Miénteme otra vez

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Como ustedes recordarán, ya que doy por hecho que se han leído y releído varias veces el artículo que publicamos en Abril de este año, titulado “Miénteme Pinocho”, allí se hablaba de los programas económicos de los cinco principales partidos que se presentaban en las elecciones del 28 de Abril. Y se analizaba la probabilidad de llevar a cabo las diferentes propuestas económicas de cada partido.

En el mes de Julio publicábamos otro artículo titulado “Pactos Econodestructivos”, donde se intentaba explicar el daño que determinados pactos (PSOE-UP) podían hacer a la economía española y a su proyección internacional.

Pues bien. Volvemos al punto de partida y nos volvemos a enfrentar a unas nuevas elecciones, las cuartas en cuatro años, con los mismos programas electorales y los mismos protagonistas de las últimas del 28 de Abril.

En esta ocasión, la gran diferencia es que desde que el PSOE ganara la moción de censura, apoyado por todos los enemigos de España, y desde las elecciones de abril de 2019, el panorama económico, tanto nacional como internacional, se ha deteriorado sustancialmente. Ahora entra en juego como factor muy relevante, la desaceleración económica global en la decisión del voto futuro.

En este periodo, hemos podido ver el talante y forma de actuar de los candidatos que se vuelven a presentar a estas elecciones, lo que nos debería ayudar en la decisión de a quién votar en esta ocasión. Pero todos sabemos que, al final, y llegado el momento de votar, seguramente primará más la ideología que la experiencia adquirida en estos meses, y nos podemos encontrar en una situación similar a la resultante del 28A. O puede que no. Podría ser que los españoles demostremos que aprendemos de los errores, y seamos capaces de dar soluciones con nuestros votos a la incapacidad resolutiva de nuestros políticos.

Mejor sin gobierno que un gobierno “Frankenstein”.

Así es. Y mejor unas nuevas elecciones, que abocar a España a un negro futuro económico, de implementarse las propuestas presentadas como “progresistas” por el PSOE y por Unidas Podemos. Las que se han podido llevar a cabo, ya están dejando secuelas importantes en los indicadores económicos, como se ve en el ritmo decreciente en la creación de empleo, los mayores costes en cotizaciones para las empresas, la menor recaudación impositiva (tipo medio efectivo del IRPF), así como en la actividad industrial y la exportadora, en la demanda interna y la inversión.

La falta de gobierno ha hecho que sigamos prorrogando los Presupuestos de Montoro (sí, sí, los del PP), el cual debería de ir a la SGAE y pedir derechos de autor por el uso de su marca. Añadir que el Programa de Estabilidad que el Gobierno presentó en Bruselas y que en su día cuestionó el Ejecutivo comunitario, ya hace aguas en sus objetivos. Especialmente después de las últimas revisiones, a la baja, del INE, de cifras macroeconómicas publicadas.

Bruselas sigue poniendo en duda la capacidad de España de bajar el déficit y la deuda, y especialmente que se pueda mantener el ritmo de creación de empleo. Ya lo estamos viendo con los datos de agosto, donde se produjo la mayor subida del paro desde 2010, unida a una caída de afiliaciones a la Seguridad Social de más de 210.000 personas. En términos interanuales la creación de empleo ha bajado a tasas de crecimiento ligeramente por encima del 2% (casi 1.5 puntos de caída en 12 meses).

La pregunta esta vez es: qué factores valorarán más los ciudadanos en estas elecciones.

Hasta el día de votar, tendremos por delante la sentencia del 1 de octubre y el Brexit, como acontecimientos más relevantes. La guerra comercial USA-China y las tensiones con Irán también seguirán de fondo provocando oscilaciones en el precio del petróleo, vital para la economía española. Además, las variables económicas irán deteriorándose, con el añadido de que Alemania podría entrar en recesión técnica el próximo trimestre.

Necesitamos un gobierno estable y duradero. No debemos perder más inversión extranjera y erosionar nuestra posición de relativo privilegio frente al resto de economías europeas. La inversión extranjera en España ha caído un 63% en el primer semestre de 2019, lo que implica unos 17.600 millones de euros menos que el mismo periodo de 2018. A esto hay que añadir la reciente encuesta del primer semestre del 2019 a los empresarios, donde la confianza ha caído a mínimos de los últimos seis años.

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No pretendo cansarles con cifras y números que ya ustedes padecen en su día a día, así que me centraré más en elementos cualitativos que cuantitativos, y principalmente en la incidencia de la política en la economía.

