Estrategia totalitaria de la Nueva Izquierda

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Estrategia izquierda

Tolerancia represiva y Escuela de Fráncfort: la estrategia totalitaria de la Nueva Izquierda

 Aspectos generales

Antes de entrar en el fondo del objeto por el que he creído importante escribir y difundir este ensayo, me parece relevante a efectos de comprensión del lector referir a partir de ahora la corrección política como la herramienta de manipulación censora que está en la superficie del fenómeno de tolerancia represiva, concepto psicológico ideado por Herbert Marcuse, ex miembro del Instituto de Investigación Social de la Escuela de Fráncfort, un organismo de ‘’expertos’’ creado para confirmar los prejuicios marxistas de sus autores bajo el aura del psicoanálisis freudiano.

Aunque dicho fenómeno explica otros efectos a nivel social como los de las políticas identitarias, de género o ‘’igualdad’’, la base común del pensamiento humano es el lenguaje: de ahí que el interés de este análisis gravite en la libertad de expresión de ideas y críticas. Disertaré sobre la tolerancia represiva en lo sucesivo por lo que implica de paradójico si tenemos en cuenta las proclamas oficiales de estas políticas públicas y porque la manipulación del lenguaje permite unificar bajo un mismo paraguas a los colectivismos sociales de la Nueva Izquierda.

El lenguaje domina el pensamiento y viceversa; con éste, las emociones y la conducta del individuo. Así, un análisis objetivista del fenómeno de tolerancia represiva nos manifiesta que no es preciso poner el foco en los pasos que llevan a esta alteración del pensamiento, o en los efectos sociales perjudiciales que tiene para la tolerancia rectamente entendida y la libertad de expresión. Lo relevante es hacer un análisis radical, que  nos permite comprender cómo opera el mecanismo causal que da aparición al fenómeno expansivo de tolerancia represiva en las distintas interacciones humanas. Todos os estaréis preguntando, ¿pero exactamente a qué se refiere tolerancia represiva, … qué es eso?, ¿qué relación tiene con la corrección política? ¿qué es la Nueva Izquierda? A continuación, daré respuestas explícitas o implícitas a estas preguntas, y expondré algo sobre las ideas y las condiciones de producción.

Tolerancia represiva, antecedentes, concepto y mecanismo psicológico

Un denodado esfuerzo por comprender el cambio social y la historicidad, como es típico en los pretensos ingenieros y profetas sociales, hicieron que Marcuse desarrollara todo un trabajo crítico sobre Hegel, el marxismo y lo que él llamaba ‘’capitalismo tardío’’. Para ello, recorrió los caminos del obscurantismo historicista, la presunta Teoría Crítica del marxismo, el radicalismo progre y el arte; integró la obra de Freud —distorsionando su valioso significado para la historia de la psicología—, las luchas internacionalistas contra el ”imperialismo” y el Marx de los Manuscritos económicos y filosóficos.

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«Marcuse establece que no se deben tolerar (permitir) todas las opiniones y críticas: solo deben tolerarse aquellas que, desde un punto de vista ideológico izquierdoso, se consideran “liberadoras”.»

Marcuse establece que no se deben tolerar (permitir) todas las opiniones y críticas: solo deben tolerarse aquellas que, desde un punto de vista ideológico izquierdoso, se consideran “liberadoras”. Evidentemente, esto se perfila primero desde el plano cultural y, luego, mediante la imposición estatal forzosa —aterrizo esta idea con lo que está teniendo lugar en España con el tema de la Ley que impone una memoria histórica única partidista usando los resortes del Estado con el fin de resignificar el pasado—. El mecanismo psicológico es, pues, polarizar las visiones en dos ejes, el blanco y el negro: las visiones buenas (las de las proclamas moralistas de la izquierda postmoderna y el establishment creado como efecto de un estado paternalista) y las visiones malas (las que plantean refutaciones, críticas y objeciones, sea desde un punto de vista conservador, liberal o libertario). Así planteadas las cosas, con este juego de distorsión cognitiva, se blindan a la crítica a sus dictados, aunque, por principio de paradoja, ni Marcuse ni los progres e izquierdistas actuales jamás se aplicaron a sí mismos su propia teoría ‘’crítica’’, un asunto cuando menos dudoso en el mejor de los casos, ya que las teorías científicas se han de poder comprobar y tener universalidad absoluta con independencia de a quien se las aplique. Y más: como veremos más adelante, la libertad de expresión es una vía de doble o múltiple sentido.

