Alguien voló sobre el nido del PSOE

Captura de pantalla 2019-02-26 a las 10.03.42

asís tímermans

PSOE-interiorLas Elecciones Generales convocadas en España para el 28 de abril son peculiares: es probable que ciertos cambios cuantitativos, como el número de votos y escaños, impliquen cambios cualitativos, como el cambio radical en la relevancia o preeminencia de ciertas fuerzas políticas. Así, más allá del Gobierno resultante –la gente tiende a creer que elige Presidente, en vez de Parlamento– las posiciones de PP, PSOE, Ciudadanos, Podemos y Vox pueden experimentar un profundo cambio que condicione sus protagonismos y supervivencias.

Las amistades peligrosas

Sería una situación dramática para el Partido Socialista, presunto representante de la izquierda moderada y supuestamente fundado –sí, supuestamente– en 1879. Pero el dramatismo es simétrico: muchos españoles –yo entre ellos- creen irrefrenable la tendencia del PSOE al control de la sociedad y a la negación de la nación española, colaborando con cuantos desprecian la libertad y trabajan para destruir España.

¿Cuál es el origen de esta “maldición del PSOE”? Escribió el republicano Salvador de Madariaga que “lo que originó la inevitabilidad de la Guerra Civil española fue la guerra civil en el seno del Partido Socialista”. ¿Es el PSOE una fuerza que amenaza inevitablemente la libertad y la nación? ¿Está en su naturaleza pactar con extremistas y golpistas? ¿Puede el votante socialista moderado librarle de tan peligrosas amistades?

Pasen y lean.

Dos hombres y un partido

Desde la esquina del viejo palacete en ruinas, camino del colegio a casa, observé el enorme cartel recién instalado junto al descampado. Del rostro de la izquierda me impresionaron el bigote, cano y descuidado, y los ojos tristes, casi ocultos por sombras excesivas. Del rostro de la derecha, los labios carnosos, que parecían femeninos, y una mirada dura y directa. Entre ambas imágenes, unas siglas y una fecha, la esquemática figura de un puño apretando una rosa, y un lema en letras negras y austeras: “100 años de honradez y firmeza”.

«El PSOE, poco antes desaparecido, obtuvo un segundo puesto en las elecciones generales. “El pueblo español se ha equivocado”, concluyó un desgarbado Alfonso Guerra…»

“¡Y cuarenta de vacaciones!”, apostilló el inverosímil comunista Ramón Tamames, en feliz frase que sería chascarrillo popular. Era 1979, tres años después de que las Cortes del Régimen aprobaran la Ley para la Reforma Política –ratificada abrumadoramente en referéndum–, se habían sucedido, como en un torbellino, la aparición de cientos de partidos políticos, dos elecciones generales y la aprobación de una Constitución homologable a las de otros países europeos. El PSOE, poco antes desaparecido, obtuvo un segundo puesto en las elecciones generales –“el pueblo español se ha equivocado”, concluyó un desgarbado Alfonso Guerra–, convirtiéndose en clara alternativa de gobierno.

Bastarían tres años más para que el PSOE lograse una holgada mayoría absoluta.

¿Qué hemos hecho para merecer esto?

Cuarenta años después, algunos vivimos otra campaña electoral con perezoso escepticismo. Pero todos sentimos que no se elige a quienes gobernarán durante cuatro años, sino a quienes afrontarán un desafío a la Constitución, y quizá a la propia existencia de la nación española. Desafío virulento, porque se lanza desde instituciones –gobiernos regionales y ayuntamientos– que, en vez de administrar el bien común, se emplean como herramientas para alcanzar la independencia y someter la disidencia interna.

«…todos sentimos que no se elige a quienes gobernarán durante cuatro años, sino a quienes afrontarán un desafío a la Constitución, y quizá a la propia existencia de la nación española»

Captura de pantalla 2019-02-26 a las 10.16.31Desde otros países europeos, al menos dos hechos causan perplejidad. Uno, nuestra permisividad hacia el uso de instituciones regionales como ariete contra España y contra los que resisten al nacionalismo obligatorio. Otro, la regla no escrita de que el PSOE jamás pactará el Gobierno con el principal partido de la derecha, el PP. Ni siquiera en caso de que la alternativa sea colaborar con los enemigos de la nación o la democracia.