Tras el fracaso de las negociaciones (por llamarles algo) entre PSOE y UP para formar un gobierno de coalición, hemos podido ver lo que realmente importa a nuestros políticos. El poder y el sillón, así como las prebendas derivadas de ostentarlo. Han demostrado una nula capacidad de negociación, y sobre todo un ego del tamaño de los “menhires de Obélix”. Lo de sacrificarse por el país, que lo hagan otros.

Por otro lado, hemos vivido las tensas relaciones entre PP y Ciudadanos en las diferentes Comunidades y Ayuntamientos donde han conseguido gobernar, mientras VOX miraba desde la distancia cómo le pedían “casi” gratis sus votos.

El PP de Casado intenta reconstruir un partido muy dañado, con nuevos responsables, para alejarse de la sombra de la corrupción. Sin embargo, la sombra de imputación a Aguirre y Cifuentes, así como la persecución mediática a Isabel Diaz Ayuso por el caso Avalmadrid, puede complicar el horizonte electoral.

Ciudadanos ve como se les va desmoronando el organigrama con la fuga de personas relevantes del partido, desde la decisión de establecer una línea roja a las negociaciones con el PSOE. Como golpe de efecto, a última hora, sorprende con una propuesta al PSOE poco eficiente, más con la intención de poder decir, “yo lo intenté”, que de llegar a ninguna posible coalición de gobierno. Rivera, más conocido por “el veleta”, sigue intentando ser el líder de la derecha, sin asumir que probablemente nunca lo consiga.

El PSOE, que controla los principales medios de comunicación, sigue en su campaña de potenciar las noticias que penalicen al PP (Aguirre, Cifuentes) y a Cs, mientras silencia todo aquello que pueda afectarles (EREs, corrupción, tesis, pactos indecentes, etcétera). Lo que seguirá siendo clave en estas elecciones de noviembre. La maquinaria mediática funcionará a pleno rendimiento, pero habrá que ver hasta dónde son capaces de convencer esta vez.

Siempre podremos recurrir a la “maldita” hemeroteca, que nos recordará las múltiples hipocresías maquinadas para llegar al poder y mantenerse en él. Pedro Sánchez es un auténtico especialista y protagonista de las mismas, e Iglesias le sigue a la zaga. El dicho de “donde dije digo…” según me convenga, ha sido una máxima en estos últimos 15 meses.

Para darle más ritmo si cabe a estas elecciones, parece que Iñigo Errejón podría presentar candidatura a nivel nacional, y Risto Mejide también crea un partido político para presentarse como candidato. Tenemos que reconocer que España sigue siendo diferente. No nos falta de nada y nos aburrimos porque queremos. ¿Se imaginan a Marta Flich de Vicepresidenta del Gobierno?

Es evidente que necesitamos un gobierno estable cuanto antes. Constitucionalista para poder enfrentarse a los envites de los nacionalistas, no sólo en Cataluña y en el País Vasco, sino en el creciente movimiento independentista que va arraigando en Valencia, Baleares, Galicia, Navarra… etc. Con alto componente técnico y enfocado mucho en los problemas estructurales de nuestra economía, como por ejemplo, las pensiones, el empleo, el déficit y la asfixiante deuda pública. Un gobierno de enfoque internacional, que sea capaz de negociar y potenciar la marca España no sólo en la UE sino también con las grandes potencias como EEUU y China. Que esté preparado para la innovación tecnológica y la globalización, un tren que Europa ha perdido claramente. Un ejecutivo con la valentía necesaria para enfrentarse a la actual estructura ineficiente de las CCAA, cuya financiación es insostenible y el creciente aparato público. Con capacidad de gestionar el problema de la inmigración, especialmente la ilegal. Que centralice las competencias en educación, en sanidad, garantice la seguridad y preserve la igualdad de los ciudadanos en todo el territorio nacional. Y que sea capaz de generar confianza para atraer nueva inversión y el talento que tanto necesitamos. O sea, casi nada. Tenemos la casa “manga por hombro”.

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Casado habla de una coalición del votante de derechas en “España Suma”, hoy por hoy bastante poco realizable. Idealmente es una buena idea y permitiría concentrar el voto de la derecha para conseguir una mayoría y formar gobierno. Pero ni Vox ni C’s están por la labor. Como alternativa, sí podrían hacerlo en determinados territorios y circunscripciones donde un puñado de votos decidiría la balanza hacia el bloque de derechas. Eso podría ser muy eficaz para arañar escaños perdidos en las últimas elecciones debido a la fragmentación del voto.

