¿Olvidar Cataluña?

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Tengo grabados a fuego en mi memoria esos días de ruido y furia. Los de la «declaración» de independencia de Puigdemont, en aquel aciago mes de octubre del 2017; las angustiosas caceroladas que atronaban por las calles de Barcelona —de uno u otro signo—, esa Barcelona que parecía haber olvidado los días luminosos, alegres y prodigiosos de los Juegos Olímpicos de 1.992. Recuerdo, muy especialmente, el 28 de octubre, noche de insomnio, pertinaz, invencible, en el que uno cree estar solo en el mundo…

 

…Ocurrió algo que nunca olvidaré. Agarré el móvil y envié un tweet corto, triste, fúnebre: “No nos abandonen, mensaje de un constitucionalista catalán”. En pocos segundos se iluminó la pantalla del teléfono. “Estamos con ustedes, un abrazo desde Cádiz”. Puede parecer una exageración pero esas 7 palabras me insuflaron una esperanza inmensa. Por supuesto sólo se trataba de un mensaje emocional, casi simbólico. Pero me sentí… ¿cómo decirlo? ¿acompañado?

Se acercan días de vacaciones, de sol, playa, montaña y merecido descanso. Y sin darnos cuenta nos atropellará el mes de septiembre, ya saben cómo de rápido va todo. Ahora mismo, en estas primeras semanas de verano, el interminable procés sigue su curso, cayendo en una «folclorización» ridícula, decadente, que se desliza como aceite, suscitando vergüenza ajena, alipori, sonrojo, y que precisamente por eso, en comparación con el vértigo vivido, uno tiende a considerar menos peligroso.

Probablemente si usted vive fuera de Cataluña le resultará sumamente tentador, incluso saludable. alejarse de este maldito embrollo. Pero he de decirle que los fanáticos independentistas seguirán al acecho. A finales del verano llegará la sentencia del Tribunal Supremo… Y eso sin duda reavivará la crispación en el ánimo de los indepes, que organizarán mil y una manifestaciones regadas con hectolitros de dinero público. Intuyo, no obstante —quizá me equivoco—, que poco más pasará. Mi sensación personal es que la gente está cansada, muy cansada. Incluso me atrevería a decir que esa extenuación se extiende y embarga por igual a los dos bandos. Bueno, claro, a excepción de los más radicalizados del lazo amarillo. Esos son alcalinos, inagotables.

«La vida es un bucle. Y yo entiendo perfectamente que inmersos en esas vicisitudes todos ustedes manifiesten estar hartos. Pero ellos, no lo olviden, seguirán al acecho. Ellos nunca duermen.»

Después, como cada año, llegará el momento de volver a pensar en los colegios, el trabajo, la hipoteca, el retorno y las mil preocupaciones cotidianas… En un visto y no visto se acercará, al poco, la temporada de esquí y empezaremos a pensar en los adornos navideños. La vida es un bucle. Y yo entiendo perfectamente que inmersos en esas vicisitudes todos ustedes manifiesten estar hartos. Pero ellos, no lo olviden, seguirán al acecho. Ellos nunca duermen. Su único objetivo en la vida es el que es.

En fin, algunos de ustedes estarán ahora mismo, eso espero, de vacaciones, o no tardarán en hacerlo, y quisiera aprovechar estas líneas para agradecerles de todo corazón el apoyo moral que los catalanes no independentistas hemos sentido por parte de tanta buena gente de todos los buenos rincones de esta buena España. Pero quiero rogarles que no se olviden de nosotros. Ya saben, seguro que ven las noticias y se informan, ellos siguen ahí, como lobos merodeando alrededor de la presa. Manejan mucho dinero público, mucho, y ya han tomado el control de la Cámara de Comercio. No se detendrán.

«Hace solo unos pocos días el Consejero de Interior y el Presidente de la Generalitat agradecían el arduo trabajo de extinción del incendio de Tarragona, obviando, con toda intencionalidad, la ayuda brindada por el Ejército, nuestro ejército…»

