Anatomía del procés

Anatomía-interior

Entre la historia, la sociología y la psicología: un análisis académico de un hecho concluido históricamente, pero mantenido con vida artificialmente… para mayor ridículo de sus deudos.

 

Coincidiendo con el intento de golpe al estado español dado por el Movimiento Nacional Secesionista Catalán, que creyó poder quebrar la legalidad constitucional con la aprobación de leyes que establecían otra legalidad nueva por las bravas, basada en la inexistente y enigmática “soberanía catalana”, se presentó en La Casa del Libro, que vale decir la casa de la cultura y de la convivencia, el libro coordinado por Joaquim Coll, Ignacio Molina y Manuel Arias Maldonado: “Anatomia del procés”. Aunque temimos, los asistentes, que la presencia de Manuel Valls acabara fagocitando mediáticamente el acto, este discurrió por los cauces, digamos “académicos”, que correspondían.

El libro surgió de las sesiones de un Seminario dedicado al “prusés” y celebrado en la UIMP a principios de verano, impulsado, básicamente, por Joaquim Coll. Estamos en presencia, pues, de una novedad editorial cuya oportunidad, en esta fecha tan marcada en el calendario de los horrores antidemocráticos, es indiscutible. La idea original, acercarse al fenómeno del prusés como un proceso acabado y datable, desde 2012 hasta 2017, responde a la necesidad historiográfica de tratar con “hechos conclusos”, no abiertos, de modo que la realidad “en curso” no acabe desmintiendo totalmente análisis y conclusiones. Aunque la deriva de algarada y agitprop que han seguido a ese periodo es el pan nuestro de cada día, e indica una lamentable dirección, culminada en la elección del primer presidente abiertamente racista en la Historia de Cataluña, desde la Transición del 78, los presentes, salvo matices, coincidían en que la aplicación timorata del 155 puso punto final al prusés tal y como los propios secesionistas nos lo han vendido, DUI incluida.

Acercarse, así pues, a un hecho “ya” histórico, pero tan cercano, implica unos riesgos ciertos, no solo porque buena parte de los hechos internos, y acaso determinantes, del propio Movimiento Nacional, nos son desconocidos —poco a poco vamos conociendo reacciones hasta ahora escamoteadas, como la de Rull: “He hecho el gilipollas”, al enterarse de la cobarde huida de Puigdemont a esa Suiza jurídica que ha resultado ser Bélgica—, sino porque ni siquiera los conocidos admiten una lectura inequívoca.

La opacidad, la ocultación, el engaño y la propaganda distorsionaban en qué ha consistido el prusés, con su “pompa y circunstancia” de los “astutos” “acuerdos de País”, de las “leyes de transición”, de la propia “constitución catalana” de por medio, un conjunto de demencias en las que de forma consciente, pero frívola, colaboró buena parte de la sociedad civil para no pasar por el mal trago de ser considerados traidores, botiflers; esa opacidad, ya digo, ha velado las insufribles contradicciones internas de un Movimiento Nacional con los pies, no ya de barro, sino enterrados en la ciénaga populista del supremacismo, de la xenofobia y de las consignas propias de los regímenes totalitarios de los años 30: un pueblo, una lengua, un Moisés…

Los intervinientes fueron explicando su participación en el volumen con excelente fortuna, porque quedó bien claro a los presentes la génesis y el tenor de las participaciones en una obra que no es una suma de opiniones heteróclitas, sino un enfoque multidisciplinar de un hecho considerado ya, por los coordinadores “histórico”, y no en el sentido en que los secesionistas nos han aburrido con su secuencia infinita de miserias históricas con las que pretendían convencernos de que íbamos hacia la Tierra prometida, en vez de al desastre. Joaquim Coll hizo una distinción muy conveniente entre el título del volumen, “Anatomía…”, y el que pretendían los editores que tuviera, “Autopsia…” Que hayan dejado “Anatomía…” lo acerca al título del libro de Cercas, Anatomía de un instante, sobre otro intento de golpe de Estado. A mi parecer, es esta, la de Cercas, una “ausencia” que se echa de menos, sobre todo por el atento seguimiento que ha hecho el autor de todo lo relativo al prusés desde las páginas de El País, pero en modo alguno ensombrece la importancia de los que figuran. Joaquim Coll se centró en el reto que para los historiadores entraña acercarse, como hecho consumado, a ese cálculo erróneo de las propias fuerzas e incluso de la “nobleza” de la propia causa, con los efectos consiguientes, siendo el peor de todos, la insuturable división interna de la población catalana entre quienes quieren una república autoritaria y paraétnica, de un lado, y quienes seguimos defendiendo la radical españolidad de Cataluña y el acatamiento a la Constitución del 78, de otro.

Bassets analizó el fenómeno de la supeditación mediática al prusés, marginando de raíz la expresión de un pensamiento crítico, lo cual ha “unificado” la producción de mensajes de los canales públicos y pseudoprivados, con la consiguiente merma del pluralismo informativo, un hecho poco o nada democrático. Él no lo mencionó, pero en la mente de todos todos los asistentes estaría el famoso inicio de esta perversión mediática: el editorial conjunto que contribuyó, como otras muchas reuniones solemnes de esa “Mesa por el derecho a decidir”, y engendros semejantes, a la construcción de la uniformidad de pensamientos y de objetivos “políticos”. Insistió, además, en un punto crucial del éxito del prusés: la construcción de un relato eficaz del memorial de greuges, por más que constituya una impostura, una mixtificación. En el haber del prusés señaló dos factores determinantes: los medios de comunicación y la escuela, cuya existencia no explica por sí sola el prusés, pero sin la cual tampoco podría explicarse. El mundo de la información ha descubierto, malició Bassets, adjudicándoselo a un colega de La Vanguardia, els mitjans privats concertats… A través de ese despliegue mediático se transmitieron con eficacia ideas del XIX con tecnología del XXI.

