Cartas y amistades rotas…

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A lo largo de los últimos seis años muchos de nosotros nos hemos despedido, con el corazón partido, de relaciones que habían ocupado media vida. Debido a la situación política en Cataluña, y a la fractura brutal provocada por la insensatez de unos cuantos, hemos dejado atrás amistades, abrazos, momentos felices y un sinfín de recuerdos. Muchas de esas relaciones truncadas han acabado con una carta, unas líneas, un adiós, un ya sabes dónde estoy y un hasta siempre. Sirva ésta misiva real, esta epístola de Juan Poz al amigo perdido, de ejemplo de la dolorosa derrota que todos vivimos. Porque nadie ha vencido en esta infame contienda.

 

NOTA DEL AUTOR:

Es curioso, me pide el editor de Ataraxia Magazine que traduzca la carta y, de repente, me ha parecido muy extraña la situación de “trasladar” a mi otra lengua lo que no nació en ella. En Cataluña, eso formaba, antes, parte de la normalidad, de la naturalidad: todos teníamos relaciones de todo tipo y con todas las variaciones lingüísticas posibles, como que, con mi quiosquera, hablemos en catalán y, si nos dirigimos, en el acto de comprar el diario e intercambiar las típicas frases de cortesía, ella a su padre, que la ayuda en el negocio y yo a mi Conjunta, por ejemplo, pasemos al castellano, para volver, entre nosotros, de nuevo al catalán. En fin, la radicalización ha simplificado la oferta drástica y dramáticamente, sin embargo. Traducir es siempre traicionar, como dice el adagio italiano, traduttore, traditore, porque me resulta inconcebible imaginar cómo hubiera sido esta carta en castellano, quizá porque la situación no es trasplantable a una realidad monolingüe en la que no se hubiera dado una crisis de esta naturaleza. En todo caso, solo quería dejar constancia filológica de mi extrañeza. La traducción reza así:

EPÍSTOLA A CLEF

 

Querido BP :

¿Cuánto hace que nos conocemos y nos queremos? ¿Más de cuarenta? Hemos crecido juntos desde aquellos tiempos oscuros del franquismo, tan luminosos, sin embargo, para las esperanzas que alentábamos entonces tú y yo, tan llenos de ellas como de vida y de deseos que hemos ido cumpliendo como hemos sabido y podido, hasta llegar aquí, este tiempo de incertidumbres, de rencor, de irracionalidad e incluso de miedos, porque es mucho lo que está en juego y tengo para mí que, socialmente, nos hemos empecinado en buscar el camino que no lleva a parte alguna, en vez de una solución que nos satisfaga a todos. Es posible que la radicalización que estamos viviendo lo impida como una suerte de mandato religioso imposible de profanar.

Tú nunca habías sido independentista y, como yo mismo, toda tu vida política, que yo sepa, por lo que tú me has dicho, has sido votante de los socialistas, como yo mismo. Hace tiempo, sin embargo, que no sé qué votas y que yo he cambiado mi voto. Sí sé que, al menos, “odiabas” cordialmente a ERC, porque, por motivos laborales, conocías su intolerancia y su incompetencia. Fuiste crítico con los tripartitos, como lo fui yo mismo y, después del segundo, hasta llegaste a ver algo de seny en el discurso de un Artur Mas que volvía de la travesía del desierto con un cierto espíritu progresista. Todo comenzó a torcerse cuando, después de la manifestación del 2010, Mas abrazó en cuerpo y alma el mesianismo patriótico exacerbado y comenzó “oficialmente” un proceso que nos ha llevado al callejón sin salida actual.

Tú y yo somos hermanos de hecho, porque nos escogimos como tales voluntariamente; no lo somos por la obligación de un pack familiar. Hemos trabajado juntos, hemos hecho carreras muy diferentes, yo Filología Hispánica y tú Pedagogía, aunque después derivaste hacia el Derecho deportivo y yo me mantuve en mi primera opción. Nuestras familias han ido creciendo al mismo tiempo y a tus hijos los quiero tanto como a los míos, porque son una suerte de extensión de nuestra propia estimación mutua. Hemos compartido todo lo que nuestra generación, la de los nacidos en la década de los 50, había de compartir; pero de un tiempo a esta parte tenía clavada la mala vibración de que esta locura del independentismo se había instalado entre nosotros como un vacío que no nos atrevíamos a rellenar de palabras que, de hecho, nos dejábamos de decir. Quedábamos y nos veíamos y hablábamos como si todo este movimiento hacia la escisión irremediable de nuestro pueblo no existiera o como si tú dieses por hecho algo que jamás nos hubiéramos atrevido a verbalizar: que tú eres de un pueblo, el sol poble y que yo soy de otro, el de los excluidos de aquella quimérica entidad popular uniforme y de base identitaria.

