Arquímedes y Leonardo

Arquímedes Leonardo InteriorArtículo presentado en el XI Congreso de la Sociedad Española de la Historia

 

Resumen

La pretensión de este trabajo consiste en clarificar que tanto Arquímedes, que vivió en el siglo III antes de Cristo, como Leonardo da Vinci, que lo hizo aproximadamente diecisiete siete siglos más tarde, en pleno Renacimiento, representan dos fuentes importantes del saber que pueden considerarse fundamentales en el desarrollo futuro de la historia de la ciencia, y que emanan de la misma o parecida concepción del mundo. Tanto desde el punto de vista del conocimiento científico como del tecnológico, las obras del sabio griego y las del florentino abarcan el saber universal bajo dos puntos de vista. Por un lado, el científico, pues ambos hacen contribuciones al dominio de la matemática en sus diferentes variantes de: aritmética, geometría, astronomía, óptica y mecánica y lo hacen de forma científica, aunque no exenta de originalidad. Por otro lado, los dos sabios eran técnicos o ingenieros desde el punto de vista de la modernidad, como una forma de encontrar una aplicación práctica a sus descubrimientos e investigaciones, y de ahí el gran debate de la ciencia moderna, relativo a si es más importante la ciencia o la tecnología, o cuál de ellas fue antes; en los dos personajes se encontraban en la misma persona y por lo tanto en la misma concepción de pensamiento, que lo hace más comprensible.

Otros aspectos novedosos que se piensan poner al descubierto es la seguridad — comprobada documentalmente—, de que Leonardo bebió de la sabiduría del primero, aunque no haga ostentación y publicidad de ello.

Por último, parece de gran importancia situar a ambos personajes en la cultura de su época, y en la influencia posterior de su legado no sólo en el aspecto científico, sino en el cultural.

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Introducción

Desde mediados del siglo pasado la sociedad va tomando conciencia de que existe una escisión o, como mínimo, una acusada separación entre el mundo de los intelectuales de tipo tradicional, entre los que se pueden encontrar filósofos de la ciencia, ensayistas y literatos, de los científicos de laboratorio, físicos teóricos e ingenieros, pero que sin embargo, todavía ha sido imposible resolver.

Uno de los primeros en darse cuenta del fenómeno y abordarlo con rigor ha sido C. P. Snow (1977) que en su trabajo de investigación está convencido de que existen dos culturas que emanan de dos grupos de parecida procedencia, nivel de estudios y trabajo, pero que, no obstante, se posicionan en dos grupos diametralmente opuestos con una visión partidista y deformada de la realidad de unos con otros.

Pero no es sólo este el problema, pues aún se sigue debatiendo en la comunidad científica sobre el significado y características de la Ciencia y de la Técnica y por ende de los científicos y de los ingenieros, esencialmente en el contexto de la historia y su evolución, en los aspectos de importancia u orden cronológico de su aparición, que han determinado la idea de que la ciencia tiene más que ver con el saber, mientras que la tecnología lo efectúa con el hacer. Por ejemplo Peter J. Bowler e Iwsan Rhys Morns (2007) creen que desde un punto de vista histórico, filosófico y sociológico, la relación entre la ciencia y la tecnología siempre ha sido objeto de un importante debate, que todavía continúa, debido a que la relación entre la ciencia y la tecnología siempre ha sido jerárquica, siendo los científicos los que crean las teorías nuevas que los ingenieros utilizan después para encontrar soluciones útiles y prácticas, que les ayuden a construir puentes, bombas nucleares u otros ingenios, aunque en la actualidad el debate sobre la naturaleza de la ciencia y la tecnología, visto desde el punto de vista histórico, no tiene una respuesta correcta ni una respuesta incorrecta, puesto que la relación entre ambas se puede establecer de muchas maneras. [BOWLER y RHYS, 2007, pp. 493-518].

Otros eminentes investigadores como Dominique Preste (2005) están convencidos de que la ciencia y la tecnología forman parte del mismo cuerpo de conocimiento o saberes, pero que la ciencia como tal puede tener varias caras en su lenta evolución histórica desde su nacimiento en el siglo XVII hasta las últimas décadas del siglo XX, donde su cara más visible es la de la ciencia como una industria en que se solapan el mundo económico y el político.

