia y vista la eficacia de nuestro gobierno y su administración, unido al desastre autonómico que padecemos y el sectarismo a la hora de repartir los mismos y el mínimo control que se ha establecido para ello, me temo que vamos a perder un tren muy necesario en estos momentos para nuestras empresas y nuestros autónomos. La UE acabará tirándonos de las orejas en breve. Y antes del desastre, es muy posible que el prestidigitador Sánchez proceda a convocar unas elecciones anticipadas, a lo qué se verá obligado a hacer (como ya le pasó a ZP) y no por gusto propio.

Viene un año muy complicado en todos los frentes. Nuevo gobierno en Alemania, presidencia francesa de la UE, tensiones geopolíticas con Rusia, Estados Unidos y China, los precios energéticos disparados y una tensión social creciente a medida que aumenta la limitación de libertades y derechos fundamentales. El virus sigue sin dar tregua y hay muchos interrogantes en la ecuación. Si pensábamos que 2020 y 2021 han sido difíciles, me temo que el 2022 no va a ser mucho más llevadero. Hay que atar todo en corto y pensar en el día a día. Las previsiones a medio y largo plazo se han demostrado ineficaces y poco  acertadas. Protejan sus ahorros ante la inflación y conviértanse en inversores en vez de ahorradores.

Feliz año 2022 y sobre todo salud, mucha salud. 

ÁLVARO SHARES

Puedes seguir a Álvaro Shares en Twitter como @AlvaroJuer

ÁLVARO SHARES es un licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por el CEU y la Universidad Autónoma de Madrid, que ha sobrevivido a 31 años de experiencia en la bolsa española, en firmas de primera fila del sector financiero como JP Morgan o BBVA, entre otras. Desde el año 86 ha visto y seguido la evolución del profundo cambio que han sufrido los mercados hasta la actualidad. Desde el crash del 87 hasta el Brexit del 2016, así como la evolución tecnológica y el desarrollo de nuevas alternativas de inversión, siempre de la mano de los principales inversores nacionales e internacionales. Mucho mundo a sus espaldas y muchos viajes con los principales directivos de las compañías españolas. Y con ganas de seguir aprendiendo.

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