Una vez más, la tendencia de las encuestas parece que fortalecen de nuevo el bipartidismo, en detrimento de CS, UP y VOX. O al menos eso sugiere. El PSOE fagocitaría a UP y el PP recogería el voto desencantado de los que votaron a C’s y quizás algunos de los que apostaron por VOX, que sin estar decepcionados, podrían volver al voto defensivo en esta ocasión. La aparición de Errejón debilitaría aún más a UP y fragmentaría el voto en la izquierda, al igual que ya pasó con la aparición de VOX en las últimas elecciones.

Sin embargo, y a tenor de los acontecimientos vividos recientemente y el espectáculo ofrecido por todos ellos en las diferentes negociaciones, tiendo a pensar que al final el voto se decidirá de forma mucho más pragmática que visceral. Hay mucho en juego y los españoles se empiezan a dar cuenta. En esta ocasión la desaceleración económica aparece como un factor diferencial respecto de las elecciones de Abril. Todos los organismos tanto nacionales como internacionales, OCDE, Banco de España, FMI, la propia AIReF, y muy recientemente el INE, están avisando que el enfriamiento económico es mayor de lo estimado, y que además empezó antes de lo que se creía.

Veremos si los partidos son capaces de modificar y adaptar sus propuestas económicas incluidas en los programas del 28A, al nuevo entorno económico en el que nos moveremos de aquí a noviembre.

El PSOE parece insistir en seguir incrementando la carga fiscal, aumentar el gasto público indiscriminadamente, y seguir subiendo el SMI, las pensiones y los sueldos de los funcionarios. Unas medidas de alto corte social y populistas, pero poco efectivas en el contexto actual y con consecuencias muy negativas ante los grandes desequilibrios que ya padecemos. Es lo que ahora llaman programa “progresista”. Se contempla, por ejemplo, doblar la recaudación por IRPF en un periodo de cuatro años, como así presentaron en el último documento conocido. Más impuestos a las empresas, especialmente financieras y tecnológicas, así como un variado abanico de tasas de todos los tipos. De hecho, anuncia aprobar por Real Decreto un total de 7.500 millones de euros, para incrementar las pensiones conforme al IPC y adelantar las entregas a cuenta a las CCAA. Un caladero de 9.5 millones de votos sólo de los pensionistas. Aunque hay que reconocer que en el último documento de las 370 medidas propuestas, han camuflado y escondido muchas de ellas en el cajón, cara a estas nuevas elecciones.

En la misma medida se pronuncian UP, con propuestas de aumentos incluso algo más elevadas que las que propone el PSOE. Por eso recibió la medalla de oro en el “Pinochometro”.

El PP, siguiendo la estela de su política en la CAM, Andalucía y Murcia, aboga por menor presión fiscal y políticas que incentiven la creación de empleo y la mayor productividad en las empresas sin dar grandes detalles. Sin embargo, en la CAM y en el Ayuntamiento de Madrid se ha retrasado la anunciada bajada fiscal debido a la coyuntura actual. Deberá hacer un esfuerzo en esta campaña, para dejar muy claro sus propuestas concretas en pensiones y reducción del déficit público, así como el control del gasto y el problema de financiación de las CCAA. El nuevo responsable económico, Mario Garcés, Inspector de Hacienda pero con poca experiencia en política, será el responsable del programa económico.

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Ciudadanos sigue sin concretar nada en materia económica, y sigue en su deriva ideológica más que en la presentación de medidas económicas concretas. Como ya comentamos en artículos anteriores, sus propuestas en el programa se reducen a una hoja y media de extensión. Después de las salidas de Toni Roldán y Francisco de la Torre del partido y la marcha de Luis Garicano a Europa, el partido se ha quedado huérfano de expertos económicos para este nuevo reto electoral. Marcos de Quinto viene a intentar cubrir ese vacío.

El programa de VOX, siendo el más completo y exhaustivo en materia económica, sin embargo, sus dirigentes han preferido defender temas más sociales y de ruido mediático en su discurso, dejando algo de lado los problemas estructurales que acechan a la economía española. Deberían hacer mucho más hincapié en el enfoque económico de su programa ante la deriva actual de la situación y demostrar la futura eficacia de sus políticas.

