El secreto de la vida

Sombra de Clío

El secreto de la vida

En el momento en que la Ciencia se diversifica y especializa, cobra gran importancia el análisis del hombre desde el punto de vista biológico y antropológico. No voy a ocuparme aquí del gran avance de la biología como tal, que impulsaron hombres ilustres como el mismísimo inventor del término biología, el francés Jean-Baptiste Lamarck en el siglo XVIII, o el británico Charles Darwin en el siglo XIX con su teoría de la evolución, simplemente pretendo recordarlos como los primeros exploradores de los seres vivos y, por lo tanto, precursores de la idea “de dónde venimos y hacia dónde vamos”.

En tal sentido, el primero que dio un salto cualitativo en la búsqueda del secreto de la vida fue el monje austriaco Mendel hacia la segunda mitad del siglo XIX con sus trabajos conocidos por las “leyes de Mendel” o la “teoría de los guisantes”, que apenas tuvieron atención ni repercusión en su época. También es importante tener en cuenta no solo los aspectos biológicos y genéticos a través de la Historia, sino también los culturales y de género.

Evelyn Fox Keller, Física norteamericana nacida en 1936 y reconocida feminista, trabajando como profesora de Historia y Filosofía de la Ciencia en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, describe con claridad la historia de esta “revolución genética” que representa una nueva era en la Biología.

Por otro lado, la profesora Mª Dolores Ochando de la Universidad Complutense de Madrid, escribía un interesante artículo sobre Genética y género que pone al descubierto la evolución del género humano desde el punto de vista genético, ambiental y, sobre todo, cultural.

Fue en el año 1900 cuando fueron redescubiertos los trabajos de Mendel por tres botánicos en paralelo… Hugo De Vries, Carl Correns y Erich von Tschermak, readaptando las teorías de Mendel al nuevo entorno cultural y científico. Posteriormente Wilhelm Johannsen inventaría el término gen, tomándolo de la última sílaba de los pangenes de De Vries, y es en esos momentos cuando se puede considerar el nacimiento de la Genética, como afirma la bióloga Ochando: «La genética es una ciencia relativamente joven que ha revolucionado el mundo del conocimiento… la adquisición de información en las últimas décadas, causan vértigo…» La genética se ocupa del aspecto más profundo y a la vez más primitivo de la vida que es la herencia biológica, y por lo tanto “el origen de la vida” y su transmisión puede entrar en contradicción con otras disciplinas que se ocupan del “conocimiento del hombre”, como pueden ser la medicina y algunas ciencias sociales, sobre todo la psicología y la filosofía. Pero, como dice Richards Dawkins en El gen egoísta, “El hombre es, entre los animales, el único dominado por la cultura”; otra cosa será el debate de si los genes son más importantes o menos que la “cultura”, en el análisis de la naturaleza humana.

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Todas las células de los seres vivos tienen un pequeño lugar en su interior llamado núcleo, en el que se guarda el material genético donde se encuentra el ADN. Pues bien, un gen sería como un pequeño segmento de ese ADN capaz de ordenar a las enzimas la producción de una proteína específica. En realidad, las instrucciones necesarias para crear un ser humano se pueden describir con cuatro letras químicas, en parejas (A, T) y (C, G) que forman un par de bases (adenina, timina) y (citosina, guanina) que forman otro par y son bases nitrogenadas del ácido nucleico —ADN y ARN—. En tal sentido el genoma humano está compuesto por unos tres millones de pares. Los genes están formados por cientos de miles de bases como las comentadas, que forman la matriz encargada de la fabricación de todas las proteínas causantes de producir las características esenciales de las células de los organismos correspondientes. Para situarnos, se puede decir que el cuerpo humano está formado por unos 100 billones de células, y cada célula contiene unos 30.000 genes que se distribuyen en una especie de cápsulas que son los cromosomas. Así mismo, existe el ADN que corresponde a las iniciales del ácido desoxirribonucleico presente en una molécula gigante o macromolécula que contiene la información genética y hereditaria de los seres vivos. El genoma humano es un conjunto de 23 cromosomas, más una réplica o copia exacta de cada uno. Dentro de los 23 pares, se encontraría un par de cromosomas sexuales, correspondiente al hombre y otro a la mujer. En resumen, 46 cromosomas por individuo; lo cual significa que cada ser humano tiene 23 cromosomas provenientes del hombre y otros 23 provenientes de la mujer.