En este contexto de interpretaciones tan variadas y cambiantes en que nos encontramos inmersos, nos ha parecido importante hacer un recorrido por la historia de la ciencia para intentar encontrar alguna luz que nos ilumine y nos aclare nuestras dudas. Y he aquí que hemos encontrado respuestas contundentes a nuestras preocupaciones en la vida y en la obra de dos grandes sabios de la antigüedad como fueron Arquímedes y Leonardo da Vinci, que, a pesar de la enorme distancia cronológica entre sus vidas —nada menos que 17 siglos—, fueron capaces de integrar en un solo cuerpo de conocimiento lo que hoy en día conocemos por Ciencia y Tecnología de una forma sencilla y natural, a partir de razonamientos y teorías que se podrían encuadrar en “La ciencia” y las demostraciones y experimentaciones que dichos razonamientos y teorías precisaban, que corresponderían a la “ ingeniería o tecnología” de nuestros días.

Tanto Arquímedes como Leonardo da Vinci desarrollan el siguiente esquema: Ciencia + Juego o experimentación práctica = Ingeniería.

Es decir, tanto Arquímedes como Leonardo da Vinci buscaban razonamientos y teorías filosóficas que necesitaban comprobar que funcionaban, y a tal fin desarrollaban todas las técnicas posibles que demostraran su funcionamiento y utilidad práctica, lo mismo que hace cualquier científico con sus mediciones o experimentos de laboratorio. Se trata sencillamente de demostrar y explicar en la práctica unas ideas y razonamientos que surgen en la mente y eso es lo que hacen los científicos. O lo que es lo mismo, tanto Arquímedes como Leonardo da Vinci desarrollan el siguiente esquema: Ciencia + Juego o experimentación práctica = Ingeniería.

Así mismo, a través del análisis de sus obras y de la opinión de muchos autores, tanto antiguos como contemporáneos, aparece un denominador común para ambos que no es otro que el de ser hombres universales adelantados a su tiempo.

En tal sentido, el Diccionario esencial de las ciencias, de la Real Academia de ciencias exactas, físicas y naturales, identifica a Leonardo como artista, pensador e investigador, situando su obra en todos los campos de la ciencia y la ingeniería. Parecida glosa hace de Arquímedes al que considera un físico y matemático griego que fue capaz de calcular el valor aproximado de PI y sus funciones, el perímetro del círculo y la longitud de la circunferencia, además de enunciar las leyes de la palanca y la hidrostática que aplicó en numerosos inventos, como el polipasto y diversas máquinas de guerra.

Otro aspecto importante que salvo error u omisión no tenemos noticias de que ningún biógrafo, historiador o escritor se haya ocupado de ello, es la seguridad de que Leonardo fue conocedor de la obra de Arquímedes, ya que leyó y estudió la obra del genial arquitecto romano  Marco Vitruvio (siglo I a.C.) que le inspiró un famoso dibujo, El hombre de Vitruvio, con notas anatómicas incluidas, que representa una figura masculina desnuda en dos posiciones superpuestas que sugieren el movimiento alternativo de brazos y piernas y que se encuentran inscritas en un círculo y un cuadrado. Idea que Vitruvio copió sin lugar a dudas del postulado de Arquímedes  Medida del círculo, pues tenía un buen conocimiento de toda la obra de Arquímedes; no en vano es a él a quien se deben algunas interesantes anécdotas que reflejan la genialidad del sabio de Siracusa como la que relata el curioso suceso del rey Hierón de Siracusa, que para celebrar un gran acontecimiento, entrega a un importante platero de la ciudad una buena cantidad de oro para que con dicho metal fabrique una suntuosa corona. Cuando el platero le devolvió la corona, el rey tuvo el presentimiento de que éste le había estafado por lo que encargó a Arquímedes que averiguara si había sido engañado. Arquímedes comenzó a darle vueltas al asunto y no encontraba forma de resolverlo. Mas encontrándose un día bañándose en una tina que tenía demasiada agua, al sumergirse en ella observó que parte del agua se derramaba por efecto del peso y volumen de su cuerpo, y entonces se dio cuenta de que había encontrado la solución al enigma que el rey le había planteado, puesto que el agua desalojada estaba en relación al peso y al volumen del cuerpo sumergido, o sea a la densidad del mismo. Lo que en términos modernos significa que todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta un empuje de abajo hacia arriba, igual al peso del volumen del líquido que desaloja.

