Las criptomonedas: el bitcoin

No voy a desarrollar en este artículo el nacimiento y la evolución de las monedas a través de la Historia, que ayudara a comprender la aparición de las llamadas criptomonedas alrededor de la primera década del siglo XXI, pues ello me llevaría un tiempo y espacio del que no dispongo. Solo recordaré que desde hace muchos siglos el oro ha sido la más fuerte de las monedas o si se quiere la divisa por excelencia del mundo comercial y financiero, desde principios del siglo XIX hasta la Gran Guerra o Primera Guerra Mundial.

A partir de ese momento, gran parte de estados participantes en el conflicto estaban exhaustos, la mayoría de fábricas trabajaban básicamente para la Industria de Guerra y ahora estaban destruidas; los campos de agricultura devastados; el comercio entre países prácticamente inexistente y las familias se habían quedado sin casa. Para colmo el hambre y la miseria amenazaba a los estados con desórdenes y conflictos de todo tipo, lo que impedía mantener el orden en las calles. Por otro lado, el endeudamiento era ya imposible de asumir y los gobiernos se veían en la tesitura de imprimir papel moneda sin parar, aunque no estuviera respaldado por oro y la inflación se disparara a cuotas desmesuradas.

Además Estados Unidos era el mayor acreedor mundial de la mayoría de Estados que habían participado en la contienda y le interesaba no estrangular demasiado sus economías y perder las importantes inversiones efectuadas en armamento y víveres en ayudas de guerra. Al mismo tiempo comprendieron que había que buscar una fórmula adecuada que les fuera favorable, pero no solo para el bloque occidental, sino para todos los contendientes, incluso para Alemania, a fin de reconstruir el sistema monetario que tan unido iba al comercio de importación y exportación. Así pues, en Julio de 1944 hubo una importante reunión internacional en Bretton Woods (EE. UU) a fin de buscar un acuerdo para crear un organismo llamado Fondo Monetario Internacional (FMI) que se ocupara de regular y controlar la paridad de las monedas de cada Estado miembro, para que cada cual, con su esfuerzo, acelerara la reconstrucción de postguerra, para finalmente conseguir la estabilidad política de todos los Estados, una economía floreciente y alcanzar una paz duradera.

A partir de ese momento, el mundo se divide en dos grandes bloques: el mundo occidental liderado por los EE. UU., de ideología democrática, y el oriental, liderado por Rusia en un régimen comunista. Ver la evolución en ambos bloques es muy importante, sobre todo en las democracias occidentales que se van olvidando del patrón oro y tomando como punto de referencia al dólar, tanto en el comercio, como en el mundo financiero; de tal forma que hasta en la mayoría de países del bloque comunista existía un mercado negro de divisas para la adquisición de dólares, hasta que en el año1989 cae el llamado Muro de Berlín, principal símbolo de la llamada Guerra Fría y la mayoría de países de dicho bloque comienzan a operar en el mercado libre de Occidente de forma gradual pero creciente.

Ya en pleno siglo XX y principios del XXI, los bancos centrales como la FED de los EE. UU., el Banco Central Europeo, el Banco de China o el de Japón tomaron totalmente las riendas de sus respectivas economías, insuflando o retirando dinero del Sistema, comprando deuda pública o vendiéndola con la intención de arrancar la economía, las inversiones, el trabajo y las economías domésticas. Por el contrario, ante la posibilidad de un exceso de liquidez y un aumento desmesurado de la inflación, los bancos centrales pueden decidir retirar dinero del Sistema, generalmente en forma de ventas masivas de la deuda que tienen almacenada en sus balances.

Sombra de Clío

Paralelamente, las bolsas tradicionales, se convirtieron en verdaderos Mercados Financieros, donde se compra y se vende de todo. Además, aparecen mercados llamados de Derivados, con Opciones y Futuros o CFDs, en los que los llamados Bancos de Inversión y Brokers adelantan importantes cifras de crédito a los operadores o traders. De manera que, millones de particulares pueden comprar y vender acciones a través de sus ordenadores en la modalidad de inversor a largo o a corto. Si a largo, compra acciones esperando a que suban para vender y si lo hace a corto vende acciones (que en realidad no tiene) confiando en que bajen más y luego comprar a bajo precio y obtener un beneficio. También el importante mercado de divisas en el que se puede operar 24 horas al día y no para de aumentar a nivel de operaciones y volumen o el de materias primas con el oro como valor refugio o el petróleo y cobre como referencia de la actividad productiva.

