La perfección del silencio

NIÑO OTRA VEZ

Pocas cosas hay comparables a esos momentos en los que, de súbito, sentimos que cuanto nos rodea se alía con nuestros más íntimos sueños (incluidos deseos que desconocíamos) para que la vida se ponga a nuestro favor sin condiciones.

Son destellos que nos conceden la Plenitud y la Gracia con una fluidez y una armonía ante las que es un gozo perder el control. Por desgracia, más pronto que tarde, esos flechazos acaban invariablemente por sumirnos en la melancólica pregunta: ¿Por qué no es siempre así? Supongo que si siempre lo fuera, esos momentos no serían tan hermosos y arrebatadores, y, por encima de todo, tan importantes y fundamentales.

mv5bzdbhzmvjmdgty2q5ms00ntqzltg5mwutmjgwzwqwndlmmddkxkeyxkfqcgdeqxvymjqzmzqzody40._v1_

Conocía Círculo rojo (Le cercle rouge, 1970) de Jean-Pierre Melville desde antes de verla. Y no sólo porque, camino del colegio, contemplase a diario el inmenso cartel de la película que decoró durante muchos meses la fachada del cine Comedia donde se estrenó y que, como no podía ser de otro modo, invitaba al mocoso de diez años a la ensoñación. Eso no fue más que el principio. Pasaron muchos años hasta que conseguí verla por primera vez en la vieja Filmoteca Española de la calle Mercaders, recinto sacro. Desde esa primera y mística comunión, la he visto un número incontable de veces, pero ya entonces, cuando soñaba con dirigir, supe que era exactamente la película que me hubiese gustado rodar, sin cambiar un solo plano. Si hubiese tenido el talento de Melville, claro. Una de esas raras ocasiones en las que me llegaba desde la pantalla exactamente lo que siempre había esperado encontrar en ella: el sueño hecho realidad, la serenidad de la armonía, el estremecimiento absoluto, el placer sin mácula. Una de esas películas con las que, de repente, la identificación se convierte en conocimiento pleno de uno mismo.

Al igual que en una tragedia, el incontrolable destello se erige en condena deliciosamente fatal. ¿Cómo se agradece entonces al artista no sólo el Genio y la Gracia sino el tesoro de una complicidad secreta e intransferible? ¿Cómo decirle al mundo que mi agradecimiento iba mucho más allá de la admiración? Melville había logrado que el sueño del cine y el amor por ese sueño, que entonces era casi mi única realidad, hicieran saltar por los aires todas las líneas divisorias. Los años pasan y no me canso de ver Círculo rojo, obra maestra inagotable, como no me canso de sentirme vivo y agradecido por el simple hecho de que la película exista.

Y, al igual que con cualquier gran obra de arte, ese es un extraño misterio que no quiero resolver del todo, un placer que quiero prolongar porque me susurra en el alma que no debo desentrañar del todo su secreto y me ruega que me limite a vivirlo en plenitud una y otra vez, sin darle más vueltas.

EL CÍRCULO

Un cielo invernal mecido por un leve viento venido de América cubre con su manto un descampado situado en mitad de la nada, aunque dicen que está a medio camino entre Marsella y París. Dos hombres frente a frente, los zapatos hundidos en el barro. Son Corey (Alain Delon) y Vogel (Gian Maria Volonté). Una mirada y un cigarrillo compartido bastan para transformar el recelo y la amenaza en una sonrisa casi infantil, para convertir un duelo en una complicidad hecha de discreción, pudor y lealtad. Es el nacimiento de un destino compartido, el de dos hombres que creen dirigirse hacia la libertad sin saber que ese encuentro fortuito les precipitará en un opresivo círculo del que sólo podrán salir pagando un alto precio.

