A la caza de los clásicos

Otro año finiquitado, otras navidades liquidadas y otro espeluznante modelito de “la de siempre” soportado y salpimentado “por el otro”, con excesiva flojera…

La “frikipeña”: deambula sonámbula por el mundo virtual debatiendo sobre lo apropiado o no de los comentarios del programa “Cachitos” emitido esa misma noche de fin de año en la 2ª de TVE. Ver esa opción en la noche de celebración del cambio de año es deprimente, lo sé, pero más es pagar televisión por cable y terminar absorto por los dichosos comentarios del programa en cuestión. Un programa por cierto al que accedí casualmente mientras que de manera autómata buscaba algo potable en el pozo sin fondo de la chabacanería, de esa que también parece que bebe cierto  jefe de opinión de un diario nacional “de los de centro centrado”.  

Este tipo de clásicos (urbanitas de cuarenta años como máximo, bien colocados y de buena familia originalmente, aunque desestructuradas por el vicio) son los que dicen que vieron “Qué bello es vivir” del director Frank Capra. Abrazados a su prole y a sus perros, al calor de la chimenea ofrecen “selfies” de sus pies ataviados con gruesos calcetines con motivos navideños para hacerse los cultos e interesantes. Ellos creen que vender esa pose es lo correcto pues en el fondo necesitan recargar de buenas y ñoñas intenciones su frágil moral, y sus oxidados valores gracias al extraordinario James Stewart.  

Mientras: “los otros clásicos”, seguimos tratando de comprender de qué iba disfrazada la del turno de guardia –a 60.000 “euracos” de vellón, por hacer el ridículo un rato–. O porqué “el cocinero comparsa”, tiene la desvergüenza de atreverse a cobrar siendo varón en su mundo ideal, o a no donar sus 30.000 “lereles” a cualquier fundación de esas que gustan a estos especímenes del tipo: “Pongamos freno a vuestro ordenado modo de vida”. 

Volviendo al otro: “el periodista con pedigrí”, para no ser menos –y me refiero al jefe de opinión– no contento con ensalzar el documental de refritos llenos de minutos musicales varios, a modo de tapa grasienta de bar chusco con encanto –de esos de barrio obrero–, donde mejor ponen los torreznos para desayunar: al día siguiente, y seguramente fruto de una noche de profunda reflexión (quizás tras haber visto la película clásica de 1943 anteriormente citada, o mientras se sacudía los pelos del chucho pegados en la planta de los calcetines, antes de volverlos a guardar en el cajón sin lavar hasta el año que viene), alimentó “Matrix” con sesudos pensamientos dejando temblando de emoción, seguramente hasta a Errejón o Garzón. 

El despiporre en el mundo virtual no se hizo esperar pues rebosante de argumentos suficientemente bien armados, se vino arriba y justificó la lucha de clases entre los que entendían las estupideces de los comentarios del programa, –gracias a su condición de universitarios–, y el resto de burros que no solo según el intelectual no entendían un carajo de nada, sino que además son, esa mayoría que se equivoca al votar.

Y miren ustedes: a estas alturas del nuevo año, cuando los últimos rescoldos de la Navidad aún están humeantes en nuestros corazones ardientes por la reivindicación del espíritu tradicionalista, y teniendo en cuenta que además el cambio climático en forma de temible anticiclón, ha pasado de largo perdonándonos la vida; uno echa cuentas y la ve pasar a la velocidad del rayo. 

Esa magnífica sensación, ese instante mirando al cielo con los ojos cerrados, aprovechado como si fuera un regalo divino concedido solo a los pobres parias del mundo tan solo por creer, no tiene precio. Ese calorcito casi bíblico provocado por los rayos del sol, a mí que no me lo cambien… 

Los agoreros que viven de atemorizar a la gente y que llevan buena carrerilla desde 2020 están sobrados. Y pese a que alguno de ellos mismos hayan pillado el catarro chino por error, los clásicos de toda condición –universitarios, garrulos que votan mal y cinéfilos incluidos–  seguiremos dando gracias a Dios por haber sobrevivido al paseíto por el parque, la playa , el casco viejo, a las comilonas, las cañitas o los vinos, las risas, la familia, los amigos y tantas y tantas cosas horribles que nos tratan de inculcar como negativas o pecaminosas, simplemente por hacerlas en grupo conviviendo sin temor.

