Poema de Borges a los indepes

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joan puig

Borges-interior

Estos días, más que nunca, recomendaría a los independentistas de buena fe que recuerden que la vida son instantes. Que la vida pasa, y muy rápido. Les diría: sean felices, no dejen que les estropeen su vida, que puede ser bella si no dejan que se la ensucien.

Les confesaré que me he equivocado. Estaba convencido que el juicio a los políticos independentistas supondrían días, semanas, meses, de tensión en Cataluña. Pues no. Síganme, me gustaría transmitirles sensaciones, casi como un poeta.

Síguenos en TwitterSon días luminosos en Barcelona, en las horas centrales del día el sol ya acaricia suavemente, nos anticipa la alegría de vivir. Por la noche, vuelve un frío reconfortante, hogareño, con olor a caldo caliente y a un buen libro entre las manos. Uno camina por esta maravillosa ciudad de los prodigios y observa. Observa patines eléctricos que deslizan modernidad, motos que se cogen y se dejan con una app, gente que hace jogging, terrazas llenas de espuma de cerveza y de espuma de sonrisas, diálogos repletos de planes… Uno escucha tantos idiomas: inglés, francés, alemán… Ejecutivos felices de trabajar en una ciudad espléndida que guiña el ojo al mar; escucha a jóvenes alegres de países del todo el mundo. Una ciudad moderna.

«Uno observa patines eléctricos que deslizan modernidad, motos que se cogen y se dejan, gente que hace jogging, terrazas llenas de espuma de cerveza y de espuma de sonrisas, diálogos repletos de planes…»

Captura de pantalla 2019-02-26 a las 10.21.36No me dejen, acompáñenme y escuchen conmigo las conversaciones… Risas que pasean por el casco antiguo con un helado en la mano: hablan de una fiesta que tienen por la noche. Otra charla en restaurante en la Barceloneta: hablan sobre cuántos turistas japoneses circulan delante de ellos y se asombran de la infinita curiosidad que derrochan. Una conversación en la Oficina: hablan sobre qué casa rural alquilar para una salida de amigos. Una discusión en el barrio de Sarriá: hablan sobre el Barça. Son días preciosos, desbordan felicidad, felicidad tranquila, sosegada, de vidas con ilusiones. No me suelten, sigamos.

Entonces un barcelonés, cualquiera, enciende la televisión o escucha una tertulia de la radio o lee la prensa. ¿De qué hablan? De los políticos presos, de Madrid, del alegato místico de Junqueras, de la comparecencia de Joaquím Forn… Dicen que han estado brillantes, hablan de tensión, de apocalipsis. Entonces uno repara en algo misterioso, extraño, incomprensible: son dos mundos paralelos, los medios de comunicación y los políticos, por un lado, y la gente de la calle por otro.

«Uno repara en algo misterioso, extraño, incomprensible: son dos mundos paralelos, los medios de comunicación y los políticos, por un lado, y la gente de la calle por otro.»

La gente es feliz, vive su vida lejos de un mundo extraño y oscuro que se empeñan en vendernos a todas horas, están obsesionados en que dejemos de ser felices, viven obcecados, decididos a hacernos sentir que nuestra vida es una mierda porque el Estado español es opresor. Son dos mundos que se alejan, y se alejan. No importa, la felicidad es una poderosa arma contra la amargura.

Sí, me he equivocado. Pensé que tocaban días de alto voltaje. No. No es así.

Muchísimos catalanes estamos tan hastiados, tan hartos de dosis artificiales de sufrimiento, que simplemente hemos decidido no escuchar a los ayatolás del odio y el rencor. Les diré algo más: hace unos meses conseguirlo era difícil, ahora es fácil; se trata sólo de vivir, y entonces, de forma casi mágica, ese mundo ficticio de rabia e inquina vieja… ¡desaparece!.

«Muchísimos catalanes estamos tan hastiados, tan hartos de dosis artificiales de sufrimiento, que simplemente hemos decidido no escuchar a los ayatolás del odio y el rencor.»

Síguenos en FacebookFlota estos días y noches un aire de paz en Barcelona. El juicio es algo que se nos antoja como un dolor de muelas, y hemos decidido que la solución es saber que nuestra sonrisa no sufre ningún dolor real, es una sonrisa protectora. Hace unos días vivimos la enésima manifestación independentista. Yo estuve allí. La gente —cada vez más—  los mirábamos con una mezcla de desprecio y compasión. Pobres, les gusta el dolor, se revuelven, aquejados por un terrible herpes sentimental. Una imagen se deslizó en mi cabeza… la de los leprosos en la Edad Media. Los que somos felices nos alejábamos de ellos. Supongo que la realidad es muy tozuda y —lo juro— escuché en medio de la multitud enfadada como decían “Bueno, ¿nos vamos? ¡No quiero llegar tarde a la Cerdaña!”. Pobres, se empeñan en llevar una vida oscura y hasta eso les cuesta.

Si usted no vive en Cataluña, es posible que piense que en el aire debe revolotear una tensión eléctrica… Las imágenes de las televisiones enfocan el dolor y el grito, no la felicidad. Deben saber ustedes que en Barcelona, la inmensa mayoría, en su día a día, sabe a croissant con zumo de naranja, a caldo reconfortante mientras leemos o vemos una serie de TV, a un buen trago de gin-tonic mientras suena un clásico del jazz.

«Barcelona, en su día a día, sabe a croissant con zumo de naranja, a caldo reconfortante mientras leemos o vemos una serie de TV, a un buen trago de gin-tonic mientras suena un clásico del jazz.»

Somos dos mundos. Dos mundos. Uno cada vez más pequeño y artificial. Otro, auténtico, que rebosa vida. Y me viene a la cabeza, mientras escribo, un poema atribuido a Jorge Luis Borges, titulado “Instantes”:

Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios
de la primavera,
y seguiría descalzo hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres,
y jugaría con más niños…
Si tuviera otra vez vida por delante.

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Estos días, más que nunca, recomendaría a los independentistas de buena fe que recuerden que la vida son instantes. Que la vida pasa, y muy rápido. Les diría: sean felices, no dejen que les estropeen su vida, que puede ser bella si no dejan que se la ensucien.

Muchos catalanes así lo hacemos y nuestros «Instantes» siguen el consejo de Borges… Aprovechen su vida, puede ser maravillosa.

Joan Puig

Puedes seguir a Joan Puig en twitter como @avecesensayo


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