TambiénJacopo Recupero (1966) afirma que Leonardo conoce perfectamente la obra de Arquímedes, pues en el tratado de Scienze Matematiche, número 15, Leonardo escribe: “La quadratura del cerchio d´Archimede è ben detta e male data”; también en el número 16 se atreve a cuestionar una afirmación de Arquímedes cuando dice: “Archimede ha data la quadratura d’una figura laterata e non del cerchio. Adunque Archimede non quadra mai figura di lato curvo. E io quadro il cerchio, meno una porzione minima, quanto lo intelettio possa imaginare”. [RECUPERO, 1966, pp. 689-690].

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Arquímedes

Aunque ha pasado más de un siglo desde la muerte de Aristóteles hasta el nacimiento de Arquímedes, el sabio de Siracusa recoge buena parte de la tradición de ciencia natural de los pensadores posteriores a los clásicos griegos por excelencia, a través de los sabios alejandrinos, especialmente de su maestro Conón de Samos y de Eratóstenes a quien se atribuye la primera medición de la circunferencia de la Tierra.

Algunos datos de su biografía no pueden asegurarse con rotundidad, y es probable que algunos de los descubrimientos que se le atribuyen pertenecieran a alumnos suyos o personajes desconocidos de la época; poco se puede asegurar pues las noticias de sus contemporáneos se circunscriben a algunas vagas referencias de Suidas y Herón. No importa pues lo que nos interesa a nosotros es remarcar la aparición de una corriente de ciencia natural en la Grecia del siglo III-IV antes de Cristo que historiadores romanos de cierta entidad como Tito Livio (s. I a. C.), e historiadores griegos como Polibio (s. II a. C.) o Plutarco (s. I-II de nuestra era), reconocen a Arquímedes.

Se cree que Arquímedes nació en Siracusa, colonia griega de la península de Italia, hacia el año 287 a. de C. Su padre se llamaba Fidias y era astrónomo, lo que permite pensar que pudo ser él quien le aficionara a la reflexión en los aspectos del conocimiento relativos a la naturaleza. Por lo pronto, se preocupó de enviarlo a estudiar a Alejandría, cuna de la ciencia de dicha época, donde adquirió unos conocimientos enciclopédicos de todo lo que convenía saber del mundo y de la vida, y para ello siempre tuvo a la naturaleza como norte y guía de sus pensamientos, razonamientos y experimentaciones prácticas.

Los testimonios de Plutarco recogidos en su obra Vidas Paralelas, en el apartado dedicado a la comparación entre dos personajes históricos como Pelópidas y Marcelo, nos dibujan a un hombre de ciencia de gran juicio e inteligencia casi sobrehumana, que no quiso dejar nada escrito de sus inventos e ingenios, pues tenía por innoble cualquier ocupación en la vida práctica, que sólo desarrollaba por diversión o encargo, como sucedió en la petición de su rey Hierón, para que se ocupara de diseñar y fabricar ingenios bélicos para defender la ciudad ante el cerco de los romanos mandados por Marcelo, en el curso de la Segunda Guerra Púnica que éstos mantenían con Cartago y algunos estados de la Magna Grecia, entre los que se encontraba Siracusa. Y en esos menesteres era capaz de encontrar aplicaciones y soluciones a cualquier problema que pudiera suscitarse en cualquier momento y circunstancia. [PLUTARCO, 1991, p. 461].

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En la misma o parecida línea se encuentran las opiniones de los investigadores de la actualidad que coinciden en afirmar que se trata de un sabio con talento e ingenio especial que le permitió dominar la ciencia y la técnica de forma global, utilizando un verdadero método de razonamiento, y usando como ayuda los conocimientos que en aquellos tiempos existían de la física, la aritmética, la geometría y la técnica o su equivalente, la ingeniería.