Para alivio de todos los ciudadanos, esta campaña será más corta que las anteriores, con ocho días de duración. Si bien es cierto que el PSOE lleva de campaña quince meses, incluso haciendo uso de las instituciones para sus intereses de partido. El coste económico de estas elecciones no será menor a las anteriores, y habrá que aprobar una línea extraordinaria para su financiación. Recordemos que seguimos con los presupuestos prorrogados de Montoro, que obviamente no contemplaban esta “fiesta” democrática que estamos viviendo.

De las posibles opciones que nos dará esta cita a las urnas, la posibilidad de que el resultado permitiese la formación de un gobierno del llamado “España Suma”, sería como ya hemos reiterado en muchas ocasiones, la alternativa mejor recibida por los mercados, inversores y agentes económicos. Devolvería la calma a las bolsas, alejaría los fantasmas de potenciales medidas populistas y permitiría devolver la confianza en la economía española. Garantizaría la elaboración y aprobación de unos Presupuestos acordes a la realidad, que sería muy bien recibido por las autoridades europeas y agencias de rating.

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La segunda opción probable es que el bipartidismo resurja, y que el PP y el PSOE opten por una solución disruptiva y formen gobierno al estilo alemán, siempre y cuando llegasen a la mayoría absoluta. Escenario no descartable y que de hecho, en algunos mentideros se ha venido ya comentando. La abstención jugará un papel fundamental en estas elecciones, y podría beneficiar al PP para recuperar parte de lo perdido. El voto útil podría beneficiar a ambos partidos, en detrimento de CS, UP y VOX.

Las opciones de un binomio o coalición de gobierno del PSOE-CS parecen más alejadas de contar con mayorías suficientes si nos atenemos a las encuestas. Si bien la opción PSOE-CS tampoco sería mal recibida. De hecho, era la principal apuesta en los anteriores comicios, hasta que Rivera puso las líneas rojas con el PSOE, especialmente a raíz de los acuerdos cerrados en Navarra y en otros municipios de Cataluña.

En el caso de una coalición PSOE-UP como hemos comprobado recientemente, además de no llegar a esa mayoría suficiente, tendrían que recurrir a los partidos separatistas o filoetarras para su conformación. Este sería el escenario menos deseable por la mayoría de los ciudadanos, y mucho menos aún por los mercados y los inversores. Pondría en cuestión la estabilidad regulatoria en el país y dañaría seriamente la imagen de España a nivel internacional.

Una última opción sería la posibilidad de la formación de un gobierno del bloque de la izquierda, con la aparición del partido de Iñigo Errejón. Es un juego de suma cero ya que lo normal es que ese nuevo partido arañe votos a UP y al PSOE, impidiendo de esa manera llegar a mayorías suficientes para gobernar. Si ya ha sido difícil el entendimiento entre Sánchez e Iglesias, la introducción de Errejón en la negociación promete. Eso sí, no faltarían croquetas y magdalenas para todos.

En definitiva, ojalá que los españoles hayamos aprendido de la experiencia de estos últimos años y especialmente de estos últimos meses. Muchas caretas han caído y hemos podido evaluar la capacidad de gobernar y gestionar de los actuales dirigentes políticos. Ya nadie puede llevarse a engaño. Esto es lo que hay. Y ahora que parece que el bolsillo se va a ver más amenazado por la desaceleración económica y entramos en una fase de incertidumbre y falta de confianza en la economía, el votante tiene que decidir aquella opción que mejor preserve y defienda sus intereses, su empleo y su patrimonio.

“Alea jacta est”. Yo lo tengo muy claro. Como en la gestión de carteras, uno tiene que elegir su perfil de inversión, bien conservador, moderado o agresivo, y asumir las consecuencias. Esto es lo mismo, aunque las decisiones sobre sus ahorros las depositen en manos de otros que les cobran una alta factura por hacerlo, sin posibilidad de negociación. Así que voten, en sus manos está. Decidan lo que decidan, póngale una vela al santo y recen lo que sepan.

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Álvaro Shares es un licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por el CEU y la Universidad Autónoma de Madrid, que ha sobrevivido a 31 años de experiencia en la bolsa española, en firmas de primera fila del sector financiero como JP Morgan o BBVA, entre otras. Desde el año 86 ha visto y seguido la evolución del profundo cambio que han sufrido los mercados hasta la actualidad. Desde el crash del 87 hasta el Brexit del 2016, así como la evolución tecnológica y el desarrollo de nuevas alternativas de inversión, siempre de la mano de los principales inversores nacionales e internacionales. Mucho mundo a sus espaldas y muchos viajes con los principales directivos de las compañías españolas. Y con ganas de seguir aprendiendo.


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