Alsasua, año cero

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En política es un error habitual el preocuparse de quién es, o puede llegar a ser, tu amigo y aliado. Lo que de verdad importa es entender quién es y siempre será tu enemigo…

Por Jorge Sánchez de Castro Calderón

 

En el estudio preliminar del profesor Jerónimo Molina con el que introduce la reedición de “La esencia de lo político”, del  francés Julien Freund —Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2018—, aparece una anécdota que define la situación de los partidos políticos de la derecha española hasta hace pocas semanas.

El alemán Günter Maschke, antiguo miembro de un grupúsculo comunista, y expulsado de la Cuba castrista por su amistad con el disidente Heberto Padilla, le confiesa en 1986 a Julien Freund, en un coloquio internacional sobre Carl Schmitt: “luchábamos contra un enemigo, siempre en el centro de nuestra atención, pero nunca supimos quién era ese enemigo”.

Para el Partido Popular la pregunta acerca de quién era su enemigo durante el último cuarto de siglo quedaba eclipsada por otra cuestión, absolutamente irrelevante en términos políticos: ¿quiénes pueden ser nuestros amigos?

Para el Partido Popular de Rajoy, pero también de Aznar, lo relevante era tener amigos homologados por sus adversarios (Obama sí, Marine Le Pen no), porque lo importante no era a quién te enfrentabas sino con quién ibas.

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Esta ridícula preocupación ha sido el principal motivo que ha neutralizado la acción política de la derecha durante un cuarto de siglo, pues a la izquierda le bastaba con tildar de fascistas a los defensores de cualquier causa digna de ser apoyada por la derecha, para que el Partido Popular rechazase hacerlo.  

Por tanto, la neutralización de la derecha por la izquierda no ha sido una cuestión de complejos de la primera, no ha sido un defecto de voluntad. Se ha tratado de una cuestión política: se ha dado más importancia al amigo (con quién voy) que al enemigo.

Cuando hablo de que en política cuidar las compañías es una ridícula preocupación, me apoyo en una de las máximas autoridades del s. XX.

En sus “Memorias”, obra cumbre de la literatura política del s. XX, Raymond Aron —a la sazón, director de tesis de Julien Freund— sentencia la cuestión con estas breves palabras:                  

“Respondí a quienes me reprochaban mis compañeros dudosos: escogemos a nuestros adversarios, no a nuestros aliados”.

Aron pone en evidencia una verdad sencilla pero esencial; esto es: a los aliados no se les puede escoger, porque la amistad exige un consentimiento mutuo. No hay amistad si el otro no quiere. 

En cambio, la enemistad es la única elección pura, unilateral, pues mi enemigo lo será, lo quiera o no.

Por tanto, es el “hostis” el que define la acción de cualquier partido político, siendo las compañías que eventualmente le acompañen un asunto irrelevante políticamente.

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Este argumento que ha entendido a la perfección la izquierda sectaria, incluyendo a los Gobiernos de Sánchez y de Zapatero, así como los nacionalistas periféricos de derecha; por fin lo ha comprendido la derecha española.

Ha sido en Alsasua, pueblo navarro que pasará a la historia de la política partidista por ser el lugar donde la derecha española entendió que el problema nunca es el aliado, sino el enemigo.

Así, Ciudadanos decide acudir a Alsasua con el fin de solidarizarse con la Guardia Civil porque su enemigo son aquellos que pretenden la desaparición de las instituciones y símbolos españoles en Navarra.

Con ese mismo propósito también se hace presente VOX.

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Y frente a la acusación de la izquierda de que Ciudadanos se alía con un partido fascista, Rivera acude a Alsasua con VOX, demostrando que lo primero es hacer frente al enemigo, con independencia de las eventuales compañías.

La guinda la pone el Partido Popular apareciendo también en el municipio con VOX y C,s, ratificando así la máxima de Aron: lo único importante en política es la enemistad.

¿Qué une al Partido Popular, a VOX y a Ciudadanos en Alsasua?, ¿su amistad?, ¿acaso pueden ser aliados C’s y VOX o C’s y el PP cuando compiten por el mismo espacio electoral?

Evidentemente no.

Lo que les une es que los tres saben quién es su enemigo.

En España hay una nueva derecha unida por una única frase: “escogemos a nuestros enemigos, no a nuestros aliados”. 

¡Por fin se enteraron! 

Coda para Albert Rivera:
Dice Valls y Dª Cayetana, entre otros, que es necesario un cordón sanitario frente a VOX. 
Desgraciadamente, la ideología no es patrimonio de la izquierda. 
¡Cuidado Rivera, que vienen los tuyos!


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Jorge Sánchez de Castro Calderón

Puedes seguir a Jorge en Twitter  y también en su blog «El único Paraíso es el fiscal» 

Estuve en la Facultad de CC. Políticas de la Complutense antes que Pablo Iglesias. Allí vi a gente de lo más variopinta… Un miembro de la Casa Real; un magistrado del Tribunal Supremo, que me anunció dónde iba a llegar, y hasta un gran maestro marxista que mudó en consejero “black”. También conocí a Tocqueville, a Marx, a Maquiavelo y al sabio español Dalmacio Negro. Incluso a Kelsen y Carl Schmitt, cuya disputa intelectual creo que ganó Don Carl. Si con esto no les basta, les invito a entrar en Ataraxia Magazine o en mi página “El único paraíso es el fiscal”.
 

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