En otro “manuscrito”, Equilibrios planos, desarrolló y fundamentó la “ley de la palanca” que postula que cualquier cuerpo por pesado que sea, se puede siempre levantar a partir de un punto de apoyo con un brazo suficientemente largo y resistente.

Circunscribiéndonos principalmente a sus aportaciones físicas, por encima de todo, se encuentra el principio que lleva su nombre “principio de Arquímedes” que aún está en vigor en la actualidad y que viene a decir: Si un cuerpo se sumerge en agua mansa, la presión que ésta ejerce de abajo hacia arriba sobre dicho cuerpo, es igual al peso del agua desplazada por el cuerpo. De forma que, si un cuerpo pesa menos que el volumen de agua desplazada, experimentará una presión hacia arriba mayor que su propio peso que lo subirá a la superficie, como fácilmente se comprueba en la flotación de una barca en un río o en el mar, y que Arquímedes fue capaz de trasladarlo a la construcción de naves de todo tipo. Todo lo cual se encuentra reflejado, demostrado y explicado en uno de sus escritos más famoso como fue Sobre los cuerpos flotantes, pionera en las técnicas hidrostáticas. En otro “manuscrito” Equilibrios planos, desarrolló y fundamentó la “ley de la palanca” que postula que cualquier cuerpo por pesado que sea, se puede siempre levantar a partir de un punto de apoyo con un brazo suficientemente largo y resistente. A él se le atribuye la famosa sentencia: “darme un punto de apoyo para mi palanca y lograré levantar el mundo”, frase incorporada al léxico cultural como una metáfora sugerente y que el sabio de Siracusa logró explicar en base a la razón y la demostración matemática. En relación a la geometría escribió un tratado Sobre la esfera y el cilindro, con un ingenioso método llamado de exhaustion, embrión de los modernos cálculos integrales, con el que logra determinar la superficie de una esfera y la del cilindro circunscrito a ella. Y nos viene a la mente un pensamiento simple y sencillo: ¿no es todo ello parecido a los métodos científicos utilizados en la actualidad por los investigadores? Probablemente parece que es así, y la lectura tranquila y sosegada de su pensamiento teórico y matemático, además de sus demostraciones prácticas y técnicas empleadas, nos debería llevar a la convicción de que Arquímedes fue un científico y un ingeniero al mismo tiempo desde el punto de vista actual.

Respecto a las aplicaciones técnicas y mecánicas que desarrolló, se podría decir que lo hizo de una forma bastante parecida a como se realizan en la actualidad, pero con la característica especial, según nos cuenta Plutarco, de que Arquímedes realizaba las aplicaciones técnicas de sus inventos como una forma de demostrar que sus principios funcionaban, además de servirle como distracción en sus tiempos libres. Algo que también se repetiría 17 siglos después con Leonardo da Vinci que se sirvió de sus razonamientos y demostraciones matemáticas al servicio de la ingeniería civil y militar de la época.

Se sabe que el insigne hombre de ciencia mantuvo activa correspondencia con pensadores y matemáticos alejandrinos, como fue el caso de Eratóstenes como queda reflejado en una carta que aún se conserva relativa a algunos comentarios de proposiciones mecánicas.

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También es conocido que existió un historiador de su tiempo llamado Herakleides que escribió su biografía, pero ésta se perdió y no llegó hasta nuestros días. Mejor suerte tuvieron los escritos de Tzetzes, polígrafo bizantino del siglo XII que nos informa de que Arquímedes trabajó en geometría hasta edad avanzada, “viviendo setenta y cinco años”, así mismo nos informa que éste logró introducirse en la corte de Hierón II, importante y sagaz estadista que utiliza su saber y ciencia para importantes fines de ingeniería militar, no en vano se cuenta que la muerte sorprendió a Arquímedes cuando los romanos capturaron Siracusa, en el transcurso de la Segunda Guerra Púnica, mientras se encontraba absorto en la resolución de un problema geométrico que pensaba utilizar en la construcción de algún ingenio defensivo contra ellos, allá por el año 212 antes de Cristo.