Alguna vez sí que habíamos dejado claro que teníamos puntos de vista muy diferentes sobre la supuesta “opresión” que sufría Cataluña a manos del resto del Estado -que no un injusto tratamiento fiscal, algo en lo que estábamos de acuerdo- y sobre el absurdo “derecho de autodeterminación” -que era, como ahora se ha visto, lo que en realidad ocultaba el no menos absurdo “derecho a decidir”-, sobre todo si basado en una tergiversación feraz y falaz de la Historia.

Por fin, no obstante, justo antes del 1 de octubre, pudimos hablar durante una hora larga sobre todo eso con la misma tranquilidad de siempre, con toda la cordialidad y con toda la “crudeza” que significaba mantener posiciones encontradas. No traeré ahora aquí, ce por be, aquella conversación, porque cualquiera sabe, si me conoce, por haberme leído, de qué pie calzo. Días después te envié el artículo de Juan José Burniol, Por qué no iré a votar, y me lo agradeciste, porque, como ya sabía yo, se trata de un hombre en cuyo pensamiento podías verte reflejado, como así ocurrió, al menos a nivel conceptual, porque tú, y lo entiendo -y no lo entiendo…- decidiste que votarías y querías que tu voto se contabilizara, tal como me imagino que ocurrió.

Hace poco, cuando la banda de irresponsables del Govern declaró la República, recibí un guásap tuyo que me confortó: se suponía que era un día feliz y tú ni te sentías feliz ni tenías claro que la manera como se habían hecho las cosas desde los días 6 y 7 de setiembre fuera la manera correcta de hacerlas. Después, como siempre, hemos cambiado impresiones sobre nuestros numerosos achaques y quedaremos para vernos y pasar un rato con tu hijo pequeño.

Hemos llegado hasta aquí, así pues, y la mejor noticia de todo ese maldito prusés, BP, es que nuestro afecto recíproco ni tan siquiera se ha agrietado, y aunque no me atrevería a decir que se ha fortalecido, porque es algo difícil, dado el nivel del que partimos, sí que me consuela sentirlo tan vivo como siempre. Perderlo habría supuesto un golpe durísimo y muy difícil de encajar. Volvamos a aquel punto en que dejamos de saber qué votaba cada cual, y hacia el 21D sí que me hago cruces de cuál puede ser tu opción electoral. La mía la puedes intuir más fácilmente. Me hubiera gustado poder hablar con todos los detalles de nuestra firme amistad, con nombres y apellidos, pero ya entiendo que en este tiempo de facciosos y de bandos poco menos que irreconciliables, acaso no te hubiera hecho ningún favor, y es por ello por lo que he tenido que refugiarme en unas iniciales intraducibles. Una epístola à clef, así pues, como en aquellos tiempos de clandestinidad y lucha antifranquista en los que nos conocimos. Curioso. Un fuerte abrazo.


TEXTO ORIGINAL DE LA CARTA EN CATALÁN

 