Se aprovechan de nuestros flojos niveles de Fe y por ello se hace más imprescindible todavía que revisemos el zurrón y valoremos como se merecen las buenas intenciones, la esperanza de prosperar, la necesidad de adelgazar, hacer más deporte, abandonar los vicios confesables, respetar a los mayores, comprender a los pequeños y querer más a los iguales. Lo demás, es solo fruto de la merma intelectual de los que nos gobiernan premiando a la mediocridad con subvenciones y penalizando a la brillantez con subidas de impuestos.  

Todas estas máximas irrenunciables hoy enumeradas como banalidades por la inmundicia, se hacen más necesarias que nunca para sobrevivir en el mundo real pues el otro –el virtual– solo es un pasatiempo, un medio de transmisión de enfermedad y miseria moral donde tristemente habitan seres capaces de provocar con su vacío, que los más débiles hasta entren en barrena porque felicitan el año nuevo o las navidades y nadie los contesta –incluidos sus conocidos y amigos–, tan solo para que no parezcan más populares o ni tan siquiera se compruebe que existen.

Por todo ello defiendan su rinconcito en la realidad, asuman que la visión que los demás tengan de ustedes en la vida paralela de las redes es falsa, que la legendaria legión canallesca de rufianes terminarán pagando por sus excesos, que lo inteligente es huir del conflicto simplemente obviando al tarado, lo cual nos hará la vida más sencilla. El estado de cabreo al que nos someten los mamarrachos nos afecta al espíritu casi tanto como al cuerpo y la mente; no merece la pena, no es baladí pensar en ello…

Y lo digo porque descubrí no hace mucho a alguien que defendía dos ideas las cuales me hicieron reflexionar: 1º- Decía que vivimos en un campo de concentración tecnológico (“amén”: no en el sentido de “así sea” sino en el de “de acuerdo a que es así”). Y 2º- Comentaba que para ayudar a quienes dicen tener más necesidades y lo expresen por las redes, el primer paso sería no siendo solidarios (de acuerdo en casi todo; de hecho lo compro al 90%)

Políticamente; se refleja desde el mundo virtual en el que se mueve “el actual Gobierno de la propaganda”. Con su derroche en todos los sentidos, fomenta su relato mientras compra a plazos el de los demás para mantenerse. De paso intenta reubicarnos a modo de estancos de la mano de grandes instituciones privadas alimentadas con fondos públicos –y más que lo van a estar–, pues este es su verdadero fin, y no me refiero a teorías conspiranoicas (que nos conocemos), sino a realidades fehacientemente comprobadas. 

De hecho tratan de digitalizar la vida de la gente, modificando usos y costumbres a “cascoporro” (por ejemplo: los bancos ya no atienden a nadie físicamente después de las 11:00 am.) Otra forma de hacerlo es –por supuesto–, deslavazando el mercado laboral, echando a un lado a generaciones enteras denostándolas por ser “clásicas” (revisen si tienen un instante las ofertas que se ofrecen en cualquier portal de empleo), es alucinante la disrupción que están provocando para tener el control sobre lo privado, a cambio de ofrecer y prometer el maná con deuda a mansalva que pagarán nuestros nietos, y por supuesto de la que no se responsabilizarán jamás. Sencillamente no hay un comportamiento lógico porque las empresas no saben qué perfiles necesitarán para tratar de recaudar o gestionar fondos europeos para digitalizarse viviendo del cuento, como les promete el Gobierno. El Mercado laboral español está absolutamente desnortado y la prueba de ello es la sumisión de la Patronal.

Aun así creo que resistiremos porque somos clásicos. Nos gusta llevar suelto en el bolsillo por si acaso, pañuelo de tela con nuestras iniciales bordadas por lo que pueda pasar, meternos la camisa por dentro, usar zapatos de cordones y zapatillas de cuadros o pana en casa, peinarnos con ralla o para atrás, usar chándal los domingos al menos un rato, ir, ver o consumir futbol de cualquier categoría, tomar el aperitivo cuantas veces podamos, dar la mano y por supuesto, sin depilarnos jamás: seguiremos quemando viejos leños, bebiendo viejos vinos, leyendo viejos libros y teniendo viejos amigos, manteniéndolos bien cerca para darnos ese calorcito que a veces los nubarrones impiden que nos caliente el rostro el sol que todo lo ilumina, incluso hasta en enero cuando escalando la cuesta, miramos desesperados hacia el cielo buscando yo qué sé…           

FRANCISCO GÓMEZ VALENCIA

Puedes seguirle en Twitter en la cuenta @Sr_Gómez_

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan.

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