Para Clifford A. Pickover, se trata de uno de los cuatro matemáticos más grandes de la historia, al que acompañan Euler, Newton y Gauss, pero le parece más meritorio su contribución por ser el primero. Para Manuel Lozano Leyva (2005), la influencia de Arquímedes en la historia de la ciencia ha sido muy curiosa. Apenas tuvo influencia en sus contemporáneos, exceptuando sus inventos para la defensa militar y otros de utilidad práctica, en cambio sus principios de física mecánica y geometría que eran sus preferidos, no adquirieron importancia hasta que fueron traducidos al árabe en los siglos VIII y IX por ser el imperio predominante, habiendo servido sus principios de inspiración a los mejores matemáticos árabes del momento. No obstante, la eclosión de sus ideas fundamentales se produciría después de la invención de la imprenta de tipo móvil, entre mediados y finales del siglo XVI, cuando algunas imprentas suizas e italianas tradujeron sus escritos directamente del griego, lo que bien pudo facilitar su lectura y análisis a grandes hombres de ciencia como fueron Galileo, Kepler y Descartes.  [LOZANO LEYVA, pp. 30-31].

A través de la carta que dirige al astrónomo y matemático alejandrino Eratóstenes que se recoge en un libro titulado El Método, se puede comprobar con claridad que Arquímedes era poseedor de un método para desarrollar sus enunciados y teoremas, que debían concluir con sus demostraciones de una forma parecida a como la realizan los científicos de la actualidad cuando afirma: (hellip) “Y llegado el caso, la investigación de cuestiones matemáticas, he creído oportuno confiarle por escrito, y explicar en este mismo libro, las características propias de un método según el cual le sería posible abordar la investigación de ciertas cuestiones matemáticas por medio de la mecánica. Algo que, por lo demás, estoy convencido, no es en absoluto menos útil en orden a la demostración de los teoremas mismos”.

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Podría afirmarse, con la pequeña recopilación de los escritos del sabio que nos han llegado hasta nuestros días, que Arquímedes fue el hombre de ciencia más notable de la antigüedad, lo que influyó sobremanera en el poderoso eco de éste en las ideas físicas y matemáticas de los siglos XVI y XVII. Siendo el bizantino León de Tesalónica en el siglo IX quien reúne las obras del sabio disponibles, en Constantinopla, que da como resultado la compilación de textos para las posteriores copias y versiones renacentistas, a las cuales, sin duda, tuvo acceso Leonardo da Vinci. [ARQUÍMEDES, 1986, p. 10-11].

Más contundente si cabe es la opinión vertida en la Introducción de otra versión del Método efectuada por Pedro Miguel González Urbaneja y Joan Vaqué Jordi, donde afirman claramente que Arquímedes es sin duda uno de los científicos más conocidos de la historia, no sólo por haber creado el principio de la hidrostática que lleva su nombre, sino también por haber sido uno de los creadores de la estática, considerada como uno de los embriones de la mecánica racional.

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Leonardo da Vinci

Nace en Vinci, villa toscana de la Antigua República de Florencia, y era hijo ilegítimo de una campesina y de un rico notario florentino llamado Ser Piero. Ya a temprana edad apareció el talento y la capacidad de imaginación de nuestro sabio a partir de las observaciones del entorno natural, lo que convenció a su padre de las amplias posibilidades de su hijo, que le llevaría a tomar la decisión de ingresarlo en el famoso taller de pintura y escultura de Andrea Verrochio que estaba muy introducido en la corte de Lorenzo de Médici. Una vez adquirida la madurez y el conocimiento necesario, en 1482 se abre paso en la corte de Ludovico Sforza de Milán, donde se establecería durante unos diecisiete años como pintor e ingeniero del ducado, básicamente como experto en proyectos de construcción en ingenios militares y obra civil de gran calado, que le llevaron a estudiar y reflexionar sobre mecanismos de hidráulica, sistemas de palancas y poleas, pintura, escultura y arquitectura. Durante su estancia en la corte de Ludovico Sforza proyectó espaciosas villas en la ciudad de Milán, importantes canalizaciones y el proyecto de la monumental escultura de la estatua ecuestre en honor de Francesco, fundador de la dinastía Sforza, en cuyo trabajo de maqueta empleó dieciséis años, dejándolo inconcluso.