Esa misma mañana, Vogel ha saltado por una ventanilla del tren que le llevaba a París custodiado por el comisario Mattei (Bourvil), quien no dudará en utilizar todos los medios a su alcance para atraparlo. En cuanto a Corey, un guardián (Pierre Collet) de la prisión marsellesa de la que acaba de salir le ha hecho partícipe de un plan para atracar una lujosa joyería de la parisina Place Vendôme. En el interior de ese círculo coincidirán también con otros dos hombres, fugitivos de sí mismos, que buscan, cada uno a su modo, una salida. Hombres igual de solitarios, igual de tristes, igual de condenados. Como Jansen (Yves Montand), un policía retirado que huye del alcoholismo en busca de redención, y Santi (François Perier), dueño de un elegante club nocturno frecuentado por los jefazos del hampa, que cree poseer un noble y muy elevado sentido de la lealtad hasta que sucumbe ante uno de los maquiavélicos principios del comisario Mattei: “No hay policía sin delatores”.

Porque este es un círculo en el que conviven policías y ladrones en armonía sin que tengamos nunca demasiado claro quiénes son los unos y quiénes los otros. Este es un círculo sin principio ni fin en el que las presas intentan huir de unos cazadores que, a su vez, caen demasiado a menudo en sus propias trampas; un círculo en el que las mentiras se vuelven verdades y las traiciones callejones sin salida; un círculo en el que nadie es inocente, en el que todos son culpables, incluso los que cumplen con su deber, que no es sino otra forma de cumplir una condena por el pecado original de haber nacido.

EL SILENCIO

El silencio no es lo contrario del ruido. El silencio posee la virtud de imponerse siempre con señorío sobre el sonido, poco importa si se ve interrumpido por el graznido de un cuervo, el eco de un disparo lejano, unos pasos en una calle solitaria, el quejido de un cristal, el estallido de unos ventanales al hacerse trizas o un infatigable y desquiciante zumbido eléctrico.

Síguenos en Facebook

Con el silencio como principal instrumento, Melville supo contarnos cuanto había que saber de la biografía oculta de sus personajes. En silencio observó sus comportamientos cotidianos, en absoluto banales; en silencio retrató sus gestos, no tanto precisos como atrapados con precisión quirúrgica, y sus miradas, cuya profundidad evanescente se disolvía precisamente en el silencio. En silencio supo hacernos partícipes de sus sentimientos y supo atarnos a la butaca para obligarnos a asistir impotentes a su destino, creando el más hermoso sentimiento de solidaridad entre el actor de la tragedia y su espectador.

Jean-Pierre Melville, el mejor cineasta americano de los cineastas franceses, se servía del silencio para provocar el suspense en su estado más puro, creando momentos de tensión tan magnéticos como difícilmente soportables, envolviendo nuestra ansiedad con el manto de la más brutal serenidad. En Círculo rojo, Jean-Pierre Melville, maestro del polar, amante a su francesa manera de un cine negro americano más idealizado que el ideal mismo, nos invitó a ser privilegiados espectadores, y cómplices, de la interpretación de una obra de arte, el atraco perfecto más bello que se ha rodado jamás, ascensión a los crepusculares cielos de un París todo magia y misterio, momento culminante de su obra toda, en el que la sobriedad y la magnificente elegancia de su estilo se ve simbolizada a la perfección en el esmoquin que luce Yves Montand para la ocasión, vestido de gala para protagonizar la ejecución de una obra maestra y celebrar el hermoso momento en que triunfa la voluntad del hombre extraviado sobre su debilidad, la caída que le hizo olvidar por una temporada lúgubre que él es un profesional, al modo de un gran científico o un artista, y no un diletante. Gracias a un delito magistral recupera al ser humano, al hombre que dice adiós con un sorbo aplazado a la piltrafa que habíamos conocido apenas unos minutos antes. El cine de género como elevación del espíritu humano, el cine de género como lección moral, don sólo otorgado a los verdaderos maestros del cine. Jean-Pierre Melville, maestro absoluto del polar francés, maestro absoluto del Cine.

ERUDITO Y NOBLE

Decía el gran José Giovanni que Melville era un maestro del cine pero que, por mucho que se vanagloriase de ello, no conocía tanto como él creía el milieu, el mundo del hampa francés en el que el propio Giovanni había crecido y donde, ocasionalmente, los canallas podían ser unos caballeros andantes y los caballeros, unos canallas. O eso quiere la tradición del noir francés.

