Algo que confesarte

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José Navarro “Algo que confesarte”

POEMARIO

Estimados “ataráxicos”:
El libro, con 23 poemas, se llama originalmente “Algo que confesarte”, y después ha sido traducido al francés —“Quelque chose à t’avouer”-, al italiano —“Qualcosa da confessarti”— (los tres ya disponibles en Amazon) y al inglés —“Something to admit to you”—, que estará disponible dentro de unos días.
¿Por qué en cuatro idiomas, se preguntarán? Porque quiero llegar al mayor número posible de lectores, a fin de compartir con ellos trazos de mi experiencia profesional como fisioterapeuta, y personal, como ser humano que trata de acompañar a quienes sufren.
La empatía es como una navaja suiza: puede servir para múltiples cosas, pero hay que saber utilizarla. Por eso escribo ahora de forma diferente a como lo hacía. El 11 de marzo de 2004 las bombas desbocaron esa capacidad de reconocer y comprender los sentimientos y emociones de otras personas.
En mi libro transmito sentimientos de padres ante la grave enfermedad de un hijo, ante el cáncer.
Es por eso que el  objetivo de publicar tanto libro no es otro que donar al menos la mitad de todo lo que se pueda recaudar (según sean las ventas de ejemplares) a asociaciones que trabajan contra el cáncer infantil.
Las influencias de mi estilo, que considero original y propio, son muy variadas: la pintura hiperrealista de Degraaf, Hopper, Alyssa Monks, Eduardo Naranjo, Robin Eley, Arizábalo, Diego Fazio, Brian Scott, Akiane Kramarik… entre otros estilos y épocas; también la música instrumental y también rock de los 60-70-80-90 —cada momento tiene su música—, entre otros géneros y épocas; el cine, la literatura: poesía de Wilde, Baudelaire, Ponge, Gloria Fuertes, Machado, Hernández, Lorca; la Historia, el patrimonio cultural de un país, la fotografía —en Instagram (usuario jnkine) poetizo con las instantáneas—.
La gente, los paisajes, olores y sabores. Y vivencias. Todo ello son influencias. Todo ello es poesía.

José Navarro


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Nací en Madrid en diciembre de 1977 y siempre he sido muy soñador, o distraído en potencia, algo que me perjudicó mucho en lo concerniente al rendimiento académico. Aunque no era tonto —me sentía atraído por las lenguas extranjeras, el piano y la ciencia e Historia sobre todo—, era poco eficaz en cuanto a resultados, pero al final y a trompicones logré ser fisioterapeuta. Estaba hecho para ello porque la empatía me daba todas las alas posibles, aunque fueran de cera.

En cuanto a la escritura, escribía desde los 7-8 años, pero escribía notas anónimas con declaraciones de amor, y tuvo que ser un horrible día de marzo el día del descubrimiento de un estilo propio. Actualmente vivo y trabajo en Francia y sigo escribiendo, ahora mismo una novela aún en estado embrionario.


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