Leonardo se pasaba largas temporadas viajando de un lugar a otro, proyectando bocetos y mapas para la construcción de canales, puentes e ingenios militares, como podían ser cañones y murallas a prueba de la artillería enemiga.

Parece ser que su amistad con un fraile franciscano llamado Luca Pacioli, gran matemático, que escribía y enseñaba en italiano, pudo resultar providencial para entrar en contacto con los escritos matemáticos de Pitágoras, Euclides y Arquímedes y aprender los elementos fundamentales de la matemática que tanto le interesaba para desarrollar sus teorías e impregnarse de un conocimiento superior que no había podido adquirir en las universidades y academias de ciencia. Por sus propios relatos sabemos que conocía bien el Timeo de Platón y poseía varias obras de Aristóteles como el tratado de la Física. A partir de 1500 se le conoce en la corte de Florencia donde reinaba César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, que fue considerado un modelo de estadista y gobernante, como había dejado plasmado Maquiavelo en su famosa obra El Príncipe. Las ansias de conocimiento y poder de éste eran inmensas lo que le hizo reunir en su corte lo mejor de la cultura, las artes y la ciencia, al mismo tiempo que se empeñaba en conquistar gran parte de los estados italianos. De esta forma Leonardo se pasaba largas temporadas viajando de un lugar a otro, proyectando bocetos y mapas para la construcción de canales, puentes e ingenios militares, como podían ser cañones y murallas a prueba de la artillería enemiga. De vuelta a Milán, hacia 1506, en su calidad de arquitecto y pintor de la corte, construyó un castillo para su protector Charles d’Amboise, que en aquellos momentos era el gobernador francés de Milán, dedicando buena parte de su tiempo a aprender, estudiar y reflexionar sobre aspectos de la mecánica, los fenómenos de la naturaleza y sus fuerzas. Siendo en esta época cuando estudia a los clásicos griegos como Aristóteles, Platón y, probablemente Arquímedes de quien habría aprendido las leyes de la hidrostática y de la palanca.

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Leonardo combina ideas de Aristóteles, mezcladas con la ideología neoplatónica, la exactitud de Arquímedes y su propio pensamiento para identificar el concepto fundamental del universo, que se reunía en lo que él denominaba “las cuatro potenze” formadas por el movimiento, el peso, la fuerza y la percusión, que constituían la clave de todas las acciones del universo lo que le llevó a afirmar que el movimiento es la causa de toda la vida.

Michael White (2004) piensa que Leonardo combina ideas de Aristóteles, mezcladas con la ideología neoplatónica, la exactitud de Arquímedes y su propio pensamiento para identificar el concepto fundamental del universo que se reunía en lo que él denominaba “las cuatro potenze” formadas por el movimiento, el peso, la fuerza y la percusión que constituían la clave de todas las acciones del universo lo que le llevó a afirmar que el movimiento es la causa de toda la vida. Además, considera a éste un verdadero científico por el gran empeño que puso en desentrañar dichas ideas a partir de la investigación, razonamiento y la experimentación, con observaciones y mediciones precisas que le convierten en un verdadero científico para su tiempo. [WHITE, 2004, pp. 243-245].

Algunas de sus reflexiones encontradas en su cuaderno de notas confirmarían muchos aspectos de su vocación científica como: “a mi juicio, todas las ciencias serían vanas y estarían llenas de errores, a menos que nazcan de la experiencia, madre de toda certeza, y si luego no son probadas por ella; es decir, si en el principio, en el intermedio o el final no pasan a través de los cinco sentidos”, o (hellip) “La experiencia no alimenta los sueños de los investigadores, sino que siempre procede de principios fijados minuciosamente con anterioridad, paso a paso con ilación hasta el final, como puede apreciarse en los principios matemáticos. En matemáticas nadie discute si dos veces tres son más o menos que seis o si los ángulos de un triángulo son menores que dos ángulos rectos. En esta materia, todas las disputas acaban para siempre, y los aficionados a estas ciencias pueden disfrutar de ellas en paz. Esto resulta inalcanzable para las engañosas ciencias especulativas. Hay que desconfiar de las enseñanzas de estas teorías, ya que sus razonamientos no son confirmados por la experiencia”. Y esa experiencia de la que habla Leonardo da Vinci es como la experimentación para los científicos de la actualidad, pues ambas cuestiones buscan la verdad por encima de todo, lo que para el sabio florentino consiste en buscar las aplicaciones prácticas de sus principios naturales y de sus demostraciones matemáticas.