Esta es la situación a grosso modo de la actividad de los mercados financieros en la actualidad con un giro de 180 grados en relación a épocas pasadas, cuando se decía que la Bolsa era el reflejo de la economía de un país, pues en estos momentos, la especulación es la reina de la marcha positiva o negativa de esos mercados que siempre están más pendientes de las medidas de política monetaria de los bancos centrales, que de la verdadera marcha de la economía real de las empresas, y en esa “idea virtual” de que las cosas valen lo que el mercado quiera pagar por ellas, surgieron muchos proyectos para incorporar nuevas herramientas y productos al mercado que crearan valor, no necesariamente para las economías reales, sino para el inversor de esos productos. Una de las ideas, aparentemente más disparatada, fue el proyecto de creación de unas monedas digitales que de forma virtual sirvieran para manejar fondos a nivel de transferencias entre particulares y ser utilizadas para compras y ventas en determinados comercios y establecimientos, los cuales, previamente, habían aceptado su uso sin depender de ningún banco o intermediario ni ser controladas por los bancos centrales. La esencia de las criptomonedas consiste en un procedimiento de creación basado en algoritmos complejos y enigmáticos que hacen casi imposible descifrar su contenido.

La primera criptomoneda conocida que empezó a operar en los mercados en el año 2009 fue el Bitcoin, que es la que mejor evolucionó, tanto en operativa como en volumen, pero hay muchas más que también cotizan en los mercados como es el caso del Litecoin y el Ethereum.

Y ahora, con todos los antecedentes citados, creo que ya podríamos ocuparnos del Bitcoin o (BTC) y afirmar que es una criptomoneda inventada por el japonés Satoshi Nakamoto, basado en un artículo científico donde se hablaba del algoritmo del Blockchain o de consenso que básicamente y simplificando es una cadena de bloques distribuida  en innumerables nodos de la red, o mejor: el Bitcoin es la primera criptomoneda del mundo y se lanzó al mercado financiero real utilizando la llamada tecnología de bloques de forma descentralizada y fuera del control de cualquier banco central o privado.

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El objetivo principal de esta criptodivisa es, por lo tanto, abordar o eliminar tres problemas fundamentales que tienen las monedas o las divisas clásicas:

1.- Evitar la dependencia de la entidad, que es la que certifica si la moneda es válida o no.

2.- Suprimir la posibilidad futura de que instituciones o gobiernos generen más o menos monedas con fines especulativos o que incrementen excesivamente la inflación.

3.- Impedir que la información se pueda conocer. La privacidad ha de ser sagrada, no se guarda información personal de las transacciones, motivo por el cual, las compras y ventas se realizan de forma anónima, como si se tratara de dinero al contado.

Todo eso, y otras cosas de las que hablaré, lo consigue el Bitcoin al tener todas las transacciones hechas en su historial a través de la red informática de forma pública y global, pero sin datos personales a la vista, de manera que es posible consultar cuándo y cómo se hizo la transacción de forma segura. El sistema se basa en la llamada red peer-to-peer, es decir: no existe un servidor centralizado donde se pueda guardar toda la información del sistema, susceptible de ser atacado por grupos organizados de hackers al servicio de organizaciones criminales y causar quebrantos importantes a los usuarios. O sea, el sistema está concebido para que cada ordenador personal que está trabajando en una transacción, guarde un pedazo del registro global, y como hay miles de ordenadores usando esa tecnología, matemáticamente y en la realidad es imposible que se pierda o alguien tenga acceso a esa información, al ser replicada por miles y miles de máquinas.

