Creemos lo que queremos creer

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Creemos lo que queremos creer

 

Una pareja regresa de la consulta del médico, y él le dice a ella: “¿Cariño, qué enfermedad ha dicho el médico que tengo?” Ella le contesta: “Ha dicho que eres hipocondríaco”, y él replica; “¿Ves? ¡Y tú siempre diciendo que no me pasa nada!”

Este chiste sirve para ilustrar una actitud muy característica del ser humano. Me refiero a esa inclinación que todos sentimos hacia creer aquello que queremos creer. Siempre me ha parecido que la objetividad, la neutralidad absoluta, es prácticamente imposible de alcanzar y mantener. Creemos que nuestra pareja es la mejor porque estamos enamorados. Bueno, al menos lo creemos al principio, porque solo es cuestión de tiempo para que la realidad acabe imponiéndose y nos obligue a abrir los ojos. Creemos que nuestra ciudad es la mejor porque hemos crecido en ella, porque hemos vivido allí nuestras experiencias, la buenas y las malas, pero las que al fin y al cabo nos han ido forjando como persona. Creemos que nuestro equipo de futbol es el mejor, aunque nunca haya ganado nada o descienda a segunda división un año sí y otro también.

«Creemos que nuestra ideología política es la correcta, y que la del contrario es la mala y la equivocada. Y lo creemos porque así lo hemos decidido…»

Los ausentesCreemos que nuestra ideología política es la correcta, y que la del contrario es la mala y la equivocada. Y lo creemos porque así lo hemos decidido, sin importar las razones que tengamos en contra. No importa que el partido al que votemos sea corrupto, que nos mienta, o que promulgue unas ideas que a lo largo de un siglo han demostrado su ineficacia. Creemos en ellos porque sí. Y seguimos votándoles, una y otra vez. Es cierto que la tendencia está cambiando, debido a que ahora hay más partidos, pero bueno, hablo en general. No voy a entrar a matizar cada frase de lo que escribo…

Creemos en Dios, aunque objetivamente no tengamos ninguna prueba de su existencia, porque no queremos aceptar la aterradora realidad de la nada. Porque deseamos que haya algo más allá que nos ofrezca esperanza. Que nos dé respuestas. Que nos proporcione el amparo que necesitamos en los momentos de desesperación y miedo que la vida pone ante nosotros con frecuencia. Aunque, por otra parte, también se podría pensar que los que no creen en Dios adoptan esa postura porque en el fondo prefieren la libertad de no tener que rendir cuentas ante un ser superior, aunque ello implique asumir que están solos.

En psicología existe un término o concepto que es: “razonamiento motivado”. En líneas generales, y sin profundizar, ya que no soy experto en psicología —ni en nada, en realidad—, viene a significar que cuando se nos presenta un argumento que más o menos coincide con nuestras ideas preconcebidas, o con nuestra forma de ser o de ver la vida, somos menos propensos a cuestionarlo, y, rápidamente lo aceptamos como verdadero. Lo validamos. Es un impulso inconsciente que nos lleva a hacer coincidir la realidad con nuestra realidad interior. Por ejemplo, hoy que tan de moda está eso que llaman “fake news”, noticias falsas… Si escuchamos o leemos que determinado político del partido “X” es un corrupto y resulta que detestamos a Síguenos en Twitterese partido porque es contrario a nuestras ideas, de inmediato daremos la noticia por buena, y hasta la compartiremos posiblemente en redes sociales. No nos molestaremos en indagar sobre su veracidad, porque en nuestro interior deseamos que sea cierto. Porque eso nos reafirma en nuestras ideas. No importa si después se demuestra que la información era falsa, siempre encontramos el modo de justificarnos. Como diciendo aquello de “cuando el río suena es porque agua lleva”.

«Existen dos maneras de ser engañados. Una es creer lo que no es verdad, y la otra es negarse a aceptar lo que sí es verdad.»

Eso, por supuesto, es aplicable para todo en la vida. Aunque personalmente creo que no siempre ha de ser negativa esa actitud. Hay que tener en cuenta que cada mundo es único y personal, porque cada uno de nosotros se mueve en un entorno diferente. Nos Síguenos en Facebookrelacionamos con personas diferentes, tenemos trabajos diferentes, hemos vivido experiencias distintas y exclusivamente nuestras. Y lo que es más importante, nuestro auténtico yo interior es inaccesible para todo el mundo excepto para nosotros mismos. Todo ello hace que, aunque resulte tópico, la frase “cada persona es un mundo”, sea absolutamente cierta. Por eso pienso que el “razonamiento motivado”, en ocasiones, nos puede ayudar a tomar decisiones acordes a lo que sentimos, y en consecuencia nos puede resultar de gran utilidad a la hora de llevar una vida coherente con nuestros principios.

«Al final el mundo no es como realmente es, sino como nosotros lo vemos…»

Decía Soren Kierkegaard que “Existen dos maneras de ser engañados. Una es creer lo que no es verdad, y la otra es negarse a aceptar lo que sí es verdad.” Pero no todas las verdades son convenientes, ni tampoco nos hacen necesariamente felices.

Después de todo, el mundo en el que vivimos es el resultado de la suma de todo lo que hemos aprendido, pensado, experimentado, observado, razonado y finalmente asumido como verdadero. Por eso, casi siempre preferimos instalarnos en el confort de nuestra propia realidad a enfrentarnos a la posibilidad de admitir que las cosas no sean como a nosotros nos gustaría. Porque al final el mundo no es como realmente es, sino como nosotros lo vemos.

Jorge R. Rueda-FirmaPuedes seguir al escritor Jorge Rodríguez Rueda en Facebook y en Twitter Si su novela, “Gente Corriente”, no está disponible en tu librería habitual puedes adquirirla en Amazon.

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Autor- JJorge Rodríguez RuedaImagen de cierre de artículos