Defender Europa

Hace unos años explicaba las razones para crear un ejército europeo que sustituyera a los nacionales. En aquel momento sostenía que un ejército europeo costaría menos que la suma de los 27 presupuestos de defensa nacionales y ofrecería mayores prestaciones.

Esa mayor capacidad militar iría acompañada de una reducción del presupuesto que podría dedicarse a servicios como sanidad o educación (o a bajar impuestos si se quiere). Tres años después, y reciente lo de Afganistán, creo que hay que volver sobre el tema.

No se trata de la creación de un ejército europeo que se una a los ejércitos nacionales ya existentes. No digo que esto no fuera interesante. Por ejemplo, en un caso como el que estamos viviendo en Afganistán ese ejército europeo, diseñado para un determinado tipo de operaciones, podría actuar en vez de tener que coordinar las fuerzas armadas nacionales de varios países.

En este planteamiento, el ejército europeo dispondría de capacidades para misiones de mantenimiento de la paz o de ocupación, así como de reacción rápida a casos como el que ahora estamos viviendo. En estos días veo que se han propuesta cosas en esta línea; ahora bien, no es esto lo que defiendo. Seguramente sería más fácil coordinar en caso de necesidad las tropas existentes que mantener una fuerza multinacional permanente que solamente operaría esporádicamente y cuando hubiera acuerdo suficiente entre los estados miembros.

No, mi planteamiento es más radical. La propuesta es que se cree un auténtico ejército europeo que desplace a los ejércitos nacionales. Y en los tiempos que corren ya no con el objetivo de ahorrar en gasto militar; sino de conseguir la máxima eficiencia de los recursos que se ponen a disposición de las fuerzas armadas en Europa. Tenemos que ser conscientes de que lo sucedido en Afganistán pone de relieve no solamente que Estados Unidos ya no tiene la capacidad (o voluntad) de ser el gendarme global que antes era, sino que, también en parte como consecuencia de ello, los países europeos estamos menos seguros. Durante décadas todo se fió a la ayuda norteamericana. Un gran conflicto con Rusia (antes la Unión Soviética) contaría con los americanos al lado de los europeos, y en otro tipo de conflictos, la intervención europea se limitaría a apoyar la iniciativa de Estados Unidos.

Así se hizo en Afganistán y ya vemos cómo ha acabado la cosa. En Siria no se tomó ninguna acción decisiva y ha tenido que ser la UE la que cargue con la crisis de refugiados que ha provocado la guerra. En Libia ya ni sabemos lo que hemos hecho. En Ucrania la UE ha querido jugar a la política internacional en serio y ahora nos encontramos con una guerra a pocos centenares de kilómetros de nuestras fronteras y con la necesidad de poner aviones y blindados para que haya tropas de disuasión en los Países Bálticos. Afganistán supone la expulsión de Estados Unidos y de la UE de Asia Central. Tal como explica muy bien Araceli Mangas, China y Rusia vigilarán a los talibanes y consolidarán su dominio sobre esa parte del mundo.

¿Creemos de verdad que el mundo es un lugar seguro? ¿que podemos seguir haciendo como si lo de tener un ejército con determinadas capacidades fuera un capricho o un gasto superfluo? No, tenemos que ser conscientes de que existen amenazas y que la existencia de unas fuerzas armadas es imprescindible para que esas amenazas no se conviertan en daños reales a personas, derechos o bienes.

Creo que todos deberíamos conocer un poco de historia. Lo de “maestra de la vida” es real, no un mero recurso estilístico; y en su magisterio la historia de la dinastía Song en China es ilustrativa.

A comienzos del siglo XII, en el norte de China se producía más hierro que en la Inglaterra del siglo XVIII, la sociedad china era culta. En las universidades se estudiaban los textos clásicos para identificar las interpolaciones. En los manuales militares se había descrito el lanzallamas, la crítica literaria florecía, así como el teatro y se imprimían pasquines sobre los temas más variados. El papel moneda comenzaba a usarse.

Gran parte de lo anterior terminó cuando pueblos del norte invadieron el norte de China, un desastre de considerables dimensiones que se produjo más de cien años antes de la creación del imperio mogol bajo Gengis Khan. Y ahora me diréis que qué tiene que ver la guerra del siglo XXI, con sus drones y sus bombas guiadas por láser, con los guerreros del siglo XI, con sus caballos, sus lanzas, espadas y flechas. Bueno, echad un vistazo a Kabul y ved dónde están los de las bombas guiadas por láser y dónde los que parecen sacados de una estampa del siglo XIX. Ya os decía que en los manuales militares de la dinastía Song se describía el lanzallamas; pero una cosa es describirlo, otra fabricarlo y otra utilizarlo. Tener sus planos no salvó a los Song de los Jin.

Por llevarlo a nuestros días, parece ser que los alemanes y los franceses son buenos diseñando tanques; pero ahora Alemania tiene en servicio unos 300 tanques y Francia unos 200. Rusia, en cambio, cuenta con más de 13.000 tanques. Estados Unidos tiene más de 6.000; China, más de 5.000. En toda la UE hay menos de 5000; y entre ellos hay más de 1.000 tanques griegos que en buena parte tienen más de 50 años y una buena parte de antiguos tanques soviéticos que aún son utilizados por el ejército polaco y otros países del antiguo Pacto de Varsovia.