Ambas circunstancias están relacionadas. El PSOE no es un partido extremista, golpista o proetarra. Pero para gobernar es capaz de acordar el apoyo de extremistas, golpistas o proetarras, e incapaz de hacerlo con el PP.

Es cierto que no abundan en Occidente las “Große Koalitionen”. Pero fuera de España es inconcebible que un partido moderado pacte el gobierno con fuerzas extremistas, antisistema o separatistas. Aquí no solo han acaecido tales pactos, sino que Pedro Sánchez fue elegido merced a una grotesca asociación para una moción de censura con un partido que desde el Poder ha dado un golpe de Estado y apoya a sus autores.

Quizá sea la inevitable consecuencia de un sistema electoral y la fragmentación política, que favoreció que sucesivos gobiernos de PP y PSOE no solo gobernaran con el apoyo de nacionalistas, sino –lo más grave– que acordaran cesiones permanentes a cambio de apoyos temporales.

Pero el Partido Popular parecía al menos tener algunos límites. La “regla no escrita” del PSOE, sin embargo, le empujaba a echarse, literalmente, en brazos de cualquiera… siempre que no fuera “la Derecha”. ¿Por qué?

Evolución o victoria

“¡Y cuarenta de vacaciones!”, decía el adinerado comunista en 1979. Y es que, efectivamente, el “huracán democrático” hacía olvidar que la escasa resistencia relevante al régimen franquista ni adoptó las siglas del PSOE ni fue esencialmente democrática. Los dirigentes socialistas languidecieron en el exilio, y el partido prácticamente desapareció en la España franquista.

«Y es que, efectivamente, el “huracán democrático” hacía olvidar que la escasa resistencia relevante al régimen franquista ni adoptó las siglas del PSOE ni fue esencialmente democrática.»

“El Partido” por antonomasia fue, con el tiempo, el Comunista. El que ayudó a convertir el bando republicano en un régimen de terror, y cuyos líderes actuaban a las órdenes de Stalin, y fueron protegidos por algunos de los peores dictadores de la Historia. En 1939, Santiago Carrillo escribía una carta a su padre, Wenceslao, recriminándole su “infame traición” y alabando “al jefe de la clase obrera mundial, el gran Stalin”. En 1946, el mismo Wenceslao presidía un Congreso del PSOE en Toulouse, en el que se propuso no colaborar con el PCE.

¿Podemos? - Asís Tímermans

Pero muchos años después allí estaba el PSOE, abriéndose camino a codazos en medio de la “sopa de partidos”, a la espera del “hecho biológico” –la muerte de Franco– que marcaría la carrera hacia el fin del Régimen.

Síguenos en TwitterEl resto es conocido, pero creo que no bien entendido. El sevillano que aparecía en aquel cartel de mi juventud, Felipe González, se había afiliado a las Juventudes de un clandestino PSOE en 1962. Pero ese partido apenas existía en España, y era simbólico en el extranjero. Felipe, hombre que convenía al Régimen, lideró un nuevo Partido Socialista nacido en Suresnes en 1974, con Redondo, Castellano o Múgica, que apenas conservó del PSOE histórico las siglas. Llegaban abundantes fondos de Alemania y Estados Unidos, empeñados en impedir que la principal fuerza de la izquierda y el principal sindicato en la España democrática fueran de obediencia comunista.

La educación sentimental

Se produjo entonces una cierta esquizofrenia. Felipe González lideró una rápida “adaptación ideológica” –“¡hay que ser socialista antes que marxista!” fue su gran aportación doctrinal–, dejando listo al Partido Socialista para gobernar una España que desde 1970 gozaba de un Acuerdo Económico Preferencial con la Comunidad Económica Europea, y que no podía permitirse veleidades totalitarias. Pero, por otra parte, el renacido Partido se fijó en aquel del que se creía heredero, el PSOE sovietizado de la Segunda República, educando a la militancia y al socialismo español menos ilustrado en la admiración al “Lenin español”, a sus golpes de Estado y sus magnicidios, al Partido que destruyó la República mientras decía defenderla.