Síguenos en Twitter

Poco importa, cuando ese mundo idealizado del maestro, en el que una realidad levemente alterada se convierte en Verdad -que es lo que debería ser siempre el cine-, poblado por hombres graves e impasibles, seres solitarios que se protegen de un invierno perpetuo ataviados con sombreros Stetson y unas gabardinas intemporales en cuyos bolsillos esconden las manos y las pistolas, es capaz de atraparnos y subyugarnos como lo hace gracias al poderoso deseo infantil de un hombre culto y exquisito que quería ser americano sabiendo que no podía, por lo que se hizo radicalmente francés, poseedor de un verbo culto y literario del que supo servirse sin ostentación, resistente contra los nazis durante la Ocupación (experiencia que le marcó profundamente) y creador de un mundo cinematográfico existencialista y trágico, hecho de soledades entrecruzadas, en el que no queremos tanto que ganen los buenos o los malos pierdan como que triunfen los hombres nobles para que merezcan ser llamados humanos y poder así llorar en silencio por la fatalidad de sus inexorables destinos.

Jean-Pierre Melville, el maestro que hizo del cine popular una ceremonia que debe seguirse en respetuoso silencio, única manera de contemplar (y admirar) la nobleza que anida en el alma de unos hombres extraviados que acaban siempre por saber cuál es su destino. Que es el de todos los hombres.

JAVIER ARAZOLA

Síguele en Twitter: @AmbersonsI y en su blog The Magnificent Ambersons

Foto Ataraxia

JAVIER ARAZOLA

(Barcelona, 1961)   A la dirección de cine y la realización de televisión he acabado prefiriendo el oficio de vivir. Enamorado del cine desde siempre me vuelvo a adentrar en esa parte del pasado que viví ante pantallas preferiblemente inmensas, para regresar a un puñado de clásicos inagotables capaces aún hoy de inflamar mi mente, mi corazón y mi espíritu de adulto como lo hicieron cuando yo era un niño al que le gustaba soñar despierto.

A MagazineFranja Patrocinio Patreon & Paypal

1

Patrocina Ataraxia Magazine en PATREON desde 5$ (4,50€) al mes

https://www.patreon.com/ataraxiamagazine

Captura de pantalla 2020-05-12 a las 15.11.03

2

Patrocina Ataraxia Magazine mediante una donación por PayPal

Puedo donar 5 euros

No es necesario tener cuenta abierta en PayPal para utilizar PayPal como plataforma o vía de donación • Si quisieras donar 10 o 15 euros puedes especificar (en la casilla junto al botón) que la cantidad que donas es 2 o 3 veces 5 euros…

5,00 €

Puedo donar 10 euros

No es necesario tener cuenta abierta en PayPal para utilizar PayPal como plataforma o vía de donación • Si quisieras donar 20 o 30 euros puedes especificar (en la casilla junto al botón) que la cantidad que donas es 2 o 3 veces 10 euros…

10,00 €

Puedo donar 20 euros

No es necesario tener cuenta abierta en PayPal para utilizar PayPal como plataforma o vía de donación • Si quisieras donar 40 o 60 euros puedes especificar (en la casilla junto al botón) que la cantidad que donas es 2 o 3 veces 20 euros…

20,00 €

Puedo donar 50 euros

No es necesario tener cuenta abierta en PayPal para utilizar PayPal como plataforma o vía de donación • Si quisieras donar 100 o 150 euros puedes especificar (en la casilla junto al botón) que la cantidad que donas es 2 o 3 veces 50 euros…

50,00 €

3

Patrocina Ataraxia Magazine con 2€ por lectura mensual

Aportaré por la lectura de cada número 2 euros mensuales

Aportaré 2 euros mensuales por leer Ataraxia Magazine, mediante un micropago utilizando PAYPAL (no es necesario tener cuenta en PayPal para efectuar el pago).

2,00 €

A Magazine

email de contacto: ataraxiamagazine@gmail.com

Patrocina AtaraxiaMagazine: https://www.patreon.com/ataraxiamagazine 

Síguenos en Twitter: https://twitter.com/ataraxiamag

Síguenos en Facebook: https://www.facebook.com/ataraxiamagazine

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s