Molt estimat BP:
¿Quants anys fa que ens coneixem i ens estimem? ¿Més de quaranta? Hem crescut junts des d’aquells temps obscurs del franquisme, tan lluminosos, però, per les nostres esperances de llavors, un nosaltres, tu i jo, tan plens d’elles com de vida i de desitjos que hem anat realitzant com hem pogut i hem sabut, fins arribar aquí, a aquests temps d’incerteses, de rancúnia, d’irracionalitat, i fins i tot de por, perquè és molt el que està en joc i sembla que, socialment, ens hem entestat en cercar el camí que no porta enlloc, ans que una solució que ens complagui a tots, potser perquè la radicalització que estem vivint ho impedeix com a una mena de mandat religiós impossible de profanar. Tu mai havies estat independentista i, com jo mateix, tota la teva vida política, que jo sàpiga, pel que tu m’has dit, has estat votant dels socialistes, com jo. Fa temps, però, que no sé què votes i que també jo he canviat el meu vot. Sí sé que, al menys abans, “odiaves” cordialment ERC, perquè, per motius laborals, coneixies la seva intolerància i la seva incompetència. Vas ser crític amb els tripartits, com ho vaig ser jo mateix, i, després del segon, fins i tot vas veure quelcom de seny al discurs d’un Artur Mas que tornava de la travessia del desert amb un cert esperit de centre progressista. Tot es va començar a tòrcer quan, després de la manifestació del 2010, Mas abraçà el messianisme patriòtic i va començar oficialment un procés que ens ha portat fins a l’atzucac actual. Tu i jo som germans de fet, perquè ens vam escollir com a tals voluntàriament, no ho som, doncs, per l’obligació del pack familiar. Hem treballat junts, hem fet carreres molt diferents, jo Filologia Hispànica, i tu Pedagogia, però desprès et vas reconvertir cap al Dret esportiu i jo em vaig mantenir a la meva opció. Les nostres famílies han anat creixent alhora, i els teus fills me’ls estimo tant com els meus, perquè són una mena d’extensió de la nostra pròpia estimació. Hem compartit tot allò que la nostra generació dels nascut als anys 50 havia de compartir, però d’un temps ençà semblava com que aquesta dèria del independentisme s’havia instal·lat entre nosaltres com a una mena de buit que no gosaven omplir amb les paraules que, de fet, ens deixàvem de dir. Quedàvem i ens vèiem i parlàvem com si tot aquest moviment cap a la divisió del nostre poble no existís o com si tu donessis per fet allò que mai ni havíem verbalitzat: que tu ets d’un poble, del “sol poble” i que jo sóc d’un altre, dels exclosos d’aquella quimèrica entitat popular uniforme i de base identitària. Alguna vegada sí que havíem deixat clar que teníem punts de vista molt diferent quant a la suposada opressió de Catalunya per la resta de l’Estat -que no pas un injust tractament fiscal, quelcom en què hi estàvem d’acord- i el no menys absurd dret al “dret d’autodeterminació” -que era, com ara s’ha vist, allò que amagava el absurd, des del punt de vista jurídic, “dret a decidir”- sobretot si basat en una tergiversació de la Història. Per fi, però, fa unes setmanes, tot just abans de l’1 O, vam poder estar parlant una hora sobre tot això amb tota la tranquil·litat de sempre, amb tota la cordialitat i amb tota la “duresa” que suposava haver de mantenir posicions encontrades. No repetiré ara i aquí, fil per randa, la nostra conversa, perquè hom n’és conscient, si em coneix, per haver-me llegit, de quin peu calç. Dies desprès vaig enviar-te l’article de Juan José Burniol, Per què no aniré a votar, i m’ho vas agrair, perquè, com jo ja sabia, era un home en el pensament del qual podries veure’t reflectit, i així va passar, a nivell conceptual, tot i que tu, i ho entenc -i no ho entenc…- vas decidir que sí votaries i que volies que el teu vot fos comptat, tal com m’imagino acabaries fent. Fa poc, quan la colla d’irresponsables del Govern va declarar la República vaig rebre un guàsapteu que em va confortar: Se suposava que era un dia feliç i ni tu et senties així, ni tenies clar que la manera com s’havien fet les coses des dels dies 6 i 7 de setembre era la manera correcta per fer les coses bé i amb sentit. Després, com sempre, hem canviat impressions sobre les nostres xacroses saluts,  i quedarem un d’aquests dies per veure’ns i passar una estona amb el teu fill petit. Hem arribat fins aquí, doncs, i la millor notícia de tot aquest maleït procés, BP, és que la nostra estimació recíproca ni tan sols s’ha esquerdat, i tot i que no gosaré dir que s’ha enfortit, perquè es quelcom difícil, sí que em consola sentir-la tan viva com sempre. Perdre-la hauria estat un cop molt difícil d’encaixar… Tornem a aquell bon punt en què vam deixar de saber què votava l’altre, i cap al 21D sí que em faig creus de quina pot ser la teva opció electoral. La meva la pots intuir més fàcilment. M’hagués agradat poder parlar amb tots els ets i uts de la nostra ferma amistat, amb noms i cognoms, però ja entenc que en aquest temps de faccions i bàndols poc menys que irreconciliables potser no t’hauria fet cap favor, raó per la qual he hagut de refugiar-me en inicials poc menys que impossibles de traduir. Una epístola à clef, doncs, com en aquells temps de clandestinitat i lluita antifranquista en què ens vam conèixer. Curiós. 
Una abraçada ben forta.

Juan Poz-firma

Autor- Juan Poz

Juan Poz forma parte del elenco de escritores que da forma semanalmente a Ataraxia Magazine. Puedes seguirle en Twitter como @JuanPoz9 y también en su excelente blog de crítica cinematográfica «El Ojo Cosmológico de Juan Poz»

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