Quiero decirles más cosas. Los independentistas son minoría pero hacen mucho ruido y están muy bien organizados. Cuando vean escenas por televisión de sus concentraciones, piensen que somos muchos más los que no acudimos a ellas. Sí, lo sabemos, sabemos que lo noticiable es el ruido, y de ahí ese ruido continuo, ese mar de fondo, capaz de erosionar un acantilado, pero nunca, nunca, nunca, caigan en la tentación de creer que “los catalanes quieren independizarse”. ¡No! Insisto: los silenciosos no se ven, no aparecen en las fotos, pero siguen, están, estamos, ahí. Quisiera decirles tantas cosas… La enorme vergüenza que nos producen estos lamentables, grotescos, dirigentes que tenemos en Cataluña. ¿Recuerdan? Hace solo unos pocos días el Consejero de Interior y el Presidente de la Generalitat agradecían el arduo trabajo de extinción del incendio de Tarragona, obviando, con toda intencionalidad, la ayuda brindada por el Ejército, nuestro ejército. Miles y miles de catalanes sentimos una rabia y vergüenza infinita, por esta falta de clase humana y falta de educación.

Más cosas. Estoy convencido de que muchos de ustedes deben preguntarse con frecuencia: “¿Se han vuelto locos estos catalanes?”, o bien “¿Por qué nos odian tanto?”, y sobre todo “¿Por qué se creen superiores al resto de españoles?”. Piensen con detenimiento qué significan y suponen 12 largos años de adoctrinamiento en las escuelas catalanas —desde los tiernos 7 añitos hasta los 17—, o qué efecto devastador causan los medios de comunicación públicos catalanes, radio y televisión, de forma sutil pero continuada, incesante, inmisericorde, durante más de 25 años martilleando y moldeando el cerebro de miles de catalanes. Piénsenlo. Con este control absoluto de los medios, sería incluso posible que los ingleses se hicieran republicanos y abjuraran de su reina o, ¡qué se yo!, que los franceses odiasen París. Por tanto les ruego que sean comprensivos, casi compasivos, aunque reconozco que a mí, personalmente, compadecerme de los indeseable me resulta casi imposible.

«Piénsenlo. Con este control absoluto de los medios, sería incluso posible que los ingleses se hicieran republicanos y abjuraran de su reina o, ¡qué se yo!, que los franceses odiasen París…»

Todavía quiero decirles alguna cosa más. Somos muchos los catalanes que nos sentimos absolutamente españoles, y nos hace mucho daño escuchar, aunque sea dicho sin mala intención, generalizaciones como “¡Estos catalanes…!” No lo hagan, se lo ruego.

También les haré una confesión. En los años iniciales del Procés, los catalanes constitucionalistas callábamos. Hay que decirlo, hay que admitirlo, les dejábamos hacer. “Ya se cansarán”, nos decíamos. Y fue un error monumental. Queríamos mantener amistades y evitar rupturas familiares. Pero ellos siguieron. Y nosotros seguimos apartando la mirada, creyendo que ya se les pasaría. Y así seguimos hasta que un buen día despertamos. Despertamos de golpe. Vaya si lo hicimos. Baste recordar la manifestación de catalanes españoles que inundó las calles con más de un millón de Síguenos en Facebookpersonas, indignadas, dispuestas a pelear. Fue memorable. Nos habíamos hartado. El precio a esa demostración sin precedentes fue y es la fractura social; amistades rotas y comidas de navidad amargadas para siempre. Sí, estamos pagando el precio de nuestra inacción, pero, ¡atención!, hemos reaccionado… discutimos, no nos callamos, nos negamos  a permanecer en silencio, muchos han creado o participan en brigadas que retiran lazos amarillos,  ya existen organizaciones universitarias como S’ha acabat que disputan con valentía el espacio público y contradicen sistemáticamente el discurso hasta ahora copado por el independentismo radical. Por eso les ruego, una vez más, que no nos abandonen. Esta guerra no ha terminado. Dista mucho de haber terminado. Ellos siguen al acecho.

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Días de calor, media España de vacaciones, y la otra media casi a punto, suspirando por ellas. No nos olviden. No olviden la consigna que ahora repiten a todas horas, de la mañana a la noche: Tornarem a fer ho! —¡Volveremos a hacerlo!—, gritan incansables, imbuidos de una chulería retadora e insultante.

Viajando por toda España, he tenido la oportunidad de sentir el cariño, la simpatía y el apoyo de decenas de españoles anónimos. Amables lectores de cualquier punto de España: muchas gracias de parte de millones de catalanes.

No crean que esto ha terminado. Les necesitamos y necesitaremos a nuestro lado en el futuro. No nos olviden. Ellos siguen el acecho. ¡Disfruten de las vacaciones!

Joan Puig-FirmaPuedes seguir a Joan Puig en twitter como @avecesensayo

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