El método Kominsky

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juan poz

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Una vuelta de tuerca a las «sitcoms»: “El método Kominsky”, de Chuck Lorre, o el espíritu de Wilder en un ácida comedia de humor negro centrada en la vejez: Arkin & Douglas, los nuevos Lemmon & Mathau…


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Título original: The Kominsky Method (TV Series)   Año: 2018 Duración: 240 min. (1ª temporada) País: Estados Unidos Dirección: Chuck Lorre (Creator), Chuck Lorre, Andy Tennant, Beth McCarthy-Miller, Donald Petrie Guion: Chuck Lorre Música: Jeff Cardoni Fotografía: Anette Haellmigk Reparto: Michael Douglas, Alan Arkin,  Sarah Baker,  Nancy Travis,  Jenna Lyng, Casey Thomas Brown,  Ashleigh LaThrop, Melissa Tang, Emily Osment, Graham Rogers, Susan Sullivan, David Astone,  Lisa Edelstein,  Anoush NeVart, Tacey Adams,  Jeremy Andorfer-Lopez,  William Belli,  Corbin Bernsen,  Melody Butiu.


Me resulta difícil, aunque el editor de Ataraxia Magazine me lo pida, estar “al día” de las películas y las series, porque la vida es corta y el arte cinematográfico larguísimo hacia atrás, una senda retrospectiva en la que cientos de joyas están por descubrir para una mirada atenta y desprejuiciada. Hoy, sin embargo, y por invitación expresa de mi buen amigo Alberto Revenga, traigo a este Ojo Cosmológico una serie recién estrenada y de la que ignoro si, acabada la primera temporada, el invento habrá dado como para una continuación. ¡Ojalá sí! La verdad es que la primera temporada nos la hemos zampado mi conjunta y yo en dos sentadas, por el interés de la misma, por el magnífico sentido del humor negrísimo del guion, por las estupendas actuaciones de todos los intérpretes y por la cercanía de edad (relativamente) con los protagonistas, lo que permite al espectador de la misma compartir preocupaciones, enfermedades y estados de ánimo.

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Captura de pantalla 2019-02-26 a las 10.21.36Se trata de una serie sin complicaciones argumentales, salvo las que se derivan de las dos diferentes situaciones individuales y familiares de los protagonistas. Douglas es un reputado profesor de teatro y Arkin un representante del show business que, curiosamente, no le busca ningún contrato, porque no ignora el carácter difícil e incumplidor de su amigo íntimo. La serie arranca con la muerte de la mujer del representante, un matrimonio muy unido, y con los problemas prostáticos del maestro de actores. Pronto, en esos dos focos de interés, aparecen las hijas de ambos, que son el reverso de cada padre: la del alocado maestro de actores —empeñado en que no pasa el tiempo ni por él ni para él— es la sensatez personificada; la del representante, un ser metódico y ordenado, la viva imagen del caos, una mujer que ha pasado por siete centros para luchar contra la adicción a las drogas y cuya vida es eso: un caos absoluto. La irrupción de la hija del representante en la vida de este supone, para él, la contemplación de su mayor fracaso vital, todo lo contrario de lo que le ocurre en los negocios, donde triunfa de una manera que la serie recoge perfectamente cuando se incorpora a la oficina tras la muerte de su esposa; un lugar donde, propiamente, ni pinta nada ni sabe cuáles son los nuevos métodos de trabajo, por lo que no tarda en hacerse también a un lado y dejar que el negocio “marche solo”.

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Una sitcom se caracteriza por la circunscripción de las preocupaciones de los personajes a la vida cotidiana, en lo que podríamos llamar, un radio de acción íntimo, y, por lo general, suelen ser series cómicas, en las que se suceden los gags y las risas enlatadas. El método Kominsky tiene otros planteamientos que no pasan por la potenciación del gag, sino por la construcción de dos personajes con cuyas preocupaciones nos vamos encariñando a medida que vamos viendo episodios, porque, más allá de una trama propia de cada episodio, hay un relato de fondo en el que se van integrando las diferentes “aventuras” que se sustancian, narrativamente, en cada episodio y que, a veces, se extienden a los venideros.

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Síguenos en FacebookDesde esta perspectiva, la visión de la serie, a toro pasado, es gratificante, porque permite verla como una película larga, aunque salpicada por los puntos y aparte inevitables del final y comienzo de cada capítulo. Dos viejos, llenos de achaques y con dos maneras de ser muy distintas: uno, con el optimismo inmarcesible del ser vital y juvenil, por el que no parecen pasar los años, aunque pasan ¡y de qué manera!; el otro, un ser pesimista y gruñón al que la muerte de su mujer le ha cambiado una vida que le satisfacía, excepción hecha, claro está, de la existencia de una hija “problemática” con quien mantiene una ambigua relación, más marcada por la indiferencia que por el remordimiento, aunque este opere, en gran medida, en su relación con ella.

0869131.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxx.jpg

Síguenos en TwitterLos momentos “estelares” de los capítulos no siempre se desarrollan hasta sus últimas consecuencias, como la llegada, tarde y “catastrófica”, de la hija al funeral de su madre. La sutileza, pues, del planteamiento narrativo no lo lleva a explotar situaciones de las que hubiera podido sacarse una mina de humor, sino a enunciarlas y conseguir que el humor, por negro que sea, crezca a partir de las relaciones interpersonales entre el quinteto protagonista, porque el maestro de actores no tarda en “liarse” con una divorciada solo un poco más joven que él que asiste a sus cursos. Finalmente, la aparición de stars en papeles cortos y agradecidos, son un aliciente que, con toda probabilidad, la serie explote en nuevas temporadas, ¡si haylas!. En esta primera entrega, tienen papeles destacados Danny de Vito —graciosísimo—; Ann-Margret -demasiado liftingada- y Elliot Gould —solvente como siempre y muy gracioso también—. Series como esta son, también, una “escuela de directores”, donde los jóvenes aprenden el oficio y se “ruedan”. Así, no me ha extrañado ver que uno de ellos sea Donald Petrie, hijo del reputado Daniel Petrie.

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El método Kominsky es, en el panorama de las series, donde tanta competencia hay, una narración que ha entrado con el buen pie de la nula generación de expectativas, y su mejor baza es, sin duda, la solvencia de la trama, la altura de las interpretaciones y la ternura no azucarada que rezuma una capa protectora de humor negro que, al mismo tiempo, no impide ver la profundidad de los sentimientos que están sobre la mesa en cada capítulo. No diría que los intérpretes principales Douglas y Arkin están en “estado de gracia”, porque siempre han sido actores muy competentes, pero brillan a una enorme altura, lo que contribuirá, sin duda, a que la serie vaya ganando adeptos. ¡Gracias por la recomendación, Alberto! Te debo una.

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Juan Poz forma parte del elenco de escritores que da forma semanalmente a Ataraxia Magazine. Puedes seguirle en Twitter como @JuanPoz9 y también en su excelente blog de crítica cinematográfica «El Ojo Cosmológico de Juan Poz» y en su blog de crítica literaria «Diario de un artista desencajado»


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Autor- Juan Poz

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