En el mismo sentido, el divulgador científico británico, Richard Dawkins, hace una sutil abstracción para que sea más comprensible lo anterior: «En algún punto, una molécula especialmente notable se formó por accidente. La denominaremos el replicador. No tuvo que ser, necesariamente, la más grande o la más compleja de todas las moléculas, pero tenía la extraordinaria propiedad de poder crear copias de sí misma.» Sobre dicho aspecto, hay que tener en cuenta que el ADN no crea la materia de la nada, lo que hace es dirigir la construcción de un ser vivo con arreglo a unos planos, es decir: la información facilitada por un genotipo no es otra cosa que el conjunto de genes o factores hereditarios que posee un individuo determinado dentro de su especie, que al traducirla en características del organismo, nos lleva a apreciar unos rasgos fisiológicos, anatómicos e incluso de color de ojos y comportamiento.

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Será precisamente el comportamiento el aspecto más alejado del genotipo, pero existen muchas y complejas variables que ponen en duda algunas teorías como si son más importante en la herencia los factores biológicos o los factores sociales, como por ejemplo pensar que alguien que tiene importantes genes de la inteligencia, ha de ser forzosamente inteligente, o viceversa, al estar demostrado que un genotipo concreto puede producir fenotipos muy diferentes; además, sigue diciendo Ochando en su artículo que la conclusión de muchos estudios es que nuestro organismo no está nunca libre ni de sus genes que le han dado el origen, ni de su medio ambiente, pues ambos los necesita para su desarrollo. O sea, lo relevante de la especie humana sería el hecho de que su evolución no depende solamente de los aspectos típicamente biológicos, sino también de lo cultural, que a su vez procede de la capacidad cerebral de la especie que como resultado de la evolución biológica lo ha llevado más allá del campo de la biología; es como un despegue de sus ataduras biológicas, en el sentido de disponer libremente de su comportamiento para plantearse no sólo lo que puede hacer, sino lo que quiere hacer. Continúa afirmando la doctora que la especie humana es un “programa genético abierto”, o sea desarrollable y modificable por el aprendizaje a través de la historia, y en ese aspecto cobran enorme importancia los estereotipos de género que llevan a plantearse muchas preguntas como: ¿existen diferencias biológicas entre ambos géneros? Y en todo caso, ¿cuáles son esas diferencias?

Así como se ha afirmado que la genética como tal había nacido en las últimas décadas del siglo XIX, producto de los trabajos de Mendel, hay que decir también que la llamada genética del comportamiento habría nacido con la publicación de Hereditary Genius por parte de Francis Galton, primo de Charles Darwin. No obstante, ese importante aspecto se olvidó hasta 1960 en que aparece el libro Fuller & Thompson, y posteriormente la revista Behavior Genetics. Dicho retraso sería explicable por la dificultad que siempre ha tenido el estudio del comportamiento, por ser lo que más alejado está de la base genotípica.

Para comprender lo anterior pensemos que en el comportamiento de los seres vivos se producen dos acciones; una sería la “instintiva”, procedente del comportamiento animal, en el que no tiene ninguna importancia la historia del individuo; mientras que el comportamiento “aprehendido” dependería de experiencias previas del animal. En el primer caso podríamos decir que procede de los genes, y el aprehendido procedería del medio ambiente. Por lo tanto, podríamos concluir que tanto los genes como el ambiente son necesarios en los seres vivos sin limitaciones; se podría afirmar que lo “innato”, representado por los genes, ha de contar al cien por cien, y lo aprendido, representado por el ambiente, también ha de contar en la misma medida.