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Así mismo, cada vez que se hace una transacción, se hace la oportuna validación a través de los llamados “mineros” o innumerables operadores de ordenadores personales, los cuales aseguran que esa operación es válida. Dicha validación se hace, precisamente, generando, el susodicho algoritmo de blockchain en un bloque de transacciones que se incorpora al directorio global de las mismas. En eso consiste el término “minar la moneda”, tan característico en esta tecnología; pero eso no es todo, para que una transacción sea válida, una vez generado el bloque, se ha de aprobar por el resto de mineros por mayoría, lo que evitaría prácticamente la posibilidad de fraude. Dentro de estas tareas individuales, el primer minero que consigue validar un bloque y a la vez el refrendo del resto de mineros, recibe una comisión o recompensa en bitcoins por su buen trabajo. No obstante, cada vez resulta más complicado minar monedas por la enorme competencia existente y el enorme consumo de energía; por eso, la mayoría de mineros trabajan en China, donde hay las llamadas “granjas” de dichos operarios dedicados a minar bitcoins.

Entender como un producto tan intangible y virtual como este ha podido triunfar en el mundo real es algo que puede sorprender a muchos y la primera pregunta que surge a primera vista es ¿cómo es posible que en el siglo XXI pueda aparecer una moneda creada y lanzada por particulares sin el respaldo de ningún organismo paraestatal, supranacional o Banco Central de algún poderoso país? Y la respuesta es muy sencilla: Porque, precisamente, estamos en el siglo XXI, donde la libertad de los mercados y el capitalismo tienen un gran poder. Y en momentos como los actuales de crisis financiera por culpa de factores imprevistos y de incierto alcance, como por ejemplo la pandemia mundial del coronavirus -todo ello azuzado por el exceso de información- hace que las grandes fortunas estén inquietas y temerosas de que pueda llegar el momento en que su dinero corra un serio peligro. Por otro lado, no deberíamos olvidar que la sociedad, al unísono con la tecnología, ha sufrido una fuerte transformación, o mejor, la Revolución Tecnológica ha calado en esta sociedad, sobre todo a nivel de mentalidades, a diferencia de otras revoluciones como la Científica del siglo XVII o la industrial del XVIII que tardó centurias en fructificar en las sociedades de su tiempo en que la Iglesia y otros estamentos actuaban de freno. Hoy en día, se acepta casi todo: Los niños juegan con sus ordenadores, tabletas y móviles a juegos virtuales espectaculares, muchos de ellos ya lo pueden hacer con verdaderos drones y la robótica y la inteligencia artificial ya no es ajena a las nuevas generaciones. Una muestra de la receptibilidad de la sociedad a las nuevas tecnologías nos lo da el estadounidense Mark W. Yusco, administrador de fondos de cobertura y asesor de algunos fondos de inversión, cuando dice algo como: «El Bitcoin es un instrumento que sirve para la cobertura del caos o el seguro de los idiotas».

La aceptación y evolución del BTC ha sido increíble. Ha pasado de prácticamente valor cero en el año 2012 a 42.000 dólares en los primeros días de enero del presente año 2021 y a 48.000 en los primeros días de febrero. La revalorización en nueve años sería imposible de entender en una sociedad de tiempos pasados, pero se sigue invirtiendo al calor de las previsibles ganancias futuras. Los millones de pequeños inversores haciéndolo en cantidades muy pequeñas con la esperanza de que se les multiplique la inversión. Y las grandes fortunas para impedir que el Estado “meta las narices en su negocio” y pueda subirles los impuestos hasta porcentajes inasumibles, al tener que soportar los grandes déficits y deuda pública producidos por factores como guerras nucleares o pandemias insospechadas de virus que paralicen la actividad industrial y económica de la mayoría de países, incluyendo a grandes potencias mundiales, como sucede en estos momentos. Otro factor a tener en cuenta, como terreno abonado para grandes especulaciones, son la gran cantidad de noticias falsas o interesadas que corren por las redes como la pólvora y desbordan la especulación. También puede tener su peso la idea que puedan tener los inversores medianos o pequeñas empresas de “pagarse su propio seguro” al guardar en el “colchón” una importante cantidad de dinero en bitcoins no controlada por las instituciones del Estado. Así mismo, algunos analistas cortoplacistas están alertando de que algunos fondos de pensiones están invirtiendo un porcentaje de sus inversiones en BTL. ¿Es una locura? Puede ser, pero quizás es una estrategia acertada para mejorar la rentabilidad de sus carteras de valores.

