Plebiscito o involución

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Plebiscito o involución

Plantilla Jorge Sánchez de CastroEl día en que Pedro Sánchez fue investido Presidente publiqué en Ataraxia Magazine un artículo donde intenté demostrar que es un gobernante ilegítimo mientras no convoque un plebiscito sobre el Gobierno de Coalición que antes de las elecciones aseguró que intranquilizaría al 95% de los españoles.

Vuelvo hoy sobre el asunto en estas páginas —y también simultáneamente en las de La Paseata— no tanto por la polémica generada sino para aclarar lo que significa un plebiscito, pues he encontrado en los que se reclaman liberales una resistencia que creo se basa en un prejuicio.

Esencialmente se ataca al plebiscito porque es considerado un instrumento del populismo, es decir, una exaltación del idealismo y las emociones frente a la defensa de los intereses racionales que debe ser la guía de la política representativa del Parlamento.

Pero cabría recordar que la Constitución Española, por ejemplo, se aprobó mediante un plebiscito. Por tanto, ¿la Carta Magna no debió someterse a la aprobación del pueblo?

Rechazar de raíz los referendos supone eliminar la posibilidad de que los ciudadanos en su totalidad puedan decidir sobre una cuestión de especial trascendencia. ¿Todo debe ser resuelto por el Parlamento, entonces?

Si fuese así, una eventual reforma constitucional podría ser pactada por los partidos y el pueblo no tendría derecho a ser consultado.

Sin embargo, el plebiscito está regulado en el artículo 92 de la Constitución.

Por tanto, es tan constitucional como el resto de títulos y capítulos que componen su articulado, y su regulación es la prueba de que el legislador previó su oportunidad.

«El plebiscito está regulado en el artículo 92 de la Constitución. Por tanto, es tan constitucional como el resto de títulos y capítulos que componen su articulado»

Si ha quedado acreditado con el mero hecho de la aprobación de la Constitución en plebiscito que éste tiene una clara función democrática que no tiene que ser confundida necesariamente con el populismo considerado en su acepción despectiva, cabe añadir que el procedimiento para su celebración no es fácil.

Debe ser convocado por el Rey, a petición del Presidente de Gobierno y con la autorización del Congreso, aunque ello no ha sido óbice para que se hayan convocado “de facto” plebiscitos en varias ocasiones.

Véanse las elecciones al Parlamento de Cataluña el 21 de diciembre de 2017.

Aclaremos que técnicamente las elecciones no tienen nada que ver con un plebiscito, pues éste consiste simplemente en responder sí o no a una pregunta, mientras que en las elecciones concurre un abanico amplio de partidos con distintas ofertas programáticas.

En el plebiscito se decide (sí o no) mientras en las elecciones se elige (éste, ése, aquél).

Ahora bien, los políticos que no pueden convocar plebiscitos porque carecen de la competencia legal, lo que hacen es convertir las elecciones en plebiscitos.

Así, las últimas elecciones al Parlament donde lo que se elegía eran diputados, se celebraron explícitamente con la finalidad de que su resultado se interpretase como un plebiscito (sí o no a la independencia de Cataluña).

«Las últimas elecciones al Parlament donde lo que se elegía eran diputados, se celebraron  explícitamente con la finalidad de que su resultado se interpretase como un plebiscito»

Por tanto, los referendos se convocan “de facto” sin rubor y los ciudadanos votan en elecciones como si fueran plebiscitos.

Con estos datos llegamos al asunto que nos ocupa: Pedro Sánchez y las elecciones generales o legislativas del 10 de noviembre que nos han traído de matute un Gobierno de Coalición frentepopulista.

A resulta de éstas he de advertir a los enemigos de los referendos que han pasado por nuestras narices dos plebiscitos, dos.

Uno fueron las consultas que se hicieron a las denominadas “bases” de los partidos ERC, PSOE, Bildu, Unidas Podemos… después de las elecciones, con la finalidad de que convalidasen el Gobierno de Coalición o la abstención a la investidura de Pedro Sánchez.

Aunque ya lo desarrollé en el anterior artículo, baste recordar que los afiliados de los partidos con derecho a voto debieron decidir si ratificaban los pactos de sus dirigentes, por lo que los plebiscitos se convirtieron en condición “sine qua non” para celebrar el Gobierno de Coalición.