Como refuerzo de lo anterior Evelyn Fox Keller añade: «Sabemos ahora que los mecanismos que garantizan la estabilidad genética son un producto de la evolución.» No obstante, se han observado gran número de “mutaciones” que posiblemente podrían mejorar la adaptabilidad del individuo. En ese sentido, en recientes estudios sobre la evolución bacteriana, se ratifica la idea, de que la evolución de los organismos ha creado mecanismos a favor de su propia “evolucionabilidad”. Algunos especialistas sobre el tema como Radman hablan de un sistema SOS (auxilio) de las células, y afirma que las mutaciones se producen como consecuencia de las imperfecciones que se dan en la replicación y reparación del ADN. Así mismo piensa que en el proceso de SOS o auxilio se identifican muchas enzimas que tienen la misión de reparar los desajustes producidos. Además, esas enzimas que él llama “mutasas” están concebidas para producir mutaciones o cambios y actúan por inducción, cuestión que lleva a pensar a la eminente bióloga que van a actuar no solo por esos desajustes o problemas internos, sino que también, se podría decir, aumentarán los recursos del individuo y de su especie para afrontar dificultades medioambientales inesperadas, que estaría en sintonía con la tesis de Maria Dolores Ochando.

En resumen, la genética que había tenido sus inicios en la segunda década del siglo XIX con los trabajos de Mendel, que no habían tenido excesiva repercusión, son redescubiertos a principios del siglo XX, y su interés y desarrollo es impresionante. En 1953 se descubrió el ADN, que marca un antes y un después en el estudio genético, pues en ese momento los científicos comienzan a pensar que el descubrimiento del origen de la vida está casi en sus manos.

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La década de los noventa marcará la implantación del PROYECTO DEL GENOMA HUMANO que tenía la pretensión, nada más y nada menos, que el descubrimiento de los “planos de la creación”, construcción o fabricación de seres vivos con el punto de mira puesto en el hombre.

En la actualidad, muchos estudiosos del tema como Richard Dawkins, afirman que, a pesar de que aún no se puede estar seguro del todo sobre el tipo de materia prima que existía en la Tierra antes de aparecer la vida, el escenario más verosímil apunta a que abundaba el agua en forma de vapor, el dióxido de carbono, el metano y el amoníaco. En recientes experimentos de laboratorio en que se simularon las condiciones químicas de la Tierra en épocas anteriores a la aparición de la vida, se encontraron substancias orgánicas llamadas purinas y pirimidinas que actualmente sabemos que forman parte de la molécula genética denominada ADN (ácido desoxirribonucleico).

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Sobre todo ello, la explicación que sugiere la Biología Genética es la de que, en un momento determinado y cuando las condiciones de los elementos químicos de la corteza terrestre y la energía solar en forma de calor eran las idóneas, se formó una molécula al azar que tenía una propiedad tan extraordinaria como era la capacidad de poder crear copias de sí misma, por ello se le llamó el replicador capaz de hacer copias como si se tratase de un molde, de un modelo o de una máquina fotocopiadora.

Según Dawkins «los replicadores empezaron no solamente a existir, sino también a construirse, para ser utilizados por ellos mismos, verdaderos recipientes, vehículos para seguir existiendo. Los replicadores que sobrevivieron fueron aquellos que construyeron “máquinas de supervivencia” para vivir en ellas… Pero ganarse la vida se hizo cada vez más duro a medida que surgían nuevos rivales con mejores y más efectivas máquinas de supervivencia. Las máquinas de supervivencia se hicieron más grandes y más elaboradas, y el proceso fue acumulativo y progresivo» hasta desembocar en el actual ser humano, que necesitó más de cuatro mil millones de años en desarrollarse y ahora los antiguos replicadores que más progresaron se encuentran en perfectas y extraordinarias máquinas de supervivencia que son los seres humanos, y esos replicadores son conocidos con el nombre de genes.

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La cuestión es, se está demostrando, que el número de genes y la forma no difieren mucho de una simple mosca: «Un pulpo no se parece en nada a un ratón y ambos son muy diferentes de un roble. Sin embargo, en su química fundamental son casi uniformes, y, en especial, en lo que se refiere a los replicadores que portan, los genes, son básicamente el mismo tipo de moléculas para todos nosotros, desde las bacterias hasta los elefantes. Todos somos máquinas de supervivencia para el mismo tipo de replicador, las moléculas denominadas ADN». Ello podría indicar que los factores variables, no tienen tanta importancia como se pensaba.

Otro aspecto importante a destacar es que la Genética está de acuerdo con la teoría darwiniana, ya que nos muestra una manera gracias a la cual la simplicidad pudo tornarse complejidad, como los átomos que no seguían un patrón pudieron agruparse en modelos cada vez más complejos hasta terminar creando personas.

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Autor- AlbertoVázquez BragadoImagen de cierre de artículos