«Felipe González lideró una rápida “adaptación ideológica”: “¡hay que ser socialista antes que marxista!” fue su gran aportación doctrinal…»

Síguenos en FacebookMientras los socialistas gobernaban con relativa moderación, la educación sentimental de sus militantes labraba la admiración a lo peor de su historia. Aunque con frustración, la militancia perdonaba cualquier concesión de su gobierno a las políticas conservadoras, siempre que no fuera una concesión al Partido conservador. El PSOE detestaba, por encima de todo, a “la Derecha”. Por encima de todo.

Ese poso hizo posible el zapaterismo o el sanchismo –nombres del maniqueísmo y la falta de escrúpulos–, así como la fatídica regla no escrita de que el PSOE jamás pactaría el Gobierno con el PP si podía hacerlo con podemitas, batasunos o golpistas.

Alguien voló sobre el nido del PSOE

Que el PSOE de Zapatero rehabilitara a personajes siniestros como Negrín fue solo un detalle. Lo estremecedor era el maniqueísmo que impregnó la organización, parecido en su expresión al de los dirigentes nacionalistas en el País Vasco a la hora de distinguir entre propios y ajenos a proetarras y no nacionalistas, respectivamente.

Es significativo que los primeros actos del germen de Podemos se celebrasen con cargo a partidas de la Ley de Memoria Histórica. El ideal del hoy atribulado Iglesias era el PSOE de 1936 al que se empezaba a hacer justicia. De hecho, imitó en varios aspectos al PSOE, partido al que aspiraba a sustituir.

«El peligroso juego del socialismo español es autodestructivo. Como el cuco, el PSOE ha puesto huevos en nidos que no son propios, o no deberían serlo, y sus polluelos son ahora lo peor de cada casa.»

El peligroso juego del socialismo español es autodestructivo. Como el cuco, el PSOE ha puesto huevos en nidos que no son propios, o no deberían serlo, y sus polluelos son ahora lo peor de cada casa. Ha pactado con la izquierda radical, abrazado el nacionalismo identitario, compartido mantel con terroristas, transigido con golpistas… Y ha resucitado la guerra civil, porque intenta condenar a los vencedores como forma de identificarlos con “la Derecha”. Desenterrar a Franco es solo un intento de poder enterrar a la “la Derecha”.

Más allá de combinaciones de gobierno, si ese Partido Socialista triunfa quedarán pocas esperanzas para España y para la libertad. Y si España y la libertad prevalecen, desaparecerá ese Partido Socialista.

Asís Tímermans del Olmo

@AsisTimermans

Captura de pantalla 2019-02-26 a las 10.59.41

Logo cierre artículos

email de contacto: ataraxiamagazine@gmail.com

Síguenos en Twitter: https://twitter.com/ataraxiamag

Síguenos en Facebook:


foto-ataraxia.jpg

Asís Tímermans

Asís Tímermans (Madrid, 1966) estudió Derecho en la Universidad Complutense y Asesoría Jurídica de Empresas en el Instituto de Empresa, y ejerció la abogacía. Desde hace años, compagina su trabajo con el conocimiento y divulgación de temas económicos y el periodismo, expresando sus opiniones y análisis políticos y económicos en medios como Radio Intercontinental, City FM, Veo 7, Libre Mercado, EsRadio, Libertad Digital, 13TV e Intereconomía.

Es autor del libro ¿Podemos? (2014), temprana investigación y análisis sobre el origen del partido de extrema izquierda y su cúpula dirigente. Colabora en la actualidad con el programa Sin Complejos, de Es Radio, y El Gato al Agua, de Intereconomía.

Lee y escucha mucho para poder hablar y escribir con algún fundamento sobre política y economía. Su cuenta de Twitter es @AsisTimermans


Imagen de cierre de artículos

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s