No quiero entrar ahora en el debate sobre si los tanques son o no son necesarios en la guerra moderna y en la comparación de las capacidades de cada país en este ámbito. Solamente intento trasladar que, al menos sobre el papel, el conjunto de los países de la UE tienen algunas limitaciones en sus capacidades militares si los comparamos con Estados Unidos, China o Rusia. Y esto puede ser relevante en un momento en el que, tras la derrota en Afganistán, más se sentirán tentados de presionar militarmente a la UE o a sus intereses. Bien de forma clásica o bien con amenazas híbridas.

Como decía antes, ya no se trata de ahorrar, sino de ver en qué forma Europa puede garantizar una seguridad que ya no puede depender de un Estados Unidos en retirada. Para eso tenemos que ver en qué situación nos encontramos. Daré a continuación algunos datos. Los he buscado por internet y puede que sea necesario matizar aquí o allí; pero creo que para una presentación general y básica podrían ser suficientes. Los 27 países de la UE se gastan del orden de los 240.000 millones de dólares al año en defensa. Más o menos como China (unos 250.000 millones), tan solo un tercio de lo que gasta Estados Unidos (casi 800.000 millones de euros anuales en defensa) y mucho más de lo que dedica Rusia a sus fuerzas armadas (poco más de 60.000 millones de dólares anuales).

A partir de aquí sería esperable que la capacidad militar del conjunto de los países de la UE fuera claramente superior a la de Rusia, más o menos equivalente a la de China e inferior a la de Estados Unidos; ahora bien, no es lo mismo gastar 240.000 millones de dólares en un ejército que en 27, y así resulta que en algunos conceptos clave la posición europea es muy inferior no solamente a la de China, sino también a la de Rusia.

Por ejemplo: los 27 países de la UE operan 26 satélites militares (7, Alemania; 7, Francia; 9, Italia y 3 España) frente a 141 satélites militares de Estados Unidos, 109 de Rusia y 132 de China). En cuanto a submarinos balísticos (con capacidad de lanzamiento de armas nucleares), tan solo Francia dispone de ellos en la UE (como consecuencia del Tratado sobre no proliferación de armas nucleares), con un total de 4 submarinos, frente a los 12 submarinos rusos y los 8 chinos (Estados Unidos cuenta con 14 de estos submarinos). En cuanto a otros submarinos nucleares, en los países de la UE tan solo cuentan los 6 franceses, frente a los 50 de Estados Unidos, los 14 de Rusia o los 9 de China. Del número de tanques ya he comentado algo, y en lo que se refiere a aviones de combate, el conjunto de los países de la UE disponen de unos 2.000, frente a los casi 4.000 de Estados Unidos, los más de 6.000 de Rusia y los casi 2.800 de China.

Se trata de números que precisarían muchísimos más conocimientos de los que yo tengo para poder llegar a algún tipo de conclusión matizada; pero creo que sirven para apuntar en la dirección de que pese a que el gasto en defensa en términos absolutos en la UE es igual al de China y superior al de Rusia, el resultado no es que el conjunto de ejércitos europeos sea claramente superior al ruso ni que la capacidad militar de estos países iguale a la de China. En un tema clave como es el de satélites militares, el conjunto de la UE está claramente por debajo de estos países y también la capacidad estratégica (submarinos balísticos, armas nucleares) es inferior a la de estos países.

De hecho, en la UE solamente hay un ejército con una cierta capacidad de proyección más allá de las cercanías de sus fronteras. Es el francés, que cuenta no solamente con submarinos nucleares, un portaaviones que merece propiamente el nombre de tal y 3 buques de asalto anfibio. El resto de ejércitos europeos ofrecen capacidades complementarias, pero sin que ninguno tenga esa posibilidad de proyección que tienen las fuerzas armadas francesas. Así, Alemania cuenta con una fuerza aérea considerable, no dispone de submarinos nucleares, pero sí de submarinos convencionales avanzados, además de más de dos centenares de aviones de combate. España e Italia, por su parte, disponen de buques que pueden operar aviones de despegue vertical y servir también como buques de asalto anfibio, aviones de combate relativamente modernos y unidades blindadas equipadas con material de calidad; además de ser estos países mencionados (Alemania, Italia y España) los únicos que, junto con Francia, disponen de satélites militares.

La suma del presupuesto de defensa de estos cuatro países (Francia, Alemania, Italia y España) suponen dos tercios del conjunto del presupuesto de defensa de los países de la UE, y cabría preguntarse qué economías de escala no operarían si los 80.000 millones de dólares anuales que se gastan 23 de los 27 países de la UE no se utilizaran para reforzar un ejército europeo que tuviera como base la combinación de los cuatro con más capacidad en la actualidad.