«El primer y principal plebiscito ocurrió, sin saberlo hasta que el Presidente del Gobierno nos lo descubrió en su discurso de investidura»

Pero el primer y principal plebiscito ocurrió, sin saberlo hasta que el Presidente del Gobierno nos lo descubrió en su discurso de investidura, el mismo día en que se celebraron las elecciones legislativas del 10 de noviembre. Es decir, por arte de birlibirloque, las últimas elecciones fueron, Sánchez dixit, un plebiscito a una “coalición progresista” (sic).

¿No quieres plebiscitos? 

¡Pues toma varias tazas! 

Una antes de las elecciones (“como dijimos antes de las elecciones del 10 de noviembre, en un plazo de 48 horas alcanzamos un preacuerdo para constituir una coalición progresista con Unidas Podemos a quienes agradezco su apoyo”) y varias tazas más de plebiscito el mismo día de las elecciones (“nos abrimos en julio a un Gobierno de Coalición con Unidas Podemos, y esa negociación no fructificó. Pero sirve de poco señalar las culpas. Es más útil volver a intentarlo sobre nuevas bases (…) Y ESO HICIMOS PORQUE ESO ES LO QUE NOS PIDIERON LOS ESPAÑOLES Y LAS ESPAÑOLAS EL PASADO 10 DE NOVIEMBRE (?) Eso hicimos. Y acordamos lo que no había sido posible meses antes: unir nuestras fuerzas en una coalición progresista que funcionará como un Gobienro unido (…)”. “Los españoles han votado Gobierno, no han votado bloqueo, no han votado parálisis”). Ver desde el minuto 8:32 al 10:13 de su discurso de investidura.

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Ahora bien, el hecho de que el pueblo se entere por su Presidente DESPUÉS de haber votado en unas elecciones legislativas que no, ¡que lo que ha votado ha sido un plebiscito!, ¡una coalición progresista con Unidas Podemos apoyada por los independentistas de toda condición! supone un fraude monumental a todos los ciudadanos. 

El engaño de Sánchez no tiene parangón en la reciente historia del país. 

Recordemos que los dirigentes independentistas catalanes han venido manifestando de forma pública desde 2012 que las elecciones autonómicas catalanas eran plebiscitos. Es decir, los catalanes sabían antes de votar cómo iban a ser interpretados los resultados de las elecciones: sí o no a la independencia.

«Unas elecciones legislativas para la elección de representantes, en realidad han sido un plebiscito sobre sí o no a un Frente Popular»

Sánchez, por contra, es el primer político que ¡después de que el pueblo ha votado! declara que unas elecciones legislativas para la elección de representantes, en realidad han sido un plebiscito sobre sí o no a un Frente Popular. 

Con un añadido esencial. El Presidente que hizo campaña por el “no” a la “coalición progresista” porque él y el 95% de los españoles (lo que incluye a sus votantes) no dormiría por las noches si se diera ese supuesto, una vez celebradas las elecciones considera que el pueblo ha dicho “sí” al Frente Popular y constituye un Gobierno de Coalición no sólo con los comunistas sino también con los separatistas. 

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Lo ocurrido es un auténtico trile porque resulta difícil o casi imposible descubrir la estafa al concurrir dos trampas sucesivas: unas elecciones (elección de representantes) transformadas a posteriori en plebiscito (decidir sí o no a una pregunta concreta) y considerar que el resultado del plebiscito fue la victoria del Gobierno de Coalición que el actual Presidente afirmó antes de las elecciones que provocaría el insomnio de la práctica totalidad de los españoles.  

El tahúr es tan fantástico que el pueblo anda buscando todavía dónde ésta la bolita y va yendo de un lado para otro, sonado, entre manifestaciones y concentraciones, preguntándose qué ha pasado y qué puede hacer.

Lo ocurrido no es comparable ni con los sucesos del año 1931. 

Si en las elecciones municipales del 12 de abril de aquél año el pueblo se acostó monárquico y se levantó republicano, en las elecciones legislativas del 10 de noviembre de 2019 el pueblo fue a votar con la garantía de que la mayoría absoluta de los representantes que teóricamente iba a elegir no formarían un Gobierno que dejase intranquilo al 95% de la población, y se levantó descubriendo que en realidad había participado en un plebiscito en el que ganó el sí a un Frente Popular apoyado por los independentistas, esto es, que había elegido el Gobierno que no dejaría dormir ni siquiera a los propios votantes socialistas, según constató antes de las elecciones el ya Presidente de Gobierno. 