Fue Manuel Valls quien recordó la importancia de la manifestación del 8 de octubre como reacción constitucionalista contra el golpe al Estado. En la parte de las respuestas a las preguntas de los asistentes, Joaquim Coll recordó la perplejidad del PSC ante la explosión de indignación de más de un millón de personas —dijeron, pero ya se sabe que las cifras en CAT sufren de guarismitis— y ante la ceguera hermenéutica de Josep Ramoneda, incapaz de detectar la puesta de largo del nuevo “sujeto histórico” frente al relato de la Cataluña única, homogénea y excluyente de los secesionistas.

Astrid Barrio expuso su convicción de que el modelo del prusés respondía a lo que los politólogos llaman el modelo de sobrepuja, según el cual, en ausencia de un poder efectivo y aceptado —como fue en su tiempo el de CiU— entre los partidos y las asociaciones que se disputan la influencia social para conseguir los objetivos políticos se establece una competición para ir “mas allá” en los objetivos o en los métodos que, en este caso, los partidos secesionistas y los movimientos de la ANC y Ómnium nos han traído al actual cul-de-sac, en el que, sin embargo, como se advierte por el tándem Puigdemont-Torra, algunos insisten, ignorando que ya se ha producido un final “de hecho” con el 155, que ha inutilizado el modelo. Insistir en él solo llevará a una repetición, más dura, del 155 y a las responsabilidades políticas pertinentes. Astrid Barrio defendió, también, que el modelo del prusés constituye una deformación sustancial de los fundamentos de la democracia liberal, y de ahí la nula repercusión internacional favorable a un modelo populista que ataca esos fundamentos compartidos por la Unión Europea. La profunda indefinición de los límites entre partidos y asociaciones de activistas está en la raíz de esa “competición” por liderar la vía unilateral hacia la independencia, al margen de las consecuencias objetivas de la transgresión legal que ello supone y que ha dado con políticos y activistas en la cárcel, de modo preventivo.

Durante el breve turno de respuestas al público, se abrió un debate que, de hecho, ha de ser el debate que nos ocupe a los catalanes en muchos años por venir: la redefinición del catalanismo político. Ahí las posiciones de los presentes, como es natural, divergían, porque, dada la emergencia del nuevo sujeto histórico que no “comulga” con lo que hasta ahora había sido tolerado con sorprendente pasividad a cambio, parece, de la paz social, la configuración del relato excluyente del catalanismo ha sufrido un revolcón descomunal y ha provocado un rechazo que va a ir más allá de cuanto conocíamos. Nada, ya, va a ser lo mismo. Auguro, sin embargo, teniendo la manos lejísimos del fuego, que la tercera va de quienes compartimos las identidades catalana y española en riguroso plano de igualdad oficial y emocional, iremos ganando, poco a poco, el relato de la “nueva Cataluña” que sustituya al antiguo pal de paller que quiso ser un nacionalismo cuya verdadera cara corrupta, supremacista y xenófoba encarnan Pujol, CiU, y cuanto, en forma de secesionismo delirante, ha venido después.

Manuel Valls supo huir del vedetismo político que su propio currículo le otorga, y puso el acento en la recuperación necesaria, urgente, de la dimensión española y europea de Cataluña, porque son las únicas vías a través de las cuales nuestra Comunidad puede ejercer cierta influencia en la realidad política actual.

Al acabar el acto, se me ocurrieron dos cosas. Una, que la mejor definición del prusés la hizo Galdós al relatar la enésima campaña carlista por conseguir la legitimidad del trono: En San Carlos de la Rápita desembarcó la locura. Venía guiada por la necedad y a recibirla salió la ceguera. ¡Y nos habían hecho creer que todo lo tenían bien dispuesto! Dos, que los secesionistas deberían pensar que sin los catalanes constitucionalistas nunca serán nada, pero que juntos, todos podremos serlo todo.

Finalmente, ha de insistirse, por amor a la verdad, que el libro no es una mera recopilación de artículos, sino una exploración, desde diferentes ámbitos y enfoques, de un hecho histórico notable y desgraciado, con una perspectiva académica, esto es, lejos de la confrontación política y adscrita de lleno al análisis metodológico riguroso, de la que se beneficia el lector, quien recibe un plus de ecuanimidad, de objetividad y de desapasionamiento crítico.

Ítem más: Había cierta expectación política por la decisión pendiente de Manuel Valls de aceptar el ofrecimiento de C’s para encabezar su candidatura a las municipales en Barcelona ciudad. No la despejó, por supuesto, pero sus últimas palabras fueron un alegato a favor de la consolidación del proyecto europeo y de la importancia de Cataluña dentro de España y de Europa, y de la necesidad de construir un catalanismo plural y abierto.

Nos va el futuro en ello.

Juan Poz-firma

Autor- Juan Poz

Juan Poz forma parte del elenco de escritores que da forma semanalmente a Ataraxia Magazine. Puedes seguirle en Twitter como @JuanPoz9 y también en su excelente blog de crítica cinematográfica «El Ojo Cosmológico de Juan Poz»

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