Ya el dinero que ahora se dedica a defensa podría ser más eficiente si se destinara a una sola organización militar que debería dotarse de una estrategia clara que tuviera en cuenta cuáles son las necesidades de defensa de la Unión. Así, por ejemplo, mejorar la capacidad de obtener información y operar fuera de las fronteras europeas mediante el aumento de satélites militares. Decidir el nivel de capacidad anfibia que se desea (quizás la que ahora suman Francia, Italia y España sea suficiente, por ejemplo), ver cuál es el nivel de unidades blindadas que se requiere, disponer de tecnología propia en todos los ámbitos precisos; desde drones hasta aviones de despegue vertical (el problema al que se enfrenta ahora España si quiere mantener aviones de combate embarcados una vez que se jubilen los Harrier que ahora utiliza el Juan Carlos I) o submarinos tanto nucleares como convencionales.

Si se hiciera el ejercicio anterior: diseñar las fuerzas armadas que la UE precisa, podríamos tener -tal como apuntaba hace tres años- una mayor capacidad militar con un desembolso, en el conjunto de la UE, menor que el actual. Ahora bien, tras Afganistán el desafío es otro. Se trata ya no de mantener un gasto moderado en defensa, sino de aumentarlo para así poder garantizar la seguridad de los europeos. Si ese aumento de gasto se hace para potenciar 23 fuerzas armadas minúsculas, 3 pequeñas y una mediana (Francia) acabaremos precisando mucho dinero para mejorar muy poco. En la actualidad el gasto militar en la UE es reducido respecto al PIB (un 1,4%, frente al 3,4% en Estados Unidos y el 3,6% en Rusia e inferior también al 1,5% de gasto militar en China); pero no es un gasto menor per cápita que el de China o Rusia (522 dólares per cápita en la UE, frente a los 428 de Rusia y los 180 de China), por lo que debería ser una. prioridad que ese gasto fuera realmente eficaz. Conseguir esta eficacia en el gasto militar debería ser un objetivo claro para todos los líderes europeos.

Ahora es el momento de realizar un planteamiento estratégico que tenga en cuenta la situación creada tras la derrota de Afganistán y que pasará, necesariamente, porque Europa disponga de recursos propios para la defensa frente a Rusia, al menos desde una perspectiva convencional y con medios suficientes para operar más allá de las fronteras europeas en aquellos casos en los que lo requiera la defensa de los intereses y principios de la UE. Si el conjunto de los países de la UE quieren tener en el futuro capacidad suficiente para mantener por sí mismos una operación de intervención en Oriente Medio, África o Asia Central, disponer de medios para llevar a cabo el control de las rutas marítimas que resultan estratégicas para la Unión y obtener información suficiente mediante satélites, drones y otros medios, para garantizar la seguridad dentro de Europa, eso no podrá hacerse, siendo realistas, mediante un aumento de los presupuestos de defensa de los países miembros. Eso solo podrá lograrse mediante la creación de un ejército europeo.

¿Difícil? Muchísimo; pero es que no hay alternativa. Hace 20 años, cuando el atentado del 11-S tuve el mismo pensamiento: los europeos tienen que darse cuenta de que no podemos seguir siendo tan solo auxiliares de los Estados Unidos; debemos tener una política exterior, una política de seguridad y, por tanto, una política de defensa autónomas; y para ello no basta con invertir más, hay que invertir mejor, y para eso la unión es imprescindible. Se dejó pasar esa ocasión y 20 años después tenemos Afganistán, como desde hace años tenemos Siria. La próxima crisis será aún más cerca y si no hacemos algo al final nos arrepentiremos de haber dejado pasar tantas advertencias.

Un ejército europeo sería más eficaz que la suma de los ejércitos nacionales y permitiría aprovechar los inevitables aumentos en el gasto en defensa que nos esperan; pero ese ejército precisa también una reforma institucional profunda. Es preciso determinar quién podrá reclutarlo, con que fondos y quién lo dirigirá. Será preciso que el Parlamento Europeo disponga de capacidad para designar al presidente de la Comisión que, a su vez, debería ser el presidente del Consejo Europeo. Y sería ese presidente del Consejo Europeo/Comisión quien pudiera nombrar a los integrantes de la Comisión, uno de los cuáles asumiría la función de Comisario de Defensa.

Sé lo que implica. Sé que muchos no lo ven; pero no hay muchas alternativas al definitivo arrinconamiento de Europa.

Y -lo estamos viendo- si se arrincona a Europa, se arrinconan también los valores que nos han identificado en los últimos siglos: democracia, libertad, igualdad, derechos humanos.

Dejemos de actuar como si todo esto estuviera garantizado. No lo está. Nos toca defenderlo, tanto en nuestro propio continente como fuera de él.

Y, por supuesto, nada de lo anterior serviría de gran cosa (lo estamos viendo con Estados Unidos) si no existe una política exterior ambiciosa, bien estructurada, realista y basada en el conocimiento y el trabajo diario. Tenemos mucha tarea por delante.

RAFAEL ARENAS

Puedes seguir a Rafael Arenas en Twitter y también en su página personal “El Jardín de las Hipótesis”

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