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Es tal la aceptación que esta criptomoneda ha tenido en el mercado que, según algunos analistas de importantes brokers y bancos de inversión, su valor en bolsa podría alcanzar los 50.000 dólares en el cercano mes de marzo y terminar 2021 en la escalofriante cifra de 100.000, precisamente por la enorme demanda de inversores institucionales o estatales para usarlo como valor refugio o de reserva en lugar del oro. Y es aquí donde surge una dicotomía, verdaderamente importante, y que más temprano o más tarde sucederá: O los estados acabarán comprando bitcoin, si no lo están haciendo ya en pequeñas cantidades para ayudar, aún más, a calentar su cotización, para luego empezar a vender de golpe y hundir su valor para producir la desbandada de los inversores y acabar con la especulación o, por el contrario, el mercado de particulares, cada vez más numeroso, sigue comprando la criptomoneda esperando unos grandes beneficios a corto plazo gracias a su revalorización creciente; mientras que los inversores institucionales van vendiendo a corto, esperando comprar después a bajo precio y obtener pingües beneficios.

Sin embargo, otros analistas más conservadores se decantan por la idea de que estamos en presencia de una burbuja financiera descomunal, que tarde o temprano, acabará explotando; “cazando” en su onda expansiva a la mayoría de inversores minoritarios que sufrirán grandes pérdidas, como ha sucedido casi siempre a lo largo de la historia.

La realidad actual del BTC descansa sobre algunos razonamientos de cierta coherencia: debido al escaso o nulo crecimiento del PIB (producto interior bruto) de algunos poderosos países como China, Japón, EE. UU. y la UE, y el retroceso del crecimiento en los llamados Países Emergentes, desde hace unos años, hicieron pensar a sus respectivos bancos centrales la necesidad de insuflar dinero a coste cercano a cero en sus economías. Sin embargo, es razonable pensar que una excesiva liquidez, a la larga, ha de producir una inflación excesivamente alta y descontrolada que obligará a los bancos centrales a tomar medidas contrarias a las actuales, es decir, dejarían de vender deuda pública a la banca privada para subir el precio oficial del dinero. Escasez de dinero y a más alto precio obligaría a los bancos a pagar más al ahorro privado y subir el precio a sus créditos personales, de empresa e hipotecarios. Y ese sería el momento en que muchas empresas y particulares se verían favorecidos por sus fondos o ahorro en BTC, que, en teoría, no habrían pagado impuestos, y en ese momento podrán utilizar para sus negocios o necesidades con una simple orden de venta. Por último, otro argumento de peso para invertir en ese producto, viene de la mano de una realidad: la inversión total en BTC solo representa el 8% aprox. de la inversión acumulada en oro. Por lo tanto, el margen potencial de esta criptomoneda sería enorme a poco que los inversores de oro decidieran desviar una parte significativa de sus inversiones en el noble metal

Para acabar de entender el sobresaliente éxito de este sistema solo faltaría contestar a una segura pregunta que surgirá sin ninguna duda: ¿cuándo necesite vender mis bitcoins, qué hago con el efectivo, lo guardo en cajas fuertes de un banco, o en mi propia casa o lo incorporo a las inversiones de mi negocio o a compra de ladrillo con el consiguiente blanqueo de ese dinero? Y entonces deberemos conocer o enterarnos que el BTC está aceptado por bastantes empresas, sobre todo en el ámbito del comercio, donde podremos realizar la compra de los bienes y productos que convenga. En ese sentido, el físico y magnate Elon Musk -el hombre más rico del mundo en estos momentos- director general del gigante Tesla, líder mundial en la fabricación de coches eléctricos y otros negocios tecnológicos, anunció que su empresa compraba 1.500 millones de dólares en bitcoins y comenzaría a aceptar dicha moneda como medio de pago. Naturalmente, la cotización se disparó hasta 48.000 dólares. Y el techo de 50.000 de marzo ya está a la vuelta de la esquina.

ALBERTO VÁZQUEZ BRAGADO

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Alberto Vázquez Bragado. Residente en Barcelona. Licenciado en historia, UB 2007; Máster en Historia de la ciencia, UAB 2008; estudios de literatura, UB 2015.
Puedes seguir a Alberto Vázquez Bragado en Twitter como @BragVazquez

 

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