«En las elecciones del 10 de noviembre el hoy Presidente reconoció urbi et orbi que la práctica totalidad de los españoles no estarían conformes con un Gobierno como el que él ha perpetrado»

Y digo que lo ocurrido no puede compararse con los sucesos del 31 porque en éstos los resultados mostraron una clara división por mitades entre las ciudades y las zonas rurales. Sin embargo, en las elecciones del 10 de noviembre el hoy Presidente reconoció urbi et orbi que la práctica totalidad de los españoles no estarían conformes con un Gobierno como el que él ha perpetrado. A pesar de ello, en menos de 48 horas desde la celebración de las elecciones informó a la ciudadanía del pacto con Unidas Podemos, sin dar la oportunidad a otras posibles fórmulas de Gobierno que permitiesen al pueblo dormir, por ejemplo, un acuerdo de legislatura entre PP y PSOE para apartar a los populares de VOX, que parece ser una preocupación de Sánchez, según expresó en su discurso de investidura. 

Pero la mentira no resulta inocua en política. Ni mucho menos. 

Si después del 31 España convulsionó durante años hasta terminar en una guerra civil, las mentiras de Sánchez tendrán consecuencias políticas inmediatas en cuanto el pueblo, en el que se encuentran sus simpatizantes, tome conciencia del fraude histórico.

Por ello, si fuera consejero áulico de Sánchez le recomendaría que convocase un plebiscito sobre el Gobierno del Frente Popular para curarse en salud en cuanto empiece la movilización cívica al respecto, pues el engaño masivo al pueblo sólo puede ser salvado (lo siento por mis amigos liberales y sus prejuicios) si el pueblo perdona al mentiroso en un plebiscito “ad hoc” en el que venza y demuestre su legitimidad.

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Los sistemas políticos deben su fortaleza o solidez a esos “genios invisibles de la ciudad” (Guglielmo Ferrero) llamados legitimidad, que no es otra cosa que el consentimiento socialmente reconocido.  

A día de la fecha, y por mucho que insista su Presidente, el Gobierno de “coalición progresista” no puede presumir de tener ese “consentimiento socialmente reconocido”, por la simple razón de que el pueblo vio traicionada la confianza que le prestó al candidato Sánchez en cuanto éste, para ser Presidente, hizo lo que se negó a hacer en verano y confirmó en la campaña electoral del 10-N que no haría: un Frente Popular.     

Por tanto, no puede quejarse de que unos y otros le recuerden su falta de legitimidad hasta que obtenga el refrendo a su Gobierno en un plebiscito.    

Coda para bienintencionados:

Una de las consecuencias de la conversión a posteriori por obra de Sánchez de las elecciones legislativas del 10 de noviembre en plebiscito sobre el Gobierno de Coalición progresista, es haber derogado “de facto” el más poderoso instrumento parlamentario para el control del Gobierno, esto es, la moción de censura.

Si según él ha sido elegido por el pueblo en plebiscito, ¿quién es el Congreso para deponer al Presidente?

Llegado el caso de una moción de censura, no dudo que éste será su argumento y el de Unidas Podemos para lanzarse a la calle y declarar ilegítimo el Parlamento con objeto de forzar un plebiscito a favor del Gobierno del Frente Popular.

Por paradójico que resulte, a los defensores de la Constitución de 1978, que ha sido declarada disuelta y liquidada por Sánchez y los partidos que le apoyan, sólo les queda un baluarte: la movilización por la convocatoria de un plebiscito sobre el Gobierno de Coalición y ganarlo.

El pueblo debe entenderlo y elegir. Mis compatriotas liberales y bienintencionados de todo color político, también.

Jorge Sánchez de Castro-FirmaPuedes seguir a Jorge Sánchez de Castro Calderón en Twitter y también en su blog «El único Paraíso es el fiscal»

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Jorge Sánchez de Castro Calderón

Estuve en la Facultad de CC. Políticas de la Complutense antes que Pablo Iglesias. Allí vi a gente de lo más variopinta… Un miembro de la Casa Real; un magistrado del Tribunal Supremo, que me anunció dónde iba a llegar, y hasta un gran maestro marxista que mudó en consejero “black”. También conocí a Tocqueville, a Marx, a Maquiavelo y al sabio español Dalmacio Negro. Incluso a Kelsen y Carl Schmitt, cuya disputa intelectual creo que ganó Don Carl. Si con esto no les basta, les invito a entrar en Ataraxia Magazine o en mi página “El único paraíso es el fiscal”.
 

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