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En otro apartado de su cuaderno de notas referido a la ciencia dice: “La ciencia es una investigación realizada por medio del pensamiento, que empieza por origen último de una materia, más allá de la cual no puede encontrarse nada en la naturaleza que forma parte de aquella. Tomemos por ejemplo la cantidad continua de la ciencia geometría: si empezamos por la superficie de un cuerpo, vemos que está formado por líneas que son los límites de la superficie. Pero no podemos quedarnos ahí, porque sabemos que la línea, a su vez, está formada de puntos, y que el punto es la unidad última más pequeña tras la cual no existe cosa alguna. Por lo tanto, el punto es el principio primero de la geometría, y no puede existir, ni en el pensamiento humano ni en la naturaleza, nada que pueda ser origen del punto. (hellip). En la investigación científica se debe proceder metódicamente; esto es, se debe distinguir entre las diversas partes del tema propuesto, de tal forma que no haya en él confusión alguna y pueda ser bien comprendido”. Razonamientos que demuestran palpablemente que Leonardo da Vinci poseía una mente verdaderamente científica.

En tal sentido, el gran ensayista y poeta contemporáneo Paul Valéry (1987) hace un retrato muy sugerente de Leonardo donde refleja su pensamiento universal, sus cualidades como filósofo de la naturaleza, científico e ingeniero, en párrafos como: “Veo que todo lo orienta: está siempre pensando en el universo, y en el rigor. Está hecho para no olvidar nada de aquello que entra en la confusión de lo que es: ningún arbusto. Desciende a las profundidades de lo que pertenece a todo el mundo, se aleja de allí y se contempla. Alcanza las costumbres y estructuras naturales, las elabora desde todos los ángulos, y se encuentra a si mismo siendo el único que construye, enumera, conmueve. Deja en pie iglesias, fortalezas; diseña ornamentos llenos de suavidad y grandeza, mil ingenios; y las rigurosas figuraciones de tantas búsquedas. Abandona los desechos de no se sabe qué grandes juegos. En estos pasatiempos, que se entremezclan con su ciencia, la cual no puede distinguirse de una pasión, posee el encanto de parecer que siempre está pensando en otra cosa… Le seguiré moviéndose en la unidad bruta y en la densidad del mundo, donde la naturaleza le será tan familiar que la imitará para poder tocarla, y acabará siéndole difícil concebir un objeto que ella no contenga”. [PAUL VALÉRY, 1987, p. 17].

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De forma científica, aunque no menos sugerente se expresa Fritjof Capra (2008), doctor en física teórica de la universidad de Viena, después de examinar más de 6.000 páginas de sus cuadernos de notas que han sobrevivido, al afirmar que Leonardo fue un pionero científico, y en muchos sentidos, el padre no reconocido de la ciencia moderna a la vez que el precursor empírico y sistemático de la observación de la naturaleza, donde sus exploraciones científicas abarcaban un gran espectro. Además, piensa que Leonardo tenía la pretensión de presentar los resultados de su investigación científica como un “cuerpo coherente e integrado de conocimiento”, aunque nunca lo consiguió por su tendencia en buscar nuevas iniciativas y proyectos sobre diversos aspectos del conocimiento que no le dejaban tiempo para organizar y sistematizar su documentación. Sin embargo, en la mente de Leonardo todo estaba organizado de forma coherente y unificada. También está de acuerdo en considerarlo un hombre universal (uome universale) que a su capacidad como pensador y científico une la de ser un espíritu imaginativo y creativo en todos los aspectos de la comprensión de la naturaleza, apoyándose en una biblioteca propia de más de 200 libros, más la de otras bibliotecas que le permitían estudiar a los clásicos griegos como Aristóteles, Platón y seguramente Arquímedes. [CAPRA, 2008, pp. 17-18 y 125].

