Después de la vida de Miguel Ángel Blanco

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Viví de forma peculiar el secuestro en Ermua de Miguel Ángel Blanco el 10 de julio de 1997. Los terroristas anunciaron que le matarían a las cuatro de la tarde del sábado 12 de julio, una hora antes y a pocos kilómetros de distancia del momento y lugar en el que mi primer hijo sería bautizado.

La preparación del bautizo fue, pues, la del desenlace del lento drama. Viajar de Madrid a Guecho era acercarse a una ceremonia que simboliza la vida a la vez que hacia la más cruel y anunciada muerte que España ha vivido. Madrid era el centro de la España tensada por el dolor, pero en Vizcaya latía su corazón. Ante el cercano asesinato a cámara lenta, depurada ejecución del racismo aranista, no había rincón en el que no se hablara a media voz. La especial intensidad de aquel sentimiento español en el País Vasco impulsaría a los jerarcas del PNV a perpetrar la traición que poco después ejecutarían.

«Nos sostenía la vana creencia en que hasta el más degenerado ser humano alberga una brizna de piedad. Esa fe murió con Miguel Ángel torturado y salvajemente asesinado.»

Síguenos en TwitterEl sábado 12 por la mañana asistimos a la sobrecogedora manifestación en Bilbao. Casi tropezamos allí con el Presidente del Gobierno, José María Aznar, cuyo rostro anticipaba el desenlace. Era la misma expresión que podía verse en Madrid, en Guecho y en toda la España desafiada por la crueldad etarra.

Nos sostenía la vana creencia en que hasta el más degenerado ser humano alberga una brizna de piedad. Esa fe murió con Miguel Ángel torturado y salvajemente asesinado. Y sigue muriendo cada vez que los gobiernos permiten homenajes a sus asesinos.

«Era difícil celebrar la vida cuando nos inundaba la muerte.»

Lloramos cuando llegó la noticia de que le habían encontrado agonizando con dos balas en la cabeza. Tuvimos antes que otros —por la información directa que un familiar recibía— la certeza de su muerte. Y, con lágrimas en los ojos, bajamos a la Iglesia de Santa Ana, en Las Arenas, a bautizar a Íñigo, que cumplía tres meses de vida.

Síguenos en FacebookEra difícil celebrar la vida cuando nos inundaba la muerte. Por eso nunca olvidaré la sensibilidad del sacerdote, Don Jesús. Bautizar a un niño significa limpiar el pecado, enfrentar el bien al mal y la vida a la muerte. No tuvo que buscar el buen cura ejemplos de pecado, mal y muerte: estaban allí. Con la sobria intensidad de los hombres del Norte, sin convertir el bautizo en funeral ni en la fiesta que no podía ser, nos liberó de aquel silencio poniendo el terrible crimen y la pura maldad de los asesinos etarras como el ejemplo al que oponer la esperanza que depositábamos en nuestro hijo. El que menos lloró ese día fue el niño: Íñigo fue bautizado con lágrimas, pero eran agua bendita.

Luego, la modesta comida familiar con la escondida radio narrando la agonía; por la noche, la hoy olvidada reacción de hombres y mujeres que quisieron quemar las sedes —sí, quemarlas— de los cómplices batasunos; la nación que se supo una en el mismo dolor, desde Irún a El Hierro; y, el día siguiente, la traición que, ante el insoportable espectáculo de una España bondadosa y unida, urdieron los dirigentes nacionalistas engordados durante años con nueces ensangrentadas. Lo llamarían Pacto de Lizarra.

Pero eso fue después del bautizo de Íñigo. Después de la vida de Miguel Ángel Blanco.

Asís Tímermans-Firma@AsisTimermans

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Asís Tímermans

Asís Tímermans (Madrid, 1966) estudió Derecho en la Universidad Complutense y Asesoría Jurídica de Empresas en el Instituto de Empresa, y ejerció la abogacía. Desde hace años, compagina su trabajo con el conocimiento y divulgación de temas económicos y el periodismo, expresando sus opiniones y análisis políticos y económicos en medios como Radio Intercontinental, City FM, Veo 7, Libre Mercado, EsRadio, Libertad Digital, 13TV e Intereconomía.

Es autor del libro ¿Podemos? (2014), temprana investigación y análisis sobre el origen del partido de extrema izquierda y su cúpula dirigente. Colabora en la actualidad con el programa Sin Complejos, de Es Radio, y El Gato al Agua, de Intereconomía.

Lee y escucha mucho para poder hablar y escribir con algún fundamento sobre política y economía. Su cuenta de Twitter es @AsisTimermans


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