Sin embargo, el fin de Marcuse y el de sus colegas de la Escuela de Fráncfort nunca fue investigar, sino imponer la transformación de las condiciones sociales de vida en el contexto de una sociedad capitalista opulenta —seguro que esto resuena con las críticas de la Nueva Izquierda que, a diferencia de la Vieja Izquierda, que se enfocaba en la escasez, reivindicaba las fábricas y apostaba por el racionamiento—, condena el ‘’consumismo’’, la ‘’avaricia’’ y la ‘’contaminación’’ industrial como ‘’pecados sociales’’ del mundo industrial del presente; uno de los agentes del neomarxismo, especialmente feroz contra estos tópicos progres, es el Papa Francisco. A la izquierda y a la iglesia vaticana actual les indigna la publicidad, les conmociona la situación de miseria y guerras en otros países, y ven como corrupción el que el capitalismo produzca para las masas, a las que consideran ”incultas” y manipuladas por desalmados capitalistas e inversores.

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Para ejecutar las transformaciones de las condiciones de vida de la sociedad capitalista, los impulsores de esta estrategia colectivista reactivo-reaccionaria encontraron en el lenguaje una poderosa herramienta, puesto que es cierto que el lenguaje crea nuevas realidades, de manera que si se manipula de acuerdo con los cánones de la corrección política, se pueden conseguir resultados a largo plazo: el desplazamiento de ideas da paso a las del colectivismo parcial o totalmente, lo que se traduce en una supresión parcial o total de los medios capitalistas de producción. Las condiciones productivas son el resultado de las ideas que prevalecen en una sociedad.

Acciones, finalidad y libertad de expresión

Este escrito no serviría al compromiso intelectual radical por la libertad frente a la amenaza del nuevo totalitarismo de izquierdas si nos quedáramos en la denuncia y no aceptáramos la existencia de tal amenaza para transformarla en una oportunidad para difundir nuestras ideas y traer el debate al campo de la racionalidad, pues nos encontramos simplemente ante un problema de mala atribución causal —es aquí donde debe centrarse el debate con la izquierda, ya que puede que el liberalismo coincida en los fines, pero no en los medios que proponen los progres para los problemas que magnifican y denuncian—. El propósito consiste en aportaros la contra-herramienta psicológica requerida para identificar la tolerancia represiva, gestionarla adecuadamente (rehumanizar el debate, aceptar la premisa de partida del adversario, acompasar, guiar) y defender la libertad de expresión en sus múltiples sentidos, dimensiones y ámbitos, desvirtuando de esta manera la táctica de estos nuevos reaccionarios. Porque si una cosa hace la tolerancia represiva es levantar muros emocionales brutales entre congéneres (oprimir). Frente a esta estrategia agresiva es útil la asertividad y habilidades como la serenidad, ya que sólo estamos hablando de ideas, y las ideas son abstractas, por muy provocativas que puedan ser. Jordan Peterson, máster contra el postmodernismo y el neomarxismo, psicólogo clínico y profesor de la Universidad de Toronto muestra bien cómo actuar frente a la tolerancia represiva aportando un buen ejemplo en una entrevista que circula por YouTube. En dicha entrevista, cuando la entrevistadora introduce en una de sus preguntas el concepto ‘’masculinidad tóxica’’, en lugar de dar por buena la frase, y dejar que sea ella la que guíe la discusión, antes de responder Peterson le repregunta que a qué se refiere específicamente con ‘’masculinidad tóxica’’. La entrevistadora tartamudeó y, finalmente, no supo qué responder, entró en bloqueo. Él reconduce la entrevista sin entrar en ningún momento en la provocación y sin dar por válido un concepto feminista represor más, de los múltiples inventados por la fraseología ideológica de género.

«Frente a esta estrategia agresiva es útil la asertividad y habilidades como la serenidad, ya que sólo estamos hablando de ideas, y las ideas son abstractas, por muy provocativas que puedan ser.»

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Valga sólo como nota aclaratoria: constantemente estoy señalando a la izquierda, no por razones preferenciales, sino porque es la que fundó y hace uso del fenómeno de tolerancia represiva, cuyo principio teórico se fundamenta en una base neurológica que igualmente podría ser aplicado a cualquier proceso de destrucción cultural de la libertad. De hecho, la tolerancia represiva vendría a ser una forma inversa del prohibicionismo de sociedades ultraconservadoras. No deja de ser un bozal, una muralla a la libertad que debemos derribar con inteligencia y valentía. 

«De hecho, la tolerancia represiva vendría a ser una forma inversa del prohibicionismo de sociedades ultraconservadoras. No deja de ser un bozal, una muralla a la libertad que debemos derribar con inteligencia y valentía.»

La libertad de expresión exige expresar lo que nos agrada, y aceptar la crítica de lo que nos desagrada, moralmente hablando, sin llamar a la policía o sin irnos a querellar al juzgado (tolerancia auténtica), siempre que lo expresado no constituya un ilícito penal, como la incitación al odio, al asesinato… El fin de esta falsa estrategia de liberación de la izquierda, que no es más que eliminar los límites de la tolerancia y el respeto mutuos, es acabar con la libertad de expresión y, por extensión, con la civilización y las libertades en general, porque se parte de la pretensión de estandarizar la moral desde el poder político, tomar los cimientos culturales, desconfigurarlos y adaptar las piezas de la infraestructura al gusto del ingeniero social y convertir la escuela, la academia, la universidad y el arte, en maquinarias impulsoras de un proceso que sólo puede desembarcar y anclar en la dictadura autoritaria; puede que todos hayamos tenido conocimiento de cómo opera el denominado pensamiento único en las interacciones humanas, si no hay alguien que se atreva a desafiar y pagar el coste de la libertad de disensión (que es lo que, en mi opinión, hay que hacer siempre, con respeto, pero con determinación, para impedir que el mal avance).

Es bueno enfatizar que una vez que se aterroriza psicológicamente al individuo, y las élites estatales protegidas por los políticos y las instituciones controlan las ideas que se consumen, o aquellas que se consideran aceptables o las que por el contrario no se estiman como tales, se controla el proceso y las condiciones productivas. (Véase aquí la razón de lo establecido anteriormente sobre la cuestión de la producción). 

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«En nombre de la tolerancia se extingue la tolerancia a cero en una serie de etapas temporales, aparentemente imperceptibles para el hombre común, y de ahí la peligrosidad de un fenómeno diseñado para conducirnos al socialismo.»

En nombre de la tolerancia se extingue la tolerancia a cero en una serie de etapas temporales, aparentemente imperceptibles para el hombre común —ocupado en sus legítimas tareas propias—, y de ahí la peligrosidad de un fenómeno diseñado para conducirnos al socialismo. Karl Popper definió este fenómeno como paradoja de la tolerancia, aunque es cierto que en este caso se habría terminado con la tolerancia en el sentido de la sociedad abierta no por medio de las armas revolucionarias marxistas, pero sí mediante una transformación cultural totalitaria que ha hipnotizado e hipersensibilizado a las masas, ya que, de hecho, la idea de la Escuela de Fráncfort, donde se estructura el principio de tolerancia represiva, fue mezclar elementos de la hipnosis freudiana con la utopía de la emancipación del hombre nuevo del que habla Marx en el Manifiesto Comunista, para, precisamente, suprimir el uso de la guerra civil para imponer el comunismo.

Curiosamente hace aparición la alienación a la que alude el autor del Manifiesto, empero no debido a las condiciones productivas capitalistas, sino gracias al Estado y sus élites privilegiadas actuando sobre las masas; prueba de ello es la psicosis colectiva, el desorden mental socializado que contemporáneamente observamos en el campo de los ismos o en sus diversas formas: ecologismo, feminismo, animalismo, historicismo, etcétera. Todos nos advierten de catástrofes inminentes en sus distintos ámbitos, causadas, en su raíz, por el capitalismo, claro. No hace falta establecer que esto es una falsedad absoluta. Como a fin de cuenta es neurosis, y de ello deriva la megalomanía de los nuevos reaccionarios, apoyada en la evidencia de que siempre, y sin excepción, exigen la intervención estatal para solucionar problemas que, no es que no existan, sino que están súper distorsionados negativamente precisamente porque la neurosis socializada nubla cualquier rastro de pensamiento racional.

Estamos hablando en todo momento de lo mismo: se trata de ideas colectivistas que no se pueden imponer por las vías de persuasión racional, sino a través de estratagemas múltiples como las de la «tolerancia represiva» para fusionarnos a todos en masa en la vuelta a la sociedad tribal a través del dominio y secuestro emocional de las masas. Al abandono del capitalismo industrial, mermado por la persistencia del proteccionismo, para volver al atraso de producir para la supervivencia.

 

ROQUELO LÓPEZ TOLENTINO

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Roquelo López Tolentino

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Hispano-dominicano y austríaco de pensamiento. Militante de la libertad. Defensor de la civilización occidental, el orden espontáneo, la vida, la igualdad jurídica, la propiedad privada, el Estado de Derecho, el gobierno-Estado mínimos, la libre iniciativa de la sociedad y unos mercados libres. Me considero un convencido de la importancia de la tecnología para, mediante la cultura, la psicología, la ciencia, la historia, la comunicación y la filosofía, defender con pasión y razón la libertad, y luchar contra las nuevas ideas en que vuelve a aparecer el colectivismo en el siglo XXI. El libre comercio internacional es la mejor herramienta para acabar con las guerras, las dictaduras, y disminuir la pobreza en el mundo.


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