Por su parte Paolo Galluzi (2006) en la presentación de una “gran muestra” dedicada a analizar la mente de Leonardo da Vinci, piensa que ya es hora de que se deje de ver a Leonardo bajo el aspecto artístico por un lado y por el otro como inventor o estudioso técnico-científico, pues los dos aspectos son fruto de una mente universal y polifacética que no se debería separar, y dicho análisis de La mente di Leonardo se propone ofrecer una respuesta alternativa a la tradicional tendencia de fragmentar la personalidad de Leonardo en diversos ámbitos temáticos y lo importante sería ofrecer un punto de vista diverso, pero teniendo en cuenta la concepción unitaria del conocimiento que él tenía como un esfuerzo de asimilación en base a sus teorías y sus geniales experimentos que le mostraran las leyes que gobiernan la vida del hombre y de la naturaleza. [GALLUZI, PAOLO, 2006, pp. 16-17].

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En relación a sus características como ingeniero quedan reflejadas en muchos de sus escritos, bocetos y planos, que utilizó en su etapa como asesor militar en las cortes de Ludovico Sforza de Milán y de César Borgia de Florencia. Entre el material encontrado, aparecen gran cantidad de bocetos y mapas cartográficos que representan un importante enriquecimiento para poder considerar a Leonardo como un activo cartógrafo, y autor de importantes proyectos hidráulicos como afirma Baratta. Además, es autor de un mapa cartográfico del valle del río Arno en Florencia, y de otro que representa los alrededores de Pisa. También se han encontrado planos de engranajes y contrapesos para el estudio de movimientos y fuerzas, estudios de mecanismos de disparo de armas de fuego, estudios y modelos de maquinaria textil y modelos de telares. [ROSCI, 1967, códices 8936 y 8937].                                                                                                                        

Conclusiones

A través del estudio y análisis de los dos personajes propuestos, hemos llegado a la conclusión de que tanto Arquímedes en el siglo II a. de C., como Leonardo da Vinci en el siglo XV, representan el ejemplo más palpable de que la ciencia como tal y la técnica, la tecnología o la ingeniería —como se prefiera denominar— no se han concebido ni marchan por separado, sino que son fruto de un mismo proceso de razonamiento y reflexión, o lo que es lo mismo, forman parte de un único cuerpo de razonamiento y reflexión, siendo la ingeniería la encargada de demostrar y constatar las teorías que surgen en la mente de los investigadores. Además, a lo largo del texto, hemos dejado constancia que tanto Arquímedes como Leonardo, no parece que estén aplicando el método inductivo a sus razonamientos, sino el método deductivo o científico por antonomasia, pues lo que ellos hacen es idear una teoría e inmediatamente intentar demostrarla por medios matemáticos, o por el diseño o construcción de algún artilugio o ingenio, al modo propuesto por el padre del método científico, Karl Popper, que postulaba la necesidad de que las teorías fueran antes que los hechos o la experiencia, y la posibilidad de la refutación o falsación de la que habla el gran filósofo alemán ya estaban implícitas en las demostraciones y experiencias de ingeniería que ambos desarrollaban a posteriori, que en muchos casos debieron resultar fallidas.

Biografía

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SNOW, C. P. (1977) Las dos culturas y un segundo enfoque. Título original: The Two Cultures and a Second Look. And Expanded Version of the Two Cultures and The Scientific Revolution. Traducido por Salustiano Masó. Madrid, Ed. Alianza Editorial.

TORIJA HERRERA, R. (1999) Arquímedes. Alrededor del círculo. Tres Cantos (Madrid), Ed. Nivola.

VALÉRY, Paul (1987) Escritos sobre Leonardo da Vinci. Madrid, Visor Distribuciones-Ediciones Antonio Machado.

WHITE, Michael (2004) Leonardo, el primer científico. Título original: The First Scientist. Barcelona, Ed. Random House Mondadori, 2ª edición.

ZUMTHORT, Paul (1993) La Medida del Mundo. Madrid, Ed. Cátedra.

Autor- AlbertoVázquez Bragado

Puedes seguir a Alberto Vázquez Bragado en Twitter